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Amagos de guerra entre Tucumán y Santiago del Estero

Simultáneo al de Corrientes, producíase un conflicto en Catamarca con motivo de la elección de gobernador propietario. El 3 de Mayo de 1862 se reunió la Asamblea Electoral que estaba compuesta por treinta miembros. Quince electores votaron por Ramón R. Correa; trece por el gobernador interino Omill; y uno por el presidente de la Asamblea, que quedó sin votar.

Por consiguiente, Correa fue proclamado electo. Este caso de derrota del gobernador interino era extraordinario en la vida cívica de las provincias y Omill no lo supo soportar: computando el voto omitido del presidente, adujo que a Correa le faltaba la mayoría absoluta exigida por la Constitución; declaró la nulidad de uno de los votos dados en favor del mismo, porque pertenecía a un español no naturalizado; añadió que el voto del suplente que debió reemplazar al español habría sido para él y no para Correa; y terminó por vetar la ley de nombramiento...

La Legislatura se reunió acto seguido y, para que Omill tuviese mayoría, destituyó a cuatro Diputados, imputándoles inasistencia reiterada a las sesiones.

Correa pidió entretanto apoyo al Poder Ejecutivo Nacional, por Nota del 23 de Mayo; y a continuación levantó en armas algunos Departamentos, aliado con el Comandante de las Milicias, coronel Domingo Bildosa, con el coronel Melitón Córdoba y con otros jefes.

Según el general Paunero, Omill tenía mezquino ambiente en la ciudad y ninguno en la campaña. Su sostén era un piquete porteño que había enviado desde La Rioja el comandante Arredondo quien, de su propia cuenta desempeñaba el papel de árbitro.

Por lo demás, los liberales catamarqueños, sobre ser pocos, estaban divididos como buenos liberales que eran: “perfectamente peleados los cuatro gatos que osan allí darse ese título(1).

(1) Paunero, Carta al gobernador Mitre (Junio 10 de 1862), en: Archivo del General Mitre, XI, 109. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Las apreciaciones del general eran fundadas: el cura Campo aseguró que en Catamarca era muy diminuto el partido liberal, y otros conocedores de la situación informaron que esa provincia estaba constituida por puros mazorqueros y que sólo el coronel Navarro podía ejercer una influencia cierta.

Local en su origen, el conflicto catamarqueño se transformó de pronto en interprovincial. Los prolegómenos de la elección de presidente habían producido una desavenencia entre Manuel Taboada, que era de nuevo gobernador de Santiago del Estero, y su colega, el cura Campo; pues si bien estaban de acuerdo con que el general Mitre ocupara la presidencia, el gobernador de Tucumán sostenía la candidatura de Marcos Paz para vicepresidente, mientras que Taboada pensaba en su propio nombre.

Este desacuerdo había penetrado en Catamarca, donde el Gobierno de Santiago del Estero alentaba a Correa y el de Tucumán a Omill, porque cada uno de estos respondía a sus particulares aspiraciones.

Planteadas así las cosas, el general Anselmo Rojo propuso que los gobernadores de Santiago y Tucumán mediasen conjuntamente en el conflicto catamarqueño, de modo que se disiparan ante el público los rumores relativos a la desavenencia ocurrida entre ambos.

Idea de Taboada era provocar el nombramiento de un gobernador interino que ofreciese garantías a las provincias vecinas(2): ¡siempre unas provincias imponiéndose a otras!

(2) M. Taboada. Carta al gobernador Campo (Julio 2 de 1862), en: Archivo del general Mitre, XI, 141. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La mediación fue oficialmente ofrecida, y el propio Poder Ejecutivo Nacional dio su consentimiento, según Nota que el 27 de Junio firmó el ministro de Gobierno, doctor Eduardo Costa.

El 16 de Julio llegó a Catamarca el Comisionado de Santiago del Estero y se encontró con que el batallón de Guardiacárceles de la provincia, a cargo del mayor Eustafio Maturano, había derrotado a las fuerzas de Bildosa en el combate de Chiflón y a las de Córdoba en el de Sumampa, hechos de armas ocurrido el 1 y el 5 de dicho mes.

El Comisionado pidió la suspensión de las hostilidades pero, como Omill le advirtiera que nada debía hacer mientras no llegase su colega de Tucumán, el Comisionado resolvió regresar a su provincia. A esto siguió una situación tal de tirantez entre Santiago y Tucumán, que todos creyeron inminente la guerra.

Los gobernadores salieron a campaña, comenzando a organizar las milicias para conducirlas a Catamarca. Omill, que había pedido oficialmente la ayuda tucumana, se alarmó ante los preparativos de Santiago del Estero -cuya injerencia había sido reclamada por Correa- y solicitó la intervención del general Paunero, a fin de contener a esa provincia(3).

(3) Omill. Nota al general Paunero (Julio 18 de 1862), en: Archivo del general Mitre, XI, 167. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Paunero indicó entonces al general Mitre la conveniencia de designar Comisionado Nacional al general Rojo(4). Opinábase que si el Gobierno Federal no intervenía, la guerra civil iba a echar por tierra la obra de Pavón(5).

(4) Paunero. Nota al gobernador Omill (Julio 28 de 1862), en: Archivo del general Mitre, XI, 166.
(5) Salvigni. Carta al general Paunero (Agosto 4 de 1862), en: Archivo del general Mitre, XI, 190.
// Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Cuando recibió el pedido de Paunero, Mitre resolvió intervenir, convencido de que este medio era el único de que disponía para evitar la anarquía renaciente.

El 8 de Agosto comunicó a los gobernadores de Santiago y Tucumán la prohibición de entremeterse en los asuntos catamarqueños(6) y, poco después, suscribió con el ministro Costa el decreto de intervención, que fundó en los hechos de hallarse perturbada la paz pública en Catamarca y de haber sido requerido para restablecer la paz e impedir las complicaciones que amenazaban a las provincias colindantes.

(6) Mitre. Nota a los gobernadores Taboada y Campo, en: Situación de las Provincias [Anexo A de la Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina presentada al Congreso Nacional de 1863], (Buenos Aires, “El Siglo”, 1863), p. 5 // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Con tal motivo, el Ejecutivo designaba Comisionado Nacional al Senador por Salta, general Rojo, fin de que pasase a las provincias del Norte a arreglar las dificultades a que dio origen el nombramiento de gobernador de Catamarca; y al igual del caso de Corrientes, pedía al Congreso su acuerdo a los efectos de movilizar milicias e implantar el Estado de Sitio. El decreto -de Agosto 11 de 1862- es el que sigue:

Ministerio de Gobierno

Buenos Aires, Agosto 11 de 1862

Hallándose perturbada la paz pública en la Provincia de Catamarca y habiendo sido requerido el Poder Ejecutivo Nacional a fin de ejercitar su acción al efecto de restablecerla e impedir las complicaciones que amenazan a las Provincias colindantes,
El Gobernador de Buenos Aires, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional,

Ha acordado y decreta:

Art. 1.- Nómbrase al Senador por Salta, general don Anselmo Rojo para que, como Comisionado Nacional pase a las Provincias del Norte a arreglar las dificultades a que ha dado origen el nombramiento de Gobernador de Catamarca.
Art. 2.- El Comisionado Nacional podrá tomar el mando, si el caso lo requiere, de las Milicias cuya reunión autorice el Congreso.
Art. 3.- Pídase al Congreso su acuerdo para los fines que determina la Constitución Nacional en el artículo 67 inciso 24 y el artículo 86 inciso 19.
Art. 4.- Comuníquese e insértese en el Registro Nacional.

MITRE
Eduardo Costa

Las instrucciones que se entregaron al Comisionado, firmadas por Mitre y Costa, indicaron la conducta que había de observar respecto de la cuestión catamarqueña.

Las instrucciones diferían conforme a las dos hipótesis admisibles: que el Comisionado encontrase a Omill o a Correa al frente del Gobierno. En el primer supuesto, aconsejaría a Omill el abandono del cargo y a Correa la renuncia de sus derechos; procuraría que se nombrara un gobernador interino encargado de presidir la elección de titular; e influiría para que ni Omill ni Correa resultasen electos.

En el otro supuesto, el Comisionado debía reconocer oficialmente a Correa en su carácter de gobernador y limitarse a impedir las complicaciones con las provincias vecinas. En cuanto al procedimiento, se fijaban dos principios de importancia: primero, la intervención sería pacífica; segundo, en ningún caso el Comisionado asumiría el Gobierno(7).

(7) Instrucciones al comisionado Rojo, en: “Situación de las Provincias” (Anexo A de la Memoria del Interior presentada al Congreso de 1863), etc. p. 3. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

De acuerdo con la frase de Mitre, en este segundo principio, Aberastain triunfaba después de muerto.

El primer pensamiento de Mitre fue abstenerse de Intervenir, como lo comprueba el largo lapso que medió, entre el requerimiento y el decreto. Intervino cuando tres provincias aparecieron conflagradas: caso susceptible de ajustarse al concepto que había desarrollado en la Convención de 1860, conforme al cual procede intervenir por derecho propio si la sedición se extiende a más de una provincia.

Mitre intervenía por este motivo; y así se explica que el decreto sólo aludiera al requerimiento para indicar que obedeció al fin de restablecer la paz pública de Catamarca e impedir las complicaciones que amenazaban a las provincias colindantes, siendo que el requerimiento constitucional tiene por único objeto el muy preciso de sostener o restablecer autoridades constituidas.

Cabe suponer, pues, que a no mediar la conflagración de tres provincias, se habría dejado que Catamarca resolviera por sí su pleito interno, trabado entre el gobernador electo y la Asamblea Electoral, por una parte, y el gobernador interino y la Legislatura, por la otra.

Mitre daba la razón a quien la tenía, o sea, a Correa, pero eludía su actuación mientras el conflicto se mantuviese meramente local, porque en las cuestiones entre Poderes provinciales, el Gobierno Federal carece de competencia, según principio aceptado en la Convención de 1860.

Claro está que la Intervención, una vez producida, debía remover los obstáculos opuestos a la paz, o sean, los provocados por la elección de gobernador.

Sobre este punto, llama la atención que no se ordenara el reconocimiento de Correa en caso de que Omill estuviese en el Gobierno. Según explican las instrucciones, ello era porque se debía tener en cuenta que Correa provocó un escándalo nacional, olvidando que existía una autoridad encargada de hacer justicia a todos(8).

(8) Instrucciones al comisionado Rojo, en: “Situación de las Provincias” (Anexo A de la Memoria del Interior presentada al Congreso de 1863), etc., p. 4. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El concepto es interesante, por cuanto establece un principio de incapacidad, a los efectos de la protección, en el gobernador que recurre a medios violentos para conquistar o recuperar el poder, en vez de acudir a los medios poderosos que la Constitución Nacional le acuerda.

Finalmente, otro hecho curioso se observa en las instrucciones, y es la desenvoltura con que se consignan consejos y vetan nombres; desenvoltura que resultaría chocante aun en aquella época en que el voto popular era ilusorio, si no se advirtiese que el carácter de la intervención era más diplomático que imperativo.

El Mensaje en que el Ejecutivo pidió al Congreso la autorización relativa a las milicias y al Estado de Sitio fue introducido por el Senado, donde se lo sometió a estudio de la Comisión de Negocios Constitucionales, que integraban los doctores Salvador María del Carril, Justo Daract y Guillermo Rawson.

La Comisión introdujo una reforma importante, cual fue la de autorizar expresamente la intervención. Informando el proyecto, Rawson dijo que juzgaba útil establecer que las Intervenciones se efectuaran previa autorización legislativa, de manera que en lo sucesivo el Ejecutivo no se inmiscuyese en la vida interna de las provincias sin acuerdo de los representantes de sus intereses y derechos.

El senador Elizalde apoyó entusiastamente la iniciativa, diciendo que ella entrañaba un principio de gran trascendencia para la conservación de las libertades públicas(9); y el Senado y luego la Cámara Diputados la aceptaron sin oposición.

(9) Senado, sesión de Agosto 14 de 1862. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La ley autorizó la intervención en Catamarca a efectos de restablecer el orden perturbado por actos de guerra civil y para garantir a dicha provincia el goce y ejercicio de sus instituciones.

Además, aprobó expresamente el decreto comunicado al Congreso, dio consentimiento para la convocación de las milicias de Catamarca y de las provincias vecinas y autorizó los gastos indispensables. El texto de la ley Nro. 8, segunda serie, es el que sigue:

Ministerio de Gobierno

Buenos Aires, Agosto 16 de 1862

Por cuanto:

El Congreso Nacional ha sancionado la siguiente Ley:

El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina, reunidos en Congreso, etcétera, sancionan con fuerza d

Ley:

Art. 1.- Autorízase al Poder Ejecutivo Nacional para intervenir en la Provincia de Catamarca, a efecto de restablecer el orden perturbado en ella por actos de guerra civil y garantir a dicha Provincia el goce del ejercicio de sus instituciones.
Art. 2.- El Poder Ejecutivo podrá movilizar las Milicias de Catamarca, y aún las de las Provincias vecinas si fuere necesario, para hacer efectivo el objeto de la intervención a que se refiere el precedente artículo.
Art. 3.- Se le autoriza igualmente a invertir del Tesoro Público las sumas necesarias al lleno de los objetos de la intervención.
Art. 4.- Apruébanse las medidas tomadas en este sentido por el Poder Ejecutivo Nacional, en el decreto de 11 del corriente que se ha comunicado al Congreso.
Art. 5.- Comuníquese al Encargado del Poder Ejecutivo Nacional.

Dada en la Sala de Sesiones del Congreso, en Buenos Aires, a los quince dias del mes de Agosto del año del Señor de mil ochocientos sesenta y dos.

                       MARCOS PAZ                               PASTOR OBLIGADO
                    Carlos M. Saravia                                  Ramón B. Muñiz
                Secretario del Senado            Secretario de la Cámara de Diputados

Por tanto:
Cúmplase, publíquese, comuníquese e insértese en el Registro Nacional.

MITRE
Eduardo Costa

El Congreso se apartó de la fórmula del decreto, tal vez en el deseo de ajustarla más a los principios constitucionales y porque no compartía las teorías personales del presidente. La innovación fue desafortunada.

El objeto de restablecer el orden no corresponde a la Constitución reformada, sino al antiguo texto, a cuya abolición contribuyó el propio Rawson; y el objeto de asegurar el goce y ejercicio de las instituciones no corresponde a la intervención, hecho transitorio y político preceptuado en el artículo 6to., sino a la garantía, hecho permanente y jurídico preceptuado en el artículo 5to..

Cabe atribuir el error a Rawson en razón de una reincidencia cometida por él algún tiempo después, según se verá en lugar oportuno, en cuyo momento convendrá examinar sus ideas.

Queríase una Intervención pacífica, y así lo dispuso el Congreso al denegar el estado de sitio; pero, sin perjuicio de ello, autorizó la reunión de milicias. Generalmente se movilizaban milicias de los pueblos limítrofes, más para oponerlas a las de la provincia intervenida que para reforzarlas. Esta práctica originaba recelos y a veces la anarquía, según lo hizo constar el diputado Dermidio Ocampo.

Propuso este legislador que se movilizaran exclusivamente las milicias de la provincia intervenida y, si se necesitare más fuerza, que se llevaran soldados del Ejército de línea, que son los que normalmente deben desempeñar esas tareas(10).

(10) Cámara de Diputados, sesión de Agosto 15 de 1862. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La observación era exacta, y la confirmaban el antagonismo de San Juan hacia los puntanos y mendocinos con motivo de la intervención de 1860 y el de Tucumán y Santiago del Estero hacia los salteños y catamarqueños con motivo de la intervención de 1861, así como el que despertaban Peñaloza y los Taboada.

Ocampo era catamarqueño y adversario de Correa, o sea, de los Taboada; y al formular su observación imaginaría el cuadro pavoroso de las tierras nativas taladas al paso de las milicias santiagueñas. La hipótesis tendría algo de cierta, pues un viajero de aquellos tiempos decía que donde pisaban los santiagueños el campo quedaba arrasado(11).

(11) Régulo Martínez. Carta al presidente Mitre (Abril 16 de 1863), en: Archivo del general Mitre, XII, p. 283. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 10 de Agosto, mientras el Congreso discutía la ley, Omill se hizo designar gobernador propietario. Presos o prófugos, los jefes adictos a Correa, parecía que nadie fuese a alterar el orden; pero estaban en la capital, las señoras de los políticos en desgracia, las cuales, acaudilladas por doña Eulalia Ares de Bildosa, resolvieron tomar a su cargo la resistencia.

Las damas contrataron secretamente unos veinte hombres del pueblo, que reunieron con todo sigilo en la noche del 17 de Agosto; y doña Eulalia los condujo en persona al asalto de la Casa de Gobierno, donde encontró la guardia dormida a pierna suelta.

La animosa dama sometió a los soldados sin disparar un tiro; organizó la defensa de la Casa de Gobierno, aumentando su tropa con vecinos que hizo sacar de las camas donde reposaban y dispuso la captura del gobernador, que no pudo ser habido, pues antes de amanecer había huido a Tucumán(12).

(12) Manuel Soria, “Fechas catamarqueñas”, II (Catamarca, Tipografía Propaganda, 1920), p. 55. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En la mañana del 18, unos cuantos vecinos dieron a la provincia un nuevo gobernador provisorio, quien doce días más tarde entregó el Gobierno a Correa, venido ex profeso de Santiago del Estero.

La caída de Omill puso término al conflicto. El 11 de Septiembre llegó el comisionado Rojo, tomó a su cargo las milicias provinciales y reconoció formalmente a Correa en el carácter de gobernador, declarando a la vez la nulidad de los actos realizados por Omill mientras se mantuvo ilegalmente en el Gobierno.

Desde Tucumán, Omill protestó contra la intervención, sosteniendo que el Gobierno Federal no pudo actuar sino requerido por él y al solo efecto de restablecerlo en su cargo, pues la suya era la única autoridad legalmente constituida, conforme lo declaró el juez exclusivo de la causa, o sea, la Legislatura(13).

(13) Omill. Nota al comisionado Rojo (Octubre 5 de 1862), en: Archivo del general Mitre, XII, p. 200. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En Octubre, el comisionado salió para Santiago del Estero con el propósito de procurar el restablecimiento de la buena armonía entre las tres provincias conflagradas y, a principios de Noviembre, pasó a Tucumán, donde puso término a sus gestiones.

El general Mitre aprobó su conducta, menos en lo referente a la nulidad de los actos del gobernador Omill que aquél había decretado. Los actos administrativos de las provincias -pensaba el general Mitre- escapan a la acción del Gobierno Federal en cuanto no perturben el ejercicio de las leyes nacionales(14).

(14) Mitre. Apuntes para una carta al comisionado Rojo (Noviembre 7 de 1862), en: Archivo del general Mitre, XII, p. 202. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El Comisionado aceptó la observación y se dirigió confidencialmente al gobernador de Catamarca pidiéndole que enmendara sus anteriores disposiciones, lo que éste hizo de conformidad.

Omill se radicó definitivamente en Tucumán, donde Campo lo desagravió a su modo, haciéndolo diputado a la Legislatura. Las relaciones entre Campo y los Taboada perdieron carácter agresivo cuando pasó la oportunidad de las elecciones nacionales, en las que Catamarca quedó sin voto.

Por fin, a principios de 1863, Campo aceptó la amistad de los gobernantes catamarqueños, interesado en salvar el diminuto partido liberal, cuya caída se juzgaba próxima(15).

(15) Campo. Carta al ministro Marcelino Augier (Enero 19 de 1863), en: Archivo del general Mitre, XXV (Buenos Aires, Biblioteca de La Nación”, 1913), p. 222. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El Gobierno de Catamarca, en efecto, continuaba deslizándose en medio de resistencias frecuentes.

- Regreso de las feurzas porteñas

Con el sometimiento de Peñaloza, desaparecieron las resistencias armadas opuestas en el Interior a la acción guerrera que Buenos Aires había llevado contra el Gobierno Federal, y con el arreglo del conflicto catamarqueño desapareció el peligro de que los núcleos del Interior adictos a los porteños, se acometieran destruyendo la obra ya realizada.

En consecuencia de ello, a mediados de Diciembre de 1862, el general Mitre ponía fin a la campaña de Pavón, y el general Paunero regresaba a Rosario con las tropas porteñas; no con todas, sin embargo, pues algunos jefes quedaron en el Interior a la cabeza de pequeños contingentes, listos para actuar en cualquier movimiento reaccionario que sobreviniese.

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