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Convenio de paz con Peñaloza

A pesar de que el gobernador de Buenos Aires ejercía -legalmente ya- poderes nacionales otorgados por las provincias, la guerra civil proseguía, pues el general Peñaloza continuaba alzado en armas.

La situación resultaba molesta y, el general Paunero comenzó a dudar de la eficacia de los medios bélicos y a creer que lo más conveniente era aceptar las propuestas pacíficas formuladas por el caudillo riojano.

Paunero pidió consejo a don Marcos Paz y ambos pensaron en conquistar a Peñaloza asegurándole el sueldo correspondiente a su grado militar, con la condición de que se retirara de La Rioja y estableciera su domicilio en un punto lejano. Si esto no se consiguiera -pensaba Paunero- la tranquilidad de La Rioja y de las provincias limítrofes dependería de un hilo y estaría siempre a la merced de ese hombre singular(1)Hechos subsiguientes fortalecerían ese juicio.

(1) Paunero. Carta al gobernador Mitre (Marzo 27 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo XI, p. 61. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En Marzo de 1862, el gobernador interino de San Luis había llamado a elecciones de gobernador propietario. Los comicios se realizaron anormalmente, porque se sublevaron cuatro Departamentos de campaña, que equiparon fuerzas para lanzarlas contra la capital. El gobernador tuvo tiempo para llamar en su auxilio al coronel Iseas y éste derrotó a los insurrectos en el combate de Chañaral Negro, ocurrido el 1 de Abril.

El 10 del mismo, el coronel Juan Barbeito asumió las funciones de gobernador propietario, mientras Iseas marchaba en persecución de las fuerzas derrotadas, que huían hacia el norte buscando el amparo de Peñaloza.

El 12 de Abril, chocaron Iseas y Peñaloza en Casas Viejas, punto fronterizo entre La Rioja y San Luis: Peñaloza triunfó, e Iseas buscó refugio en Córdoba.

Hallábase la Ciudad de San Luis desguarnecida, ignorante de cuanto había ocurrido, cuando el gobernador recibió una Nota del caudillo riojano, en la que éste le anunciaba su próxima visita y le exigía una inmediata renuncia: “Es más fácil de concebir que de explicar -refería luego el gobernador- la agitación, la zozobra, la angustia, la desesperación que esta inopinada emergencia causara a una población tan indefensa, diseminada y aislada como la nuestra y que no contaba con auxilio humano de ningún género en ese fatal momento: ¡el corazón más duro se conmoverá al sólo imaginarlo!(2).

(2) Mensaje del Poder Ejecutivo a la Honorable Representación de la Provincia sobre la conducta que ha observado para repeler la invasión del general Peñaloza y motivos que ha tenido para entrar en arreglos con él y estipular el convenio de 23 de Abril (1862), p. 8. Ed. Imprenta del Estado, San Luis. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El gobernador nombró jefe de la defensa a don Mauricio Daract. En seis cantones distribuyó Daract unos ciento veinte vecinos que se ofrecieron, y atrincheró en la plaza pública un batallón de milicias, compuesto de ciento veinte hombres y cuyo mando ejercía el comandante José R. Lucero y Sosa.

A las diez de la mañana del 21 de Abril, Peñaloza asaltó la ciudad al frente de mil seiscientos hombres. A las cuatro de la tarde, los agresores eran repelidos con el resultado de siempre: muchos muertos de parte de los asaltantes y sólo dos de la defensa.

A continuación, Peñaloza puso riguroso sitio a la ciudad; el 22 de Abril, el gobernador entabló negociaciones pacíficas; el convenio se firmó en la noche del 23; y, al día siguiente, después de mediodía, la montonera se alejaba de San Luis.

El convenio estableció la suspensión de las hostilidades, el reconocimiento por Peñaloza al nuevo Gobierno Federal, su alejamiento a no menos de veinte leguas de la Ciudad de San Luis, la entrega a los invasores de víveres y dinero, el indulto para todos los puntanos que había entre aquéllos y el compromiso formal del gobernador de que obtendría de Mitre una amnistía general para Peñaloza y sus subordinados y de que gestionaría de Paunero, Rivas y demás jefes la suspensión de las hostilidades(3).

(3) Convenio, en: Mensaje sobre la invasión del general Peñaloza..., etc., p. 23. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Apenas retirado Peñaloza, el gobernador, con el ánimo ya recobrado, declaró que el convenio era condicional, pues se sujetaba a la aprobación o repulsa del general Mitre(4); y concluyó por instituir un Consejo de Guerra para que juzgase verbal y sumariamente a los sediciosos, imponiéndoles “el más severo castigo de la ley marcial con la simple comprobación del hecho...(5).

(4) Mensaje sobre la invasión del general Peñaloza..., etc., p. 13.
(5) Decreto de Mayo 6 de 1862, en: Domingo A. de la Colina, “S. M. el Emperador de Los Llanos” (1920), p. 191. Ed. Horacio Benavides, La Plata.
// Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El general Paunero consideró que el convenio no lo obligaba, y concedió libertad de acción a los jefes, con la esperanza de que el caudillo riojano fuese batido antes de entrar en su provincia pues, de lo contrario, habría que dejarlo tranquilo, en atención a su poder y popularidad(6).

(6) Paunero. Carta al gobernador Mitre (Mayo 2 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo XI, p. 88. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Esto último fue lo que ocurrió. Peñaloza pudo entrar en Los Llanos libre de todo obstáculo y, Paunero, decidió ofrecerle la paz. Al efecto, dos agentes fueron enviados a La Rioja.

Los agentes hallaron al General después de dieciocho días de marchas y contramarchas, durante los cuales los rarísimos seres vivientes hallados en su tránsito los extraviaban con falsos informes, siendo que hasta el último habitante conocía el paradero del General, pues de todas partes acudían a su lado cuantos estaban en condiciones de tomar las armas.

Así se explica que Rivas y Sandes -los jefes que recorrían La Rioja- ni siquiera hubiesen podido avistar al inquieto caudillo, extraviados en medio de Los Llanos “como el grande ejército de Napoleón entre las inmensas soledades de la Rusia”.

Rivas y Sandes sólo habían encontrado el vacío frente a ellos y el adversario los hostilizaba desde lejos, haciéndose invisible cuando quería y sometiéndolos siempre al rigor del clima y las fatigas.

Al hablar con Peñaloza, los agentes advirtieron que se creía perseguido a muerte por un enemigo ignorado y, en vez de proponerle la proyectada confinación, le encargaron que velase por la tranquilidad de La Rioja, asegurándole el respeto a su persona y bienes y el reconocimiento de su grado militar, con el sueldo de ley(7).

(7) Eusebio de Bedoya, Manuel de Recaude. Nota al general Paunero (Mayo 30 de 1862), en: “El Imparcial”, (Córdoba), Nro. 1.581, de Junio 17 de 1862. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Después de conocer y palpar, sobre el terreno mismo, la idolatría y el fanatismo que los habitantes de La Rioja abrigaban por su jefe y de comprobar el estado de convulsión en que se hallaba la provincia y la excitación de algunos caudillejos deseosos de perpetuar el desorden, los agentes creyeron que habría sido el acto más impolítico, “no ya el exigir, el consentir siquiera” el retiro de Peñaloza(8).

(8) Bedoya. Carta al general Paunero (Junio 11 de 1862), en: “El Imparcial”, (Córdoba), Nro. 1.581, de Junio 17 de 1862. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Rivas y Sandes tampoco ocultaban su estimación y respeto por el General, ganados por acto verdaderamente generoso: esos jefes habían llevado una guerra a muerte y Peñaloza, en cambio, les devolvió todos los prisioneros que durante la lucha habían caído en su poder.

Rivas se conmovió profundamente, y el implacable Sandes declaró que en lo sucesivo se abstendría de fusilar ni un solo hombre de Peñaloza(9).

(9) Paunero. Carta al gobernador Mitre (Mayo 31 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo XI, p. 101. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Que La Rioja permanecía convulsionada en extremo lo demostró el asedio de la capital ocurrido por esos días. En la mañana del 28 de Marzo se presentó en la ciudad una montonera que encabezaban los caudillos Carlos Angel y Juan Gregorio Puebla, quienes la sitiaron rigurosamente luego de haber fracasado un ataque que llevaron.

Arredondo tomó el mando militar de la plaza y soportó el asedio durante nueve días, al cabo de los cuales le puso fin un destacamento venido de Catamarca a las órdenes del capitán Julio Campos y que llegó cuando los vecinos ya se sentían víctimas del desenfreno de la montonera. Después de este episodio, ningún riojano se inclinó por la prosecución de la azarosa guerra.

Paunero ratificó el convenio que habían celebrado sus agentes y lo aceptó el mismo Mitre, aunque desagradado de que se confiriera a Peñaloza una misión de vigilancia. Paunero dijo que no había podido ser de otra manera y que los liberales eran incapaces de mantener el orden si prescindían del jefe riojano. Rivas confirmó la apreciación: en el Interior nadie podía con el caudillo y de su voluntad dependían los Gobiernos.

Si a Mitre desagradó el desenlace, menos satisfizo a los liberales exaltados, que clamaban por el exterminio de los caudillos. Sarmiento y los demás gobernantes vecinos querían que Peñaloza fuese colgado en alguna plaza, sintiéndose sin embargo impotentes para la acción, pues temblaban a la sola idea de que aquél asomase al extremo de sus fronteras(10).

(10) Paunero. Carta al gobernador Mitre (Julio 29 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo XI, p. 160. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A Rivas también le disgustaron las exigencias de los violentos. “Es muy original lo que pasa con los Gobiernos de estas provincias -decía-: cada uno de ellos quiere su batallón de Buenos Aires para sostenerse, pues de lo contrario no se creen seguros; no sé dónde está el partido liberal con que contaban para derribar a sus opresores(11).

(11) Rivas. Carta al gobernador Mitre (Junio 15 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo XI, p. 262. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Peñaloza y La Rioja quedaron en paz por el momento, pero los liberales, que a duras penas habían aceptado la transacción con el vencedor de Caseros, mal se avendrían a pactar con un anacrónico caudillo analfabeto. El conflicto quedaba latente.

Meses después del arreglo, Sarmiento se condolía que La Rioja estuviese en poder exclusivo de Peñaloza, barbarizada y aniquilada con el visto bueno del partido y del Gobierno liberal(12). 

(12) Sarmiento. Carta al presidente Mitre (Enero 22 de 1963: “Sarmiento-Mitre. Correspondencia, etc.”, p. 171. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

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