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Conflicto entre el Gobierno de Córdoba y las fuerzas porteñas

El lapso de seis meses transcurrido desde el Abril de 1862 hasta el 12 de Octubre del mismo año, comprensivo de la época durante la cual Mitre atendió simultáneamente las funciones del Poder Ejecutivo Nacional y de la gobernación de Buenos Aires, fue fértil en acontecimientos políticos internos.

El primer conflicto institucional de importancia lo produjo Córdoba, al elegir los Diputados que debían formar el nuevo Congreso.

Cuando Posse ocupó la gobernación, prosiguieron las desavenencias entre las dos fracciones del partido liberal, que empezaron a designarse con los nombres de autonomista y nacionalista, impuestos por la propia ideología, aunque importados de Buenos Aires.

La primera fracción formó núcleo alrededor del gobernador de la provincia y la otra se agrupó en torno del jefe de las fuerzas nacionales, girando ambas fuera del amplio círculo del partido federal, perseguido y callado, pero no muerto.

La crisis se produjo porque ambas fracciones se presentaron a las elecciones con sendas listas de candidatos. Los comicios debían realizarse durante tres días seguidos: 25, 26 y 27 de Abril.

El primer día, Posse protestó por la presencia de numerosos soldados porteños entre los votantes y Paunero declaró que iba a recomendarles la abstención.

Al día siguiente reaparecieron numerosos soldados con la boleta de sufragio. Frente al atrio de la Catedral, los grupos adversos luchaban por desalojarse, pujando cuerpo a cuerpo. El choque parecía inminente.

Súbitamente apareció en la plaza el gobernador y, abriéndose paso entre el pueblo, en medio de la sorpresa de todos, llegó a la Mesa, golpeó con el bastón sobre la urna y ordenó la suspensión del comicio, manifestando imperiosamente que asumía la plena responsabilidad del hecho.

La Mesa obedeció y declaró clausurado el acto: el escrutinio arrojó mayoría de cinco votos a favor de los candidatos autonomistas(1).

(1) Ramón J. Cárcano. “Pacificación de Córdoba (1861-1862)”, en: Cárcano, “En el camino” (1926), p. 209. Ed. Sociedad El Inca, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Según Paunero, el conflicto se redujo a gritos, amenazas y algunas piedras, sin que ninguno de los bandos abandonase la plaza.

Acto seguido, el gobernador requirió el relevo del general Paunero, pero no el retiro de las tropas porteñas, cuya presencia consideraba necesaria más que nunca(2).

(2) Posse. Carta al gobernador Mitre (Abril 28 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo X, p. 211. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El Congreso rechazó los diplomas de los diputados autonomistas y, el Encargado del Ejecutivo ordenó que las tropas acantonadas en Córdoba se retirasen a Villa Nueva, donde establecieron campamento.

Mientras tanto, Mitre reprochaba a Posse que los liberales del Interior, en vez de cooperar con él en la difícil tarea confiada a su patriotismo, se dieran a crear nuevas dificultades a la efectiva incorporación de Buenos Aires al resto de República, hasta un punto tal que más de una vez había pensado ponerse al frente de los liberales porteños para cortar el nudo que ataba a Buenos Aires con la Nación.

Y agregó que aun cuando en el fondo hubiese alguna coacción de parte de las tropas, el hecho debía disculparse, sobre todo no estando los Gobiernos de provincia bien cimentados todavía y necesitando el apoyo material de Buenos Aires(3).

(3) Mitre. Carta al gobernador Posse (Mayo 13 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo X, p. 212. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En las nuevas elecciones fue votada una lista única, integrada por liberales de las dos tendencias con lo que, por el momento, volvió a reinar la concordia.

El episodio de las elecciones cordobesas ofrece un aspecto que conviene señalar. Las leyes y las costumbres toleraban la intromisión de las fuerzas militares en los comicios: el voto del soldado valía igual que el de cualquier ciudadano.

De ahí que las fuerzas nacionales destacadas en una provincia influyesen con peso abrumador en sus problemas políticos y de ahí que se fortaleciese en todos la convicción de que constituía acto de intervención federal la presencia de fuerzas nacionales. La conducta de los jefes, oficiales y soldados al servicio de la Nación, justificaba el concepto prevalente del federalismo agresivo.

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