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ATRIBUCIONES NACIONALES DEL GOBERNADOR PORTEÑO

Disuelto el Gobierno Federal, las provincias fueron delegando en el jefe victorioso, el cuidado de los servicios generales más urgentes. El 6 de Febrero de 1862, como ya la mayoría de aquéllas se hubieran pronunciado, el gobernador Mitre pidió permiso a la Legislatura para ejercer provisoriamente el Poder Ejecutivo Nacional.

Cuando trató el mensaje, la Legislatura vio alzarse ante sí la debatida cuestión de la Capital de la República, pues el hecho de que el gobernador asumiera funciones nacionales significaba convertir a Buenos Aires en asiento de las autoridades federales.

El senador Mármol rompió el fuego contra ese principio con palabras dignas de recordación. Sabía Mármol que no hay más capital en la República que Buenos Aires, allí donde la historia, la civilización y el comercio han puesto la cabeza del país; allí, a la orilla del agua, donde se respira un aire y alumbra una luz que no existen en el fondo de la República, en que el pensamiento está oprimido por las montañas o las selvas.

Pero sólo concebía la capital en Buenos Aires bajo el régimen unitario, que los pueblos resistían fuertemente; “y no es en la actualidad -presagiaba-, en esta actualidad que ha de durar veinte o treinta años todavía, que hemos de vencer esas preocupaciones populares”,

Dentro del régimen federal ello era imposible; si se federalizaba la provincia, porque el peso de tan enorme cabeza varía encorvaría cuerpo que la sostuviese; si se federalizaba únicamente la ciudad, porque la provincia quedaría débil y sin tradiciones y no podría contrabalancear y mantener en quicio al Gobierno Federal.

Mármol tachaba de ilógica y extraviada toda entrega que se hiciese del territorio de la provincia para una residencia que, aunque provisoria, sería el primer paso de la residencia permanente(1).

(1) Senado de Buenos Aires, sesión de Febrero 15 de 1862. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En la Cámara de Diputados, el debate situó en campos opuestos a Avellaneda y a Tejedor, quienes manifestaron en sus grandes líneas -entonces con la palabra- las ideas que veinte años después sostendrían con las armas en una de las tormentas más trágicas que han ensombrecido a la República.

Avellaneda afirmó que la cabeza de la Nación habría de estar siempre donde Dios y la historia la pusieron y creía que el régimen federal resultaba indestructible en un país en el que las distancias inconmensurables posibilitaban los vínculos administrativos de la centralización.

Tejedor, en cambio, anunció que iba a combatir tenazmente el proyecto de federalizar Buenos Aires: porteño ante todo, defendía las instituciones porteñas contra quienes deseaban cambiarlas por un poco de gloria, por el vano nombre de Capital; y sentía que si Buenos Aires se federalizaba, iban a desaparecer esas instituciones, sumiéndose la República en la anarquía o el despotismo(2).

(2) Cámara de Diputados de Buenos Aires, sesión de Marzo 5 de 1862. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La Legislatura dejó en suspenso el problema de la Capital, pero autorizó al gobernador a reunir el Congreso en el punto que quisiera, así como a mantener las relaciones exteriores y atender los asuntos urgentes, dentro de las atribuciones constitucionales del Poder Ejecutivo Nacional(3).

(3) Leyes de Marzo 14 y Abril 4 de 1862, en: Registro Oficial del Gobierno de Buenos Aires, primer semestre, 1862, pp. 44 y 78. El Comercio del Plata, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 12 de Abril, Mitre asumió la autoridad delegada por las provincias con el título de “Gobernador de Buenos Aires Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”, declarando que sus funciones, en lo referente al orden interno se circunscribían a conservar el orden público, hacer que se respetara y observara la Constitución, las fronteras internas de las provincias con las fuerzas militares puestas a sus órdenes, percibir e invertir las rentas nacionales y resolver los demás asuntos urgentes que sobrevinieran(4).

(4) Decreto, en: “Documentos relativos a la organización constitucional...”, etc., tomo II, p. 43. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A la fecha de este decreto, todas las provincias habían delegado en Mitre las facultades inherentes al Ejecutivo, excepto Corrientes y La Rioja -que sólo le habían encargado la convocación del Congreso y el mantenimiento de las relaciones exteriores- y Entre Ríos, que limitó la delegación al primer objeto.

El 15 de Marzo, Mitre había pedido a las provincias que designasen Diputados y Senadores para constituir el Congreso.

Este se instaló solemnemente en Buenos Aires el 25 de Mayo y por ley del 5 de Junio aprobó la conducta de Mitre, con la declaración de que había merecido bien de la patria.

Enseguida, Mitre abogó porque la provincia de Buenos Aires fuese federalizada, siguiendo el ejemplo de Urquiza que, en 1853, consiguió federalizar a Entre Ríos. El Congreso accedió a la solicitud, más la Legislatura porteña negó el consentimiento que la Constitución reformada había hecho indispensable.

La Legislatura propuso al fin que la Ciudad de Buenos Aires fuese residencia del Gobierno Federal durante un término de cinco años, continuando a la vez como asiento de las autoridades de la provincia y bajo la jurisdicción de éstas.

Dueña del poder, Buenos Aires no quiso federalizarse ni desprenderse de su capital, más tampoco se avino a permitir que los negocios nacionales fueran manejados desde otro sitio; y salvaba el difícil problema trayendo hacia sí la silla del presidente y colocándola frente a la del gobernador, para poner a ambos funcionarios en conversación tendida...(5).

(5) Alberdi, “Ensayos sobre la sociedad, los hombres y las cosas de Sud América”, en: "Escritos póstumos de J. B. Alberdi", tomo IX, p. 274. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo V: “El gobernador Mitre, Encargado del Poder Ejecutivo Nacional”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El Congreso se vio forzado a aceptar ese temperamento, según ley que dictó el 1 de Octubre y, la original solución subsistió en términos análogos hasta 1880.

El debate sobre la cuestión de la Capital ahondó las divergencias que el arreglo con el general Urquiza había suscitado y provocó la división definitiva del partido dominante, que se fraccionó en dos grupos, dirigido uno por el general Mitre y otro por el doctor Adolfo Alsina.

Los nombres de nacionalista y autonomista que se dieron dichos grupos fueron bien expresivos del ideario que sustentaban. Esto en cuanto al lenguaje culto pues, en el popular, acaso más interesante porque refleja el fondo de las pasiones, los autonomistas dieron a sus adversarios el nombre de cocidos, tildándolos de haberse dejado cocer en las calderas de Urquiza y, los nacionalistas, retribuyeron la atención aplicando a sus ásperos opositores el mote de crudos. 

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