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Carácter de estas Intervenciones

Casi al día siguiente de Pavón, había manifestado el General victorioso, que pensaba huir del abuso de las Intervenciones. ¿Mantuvo en alto tal propósito en los primeros tiempos de la nueva época? ¿Tienen justificativo dentro del texto constitucional que nació de la Convención de 1860 las intervenciones realizadas durante ese período en media República?

¿Puede decirse que las Intervenciones realizadas, primero en Santa Fe, luego en San Luis, Mendoza y San Juan y después en Catamarca, tuvieron por fin restablecer la forma republicana, destruyendo la mira de los caudillos de perpetuar el poder contra los principios de la democracia, según la frase que Mitre pronunció en la Convención de 1860?

Las Intervenciones realizadas en Córdoba y Tucumán, ¿fueron para reponer a la autoridad constituida? La Intervención en La Rioja, ¿tuvo por objeto sostener a esa misma autoridad o garantir la forma republicana?

El pensamiento político y social alentado por el partido liberal tendía a sustituir el Gobierno despótico de los caudillos bárbaros, por el Gobierno oligárquico de las minorías ilustradas.

Buenos Aires deseó que ese cambio se realizara antes de formar la Constitución e inmediatamente después de Caseros; pero el caudillo entrerriano dispuso otra cosa, y el cambio no pudo realizarse durante la segregación ni durante la unidad precaria que existió bajo la presidencia de Derqui.

¿Corresponde, por consiguiente, juzgar las Intervenciones realizadas a raíz de Pavón por el “jefe de los pueblos en armas” como rezagados actos extraconstitucionales, o sea, revolucionarios, impuestos por la obligación de remover los obstáculos que retardaban la definitiva incorporación de Buenos al resto de la República?

Aceptado aquel criterio constitucional, o este revolucionario, los hechos parecían dar la razón a un oportuno vaticinio de Urquiza: los pueblos del Interior luchaban desesperadamente para resistir la afrenta que se les infligía de pasear por ellos tropas porteñas(1).

(1) Urquiza. Carta al gobernador Mitre (Noviembre 12 de 1861), en: Archivo del general Mitre, tomo X, p. 53. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En obsequio de la democracia y del progreso, tal como ella los entendía, Buenos Aires no retrocedía ante nada ni escatimaba sacrificios. “El árbol de la libertad se regaba con lluvias de sangre; era la inoculación de la idea civilizadora con la punta de las lanzas(2).

(2) Un argentino [Olegario V. Andrade]. “La futura Presidencia; reflexiones sobre el porvenir de la República”, p. 5. Ed. Imprenta del Porvenir s/d, Gualeguaychú. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Cierto es que algún aspecto duro presentó la tarea, pues Mitre encargó su cumplimiento a los dos únicos generales nacidos en tierra extraña -el arrebatado Flores y el culto Paunero- prescindiendo -en forma demasiado unánime para ser casual- de los otros generales que formaban el lucido Estado Mayor de Buenos Aires y que hicieron gallardamente la campaña de Pavón: Juan Andrés Gelly y Obes, Manuel Hornos, Emilio Mitre y Benito Nazar.

Por lo demás, también nacidos en el Uruguay, eran los otros jefes que colaboraron en la tarea: Arredondo, Iseas, Rivas, Sandes.

En muchos casos, Mitre tuvo que actuar forzado por situaciones que creaban sus amigos. Excluida la necesaria acción sobre el Litoral -en la que se advierte, no obstante, la influencia de Flores-, es posible establecer que la única acción debida a la pura y espontánea decisión de Mitre fue la llevada a efecto sobre Córdoba, por medio de Paunero, pues las otras dos en que se bifurcó aquélla -la de Cuyo y la del Norte- fueron ideadas en Buenos Aires, antes de que Mitre las resolviese.

En efecto; cuando se comunicó a Sarmiento y Paz la resolución de incorporarlos a las fuerzas de Paunero, aceptaron ambos el nombramiento, pero haciendo la salvedad que no se contentaban con que Córdoba fuese el término de la campaña, y propusieron que -desde allí- se abriesen otras dos, precisamente las que luego ellos realizaron(3).

(3) Gelly y Obes. Carta al gobernador Mitre (Octubre 31 de 1861), en: Archivo del general Mitre, tomo IX, p. 44. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Sin embargo, ningún paso oficial de importancia dieron los agentes y las tropas de Buenos Aires sin consentimiento de Mitre, y éste cargó siempre sobre sí la responsabilidad de sus actos.

El jefe infundía por sobre todos un encomiable y persistente espíritu de moderación, atemperando los excesos evitables sin destruir los entusiasmos; y fue debido a ello que pudo realizarse al fin la unidad nacional, hasta entonces nunca bien lograda.

No se pretendía ya imponer exclusivismos, sino conciliar el viejo ideal de patria única -soñada por los emigrados- con las aspiraciones de vida propia que las provincias defendían tenazmente.

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