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Lucha con Peñaloza

Mientras Peñaloza andaba con sus gentes por tierras de Catamarca y Tucumán, Paunero inició una activa campaña para sustraer La Rioja de su dominio. Inauguróse entonces, para esa provincia, el largo calvario que había de ensangrentarla y empobrecerla.

Paunero vaticinaba un pronunciamiento riojano análogo al de Corrientes, pero resultó una cosa muy distinta. El General principió por entenderse con algunos personajes representativos de la provincia, a quienes incitó a declararse por la causa de Buenos Aires; publicó más tarde una proclama, abundando en la misma idea; y acabó por hacer que una fuerza de trescientos hombres invadiese a La Rioja desde las sierras de Córdoba.

A la cabeza de esta fuerza iba el coronel serrano don Pedro Echegaray, que tomó el título de “Jefe de la División Libertadora de la provincia de La Rioja”. Los invasores hicieron un viaje de triunfo y el 1 de Febrero entraron en la capital de la provincia sin haber tenido que luchar con ningún obstáculo.

Continuaba siendo gobernador de La Rioja don Domingo A. Villafañe, quien -al igual de sus antecesores- se mostraba adverso a la influencia del general Peñaloza siempre que éste estuviese ausente.

El 24 de Enero, al conocer los manejos sediciosos, el gobernador había afirmado su amor por la Constitución reformada, prestándose a adherir al partido liberal(1); el 28 de Enero, cuando tuvo noticia del pronunciamiento de Echegaray, se declaró oficialmente en favor de los porteños y ordenó a Peñaloza que regresara a Los Llanos; el 9 de Febrero, enterado de que el candidato de los liberales para dirigir la provincia era Tristán B. Dávila(2), designó a éste General de Armas, con lo que Peñaloza quedaba legalmente relegado a segundo lugar; y, el 12 de Febrero, por fin, sabedor acaso de que Paunero había enviado a La Rioja al doctor Abel Bazán -para que obtuviese su renuncia(3), resolvió designar ministro a dicho ciudadano y declarar vandálicos los actos de Peñaloza, que calificó de atentatorios contra la soberanía de las provincias...(4).

(1) Villafañe. Nota al coronel Rivas (Enero 24 de 1862), en: Registro Oficial de la Provincia de La Rioja, tomo III, p. 95.
(2) Paunero. Carta al gobernador Mitre (Enero 18 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo XI, p. 17.
(3) Paunero. Carta al gobernador Mitre (Febrero 5 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo XI, p. 26.
(4) Decreto de Febrero 12 de 1862, en: Registro Oficial de la Provincia de La Rioja, tomo III, p. 110.
// Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Paunero se consideraba habilitado para resolver a su antojo los asuntos riojanos, porque creía concluida la influencia de Peñaloza.

Sabía que el caudillo regresaba a su provincia después del contraste del río Colorado; mas creyó que era fácil aniquilarlo y, con el acuerdo de los Gobiernos de San Juan, San Luis y Catamarca despachó a su encuentro varias expediciones, al mando de distintos jefes: José Miguel Arredondo, José Iseas, Ignacio Rivas, Ambrosio Sandes. La orden era “desarmar los restos del Chacho(5).

(5) Paunero. Carta al gobernador Mitre (Febrero 25 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo XI, p. 36. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Contra lo imaginado, Peñaloza gozaba de notable influencia. Ausente aún el caudillo, don Lucas Llanos, un viejo que fue gobernador allá por 1841, abandonó su sosegado retiro y se puso al frente de una montonera para conseguir que Villafañe gobernase sin coacciones extrañas, que Echegaray volviese “a su casa con la mayor prontitud, a descansar”, y que Paunero retirase sus subordinados que asolaban La Rioja, pues todos rechazaban la paz y la libertad que ofrecía “con mano armada”.

El viejo paisano no fulminaba el mal contra los invasores pero, añorando la tranquilidad que acaso presentía perdida para él -su destino era morir en la cárcel después agitadas aventuras-, exigía que cada cual se ocupara en sus propios asuntos. “Paunero -decía- no estará de más que vuelva de Córdoba a la Banda Oriental, a descansar...(6).

(6) Llanos. Carta a Paulino Orihuela (Febrero 15 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo XI, p. 45. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Llanos logró un rápido éxito: frustró los planes de Paunero, capturando en mitad de su camino al ministro Bazán; contuvo eficazmente el avance de las milicias puntanas; y permitió que Peñaloza pisara sin inconvenientes tierras de la provincia.

El 27 de Febrero, el gobernador y el jefe de la división libertadora, huyeron precipitadamente de la capital con las fuerzas que quisieron seguirlos, ante el simple y falso anuncio de que Peñaloza se aproximaba.

Presa del temor, Villafañe sólo atinó a delegar el cargo en don Luis Brac, el oficial de Ministerio que ya otra vez se había comedido a idéntico servicio.

El gobernador delegado tuvo que ponerse a las órdenes de Peñaloza. El 5 de Marzo, el terrible caudillo le notificó que la desgraciada provincia se veía atropellada y desolada por montoneras vandálicas de los pueblos vecinos, y le ofreció sus humildes esfuerzos para impedir el ultraje(7); y el gobernador delegado lo facultó para repeler las agresiones, porque estando disuelto el Gobierno Federal, al que debiera recurrirse para exigir la reparación del agravio, no quedaba otro arbitrio que librar al esfuerzo propio la defensa de los derechos(8).

(7) Peñaloza. Nota al gobernador Brac, en: Registro Oficial de la Provincia de La Rioja, tomo III, p. 114.
(8) Decreto de Marzo 6 de 1862, en: Registro Oficial de la Provincia de La Rioja, tomo III, p. 117.
// Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 11 de Marzo, el comandante Sandes infligió una seria derrota al general y a sus segundos Carlos Angel y Lucas Llanos en el combate de las Salinas Grandes; el combate -según Paunero- fue una repetición de la Cañada de Gómez, por su forma y resultados(9).

(9) Paunero. Carta al gobernador Mitre (Marzo 25 de 1862), en: Archivo del general Mitre, tomo XI, p. 39. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Es decir: Peñaloza tuvo treinta y ocho prisioneros, todos los cuales fueron ultimados; Sandes perdió un oficial y dos soldados(10).

(10) Sandes. Nota al coronel Rivas (Marzo 12 de 1862), en Victorica, “Urquiza y Mitre”, p. 439. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Sandes -anunció Sarmiento, a cuyas órdenes aquél actuaba- llevó orden por escrito del infrascripto de “pasar por las armas a todos los que encontrare con las armas en la mano, y lo ha ejecutado en los jefes y oficiales...(11).

(11) Sarmiento. Nota al gobernador Mitre (Marzo 15 de 1862), en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), Nro. 268, Noviembre 27 de 1868. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A fines del mes, el comandante Arredondo entró en la capital y, prescindiendo del gobernador delegado, convocó a unos cuantos vecinos y los incitó a que designasen un gobernador provisorio.

Resultó Nicolás Carrizo, quien declaró que el gobernador delegado estaba cesante por su defección respecto de la franca y libre política del titular(12).

(12) Carrizo. Nota al gobernador Brac (Marzo 31 de 1862), en: Registro Oficial de la Provincia de La Rioja, tomo III, p. 126. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 4 de Abril, el entregó el Gobierno al titular, que recompensó sus servicios designándolo ministro.

Pero Peñaloza no soñaba declararse vencido. Toda la provincia estaba con él. El coronel Rivas recorría la campaña sin encontrar un solo hombre: quien no estaba con el General, corría fugitivo por bosques y sierras(13).

(13) Carta al gobernador Sarmiento (Marzo 31 de 1862), en: “Sarmiento-Mitre, Correspondencia...”, etc., p. 124. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Veinte días después de la derrota, ochocientos hombres rodeaban al General, que se dirigía en tren de guerra hacia la frontera de San Luis, por donde operaba el coronel Iseas.

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