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Acción porteña sobre Cuyo

El general Saá se sabía objeto del odio porteño, levantado desde las incidencias de la Rinconada del Pocito. De ahí que, después de Pavón, mantuviese sobre las armas sus milicias, atentas y vigilantes.

Cuando el delegado Allende cayó en Córdoba, el caudillo puntano resolvió ayudarlo y aumentó el efectivo de sus fuerzas hasta formar una división de cuatro mil hombres; pero la noticia transmitida desde Rosario de que una expedición porteña marchaba sobre Córdoba, lo persuadió de la inutilidad de sus empeños y produjo la desmoralización de sus milicias.

Mitre había autorizado a Paunero a apoyar, “si lo creyese conveniente”, todo movimiento que tendiera a destruir el Gobierno puntano(1) y Paunero llevaba junto a sí al hombre que se encargaría de mostrarle la conveniencia de tal operación.

(1) Mitre. Instrucciones al comisionado Paunero (Noviembre 20 de 1861) en: Archivo del general Mitre, tomo X, p. 174. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Ese hombre era Sarmiento y, fue éste, en efecto, quien obtuvo de Paunero el permiso necesario para que algunos jefes tomaran el camino de San Luis con objeto de iniciar una lucha de guerrillas. Finalmente, consiguió que Paunero despachara una división en forma, que fue puesta bajo el mando del coronel Ignacio Rivas y a la cual se incorporó el propio Auditor de Guerra, encargado de atender la parte política.

Entretanto, Saa había comprendido la gravedad de los hechos que se avecinaban y aun antes de que se hubiese resuelto la expedición de Rivas, disolvió sus fuerzas y abandonó el Gobierno, tomando la ruta de Chile.

El mismo día de la fuga (7 de Diciembre de 1861), la Legislatura designó gobernador a don Justo Daract, que ya había gobernado en época de la Confederación y que mantenía correspondencia con los liberales, y se dispuso a prestar al nuevo mandatario la misma desenfadada colaboración con que había servido al gobernador renunciante.

A todo esto, la situación social de la provincia era afligente. Pobre, despedazada por los secuaces de Saá y los expedicionarios de Rivas, con milicias desenfrenadas y un gobernador que a más de estar sentado sobre ruinas era impopular a fuer de “liberal y decente”, San Luis -según Sarmiento- estaba con el Jesús en la boca, temblando ante la invasión de tres o cuatro indios que quisiesen robarla(2).

(2) Sarmiento. Carta al gobernador Mitre (Diciembre 27 de 1861), en: Archivo del general Mitre, tomo XII, p. 92. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Al saberse en Mendoza que la insurrección puntana había consistido en el alejamiento del gobernador quedando la Legislatura antigua, el partido federal intentó armonizar con las nuevas exigencias, deteniendo las fuerzas que podían caer sobre la provincia, aunque sin sacrificarse.

El 16 de Diciembre de 1861, el coronel Juan de Dios Videla, jefe de unas fuerzas nacionales acantonadas en Mendoza, obtuvo la renuncia de Nazar, previa delegación del Gobierno que éste hizo en favor suyo. Si el gobernador que renunciaba era federal neto, el nuevo se presentaba como federal desteñido y podía procurar un entendimiento con los liberales. Conservaríase así, a poco precio, la tranquilidad amenazada.

Cuenta Sarmiento que Videla dirigió un oficio a San Luis para comunicar al coronel Rivas que el pueblo había depuesto al gobernador y nombrádolo a él en su reemplazo, con lo que creía quitada la ocasión y el motivo de avanzar fuerzas hacia aquella provincia.

Fuéle contestado que él, como jefe de fuerza nacional que guarnecía a Mendoza de años atrás, era el único hombre que no podía ser nombrado gobernador de la provincia que dominaba con tropas de línea, y que el Auditor de Guerra, con poderes para representar al General en Jefe, marchaba in continenti, seguido de una fuerza, para conocer la verdad de los hechos y poner al pueblo en actitud de darse un Gobierno.

Compréndese este lenguaje -comentó Sarmiento jactanciosamente- quitaba la tentación de inventar sofismas; y, apenas conocido en Mendoza, el nuevo y el depuesto gobernador pusieron la cordillera de por medio, desbandándose todas las fuerzas, incluso las de línea(3).

(3) Sarmiento. “El Chacho, último caudillo de la montonera de Los Llanos”, en: “Obras de D. F. Sarmiento” (1889), tomo VII, p. 292. Ed. Imprenta Gutenberg, Santiago de Chile. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La nota de Rivas había sido llevada a Mendoza por el teniente coronel Lino Almandós. Cuando Nazar y Videla se alejaron, un grupo de ciudadanos, reunidos en presencia de Almandós, eligieron a éste gobernador provisorio.

Sarmiento llegó a poco a Mendoza y procedió como si ese nombramiento no existiera: juntó unos cuantos vecinos en el local de la Legislatura, explicó la misión que llevaba y les dijo que creía necesario que el pueblo nombrase un gobernador provisorio, atenta la acefalía en que se hallaba la provincia. Los vecinos aceptaron el consejo y designaron para ese puesto a don Luis Molina(4).

(4) Acta de la Asamblea del 2 de Enero de 1862, en: “Registro Oficial de la Provincia de Mendoza, que comprende los años 1860, 1861, 1862, 1863 y 1864” (1877), p. 191. Ed. Pablo E. Coni, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Después de Mendoza, cuya conquista fue sobre todo obra personal de Sarmiento, sucumbiría San Juan, también por efectos de la misma influencia.

Mitre no tenía ideas del todo desfavorables acerca del gobernador interino, según antes se había dicho. Después de Pavón, cuando Sarmiento acudió a Rosario, Mitre le pidió que se pusiera al habla con el gobernador Díaz y le recabase garantías para los liberales.

Sarmiento se negó a una maniobra que en su concepto significaba reeditar el Acuerdo de San Nicolás. Urquiza dejó colgada la provincia con Benavídez y él no la iba a colgar con Díaz, a quien consideraba aún peor(5).

(5) Sarmiento. “El Manifiesto de don Bartolomé Mitre”, en: “Obras de D. F. Sarmiento”, tomo LII, p. 281. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Mitre no insistió y Sarmiento se propuso in mente aplicar de por sí, en la ocasión que fuese oportuna, las medidas que, a su juicio, San Juan reclamaba.

La ocasión se le presentó pronto. Estando en San Luis, hizo que se remitiese al gobernador Díaz, como por descuido, una copia de la Nota que Rivas enviaba al coronel Videla.

Los resultados de este paso son presumibles: la copia produjo los mismos instantáneos efectos que el original: “A no dudarlo”, esos efectos se producían -anotaba el terrible Auditor de Guerra- cuando se caía en la cuenta de que “el autor de aquella nota era don Domingo F. Sarmiento...(6).

(6) Sarmiento. “El Chacho...”, etc., en: “Obras de D. F. Sarmiento”, tomo VII, p. 296. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En los instantes en que Mendoza designaba un gobernador provisorio, el gobernador interino de San Juan abandonaba sigilosamente la capital -amparado por las sombras de la noche- y se dirigía a Chile a través de la cordillera.

Una nota que dejó sobre su escritorio hizo saber que delegaba el cargo de gobernador en el liberal don Francisco T. Coll, que lo había ejercido después de la muerte de Virasoro.

El favorecido tomó consejo de los principales vecinos y procedió de acuerdo con ellos restaurar el Gobierno que existía al tiempo en que se produjo la intervención de Saa. Ruperto Godoy asumió en consecuencia el cargo gubernativo, a título de delegado de Aberastain y pudo proporcionarse el gusto de convocar a la Legislatura existente en aquella época(7).

(7) Decreto de Enero 3 de 1862, en: Registro Oficial del año 1862 (1866), p. 1. Ed. El Zonda, San Juan. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo IV: “Pavón”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Se insistía, pues, en el mantenimiento de las ideas que en la Rinconada del Pocito contaron con el apoyo de las armas y prevalecían definitivamente, en este variado proceso, las doctrinas de Mitre y Sarmiento sobre las de Urquiza y Derqui.

Godoy era delegado de un gobernador muerto y, la Legislatura, frente a esa situación, debía nombrar un interino hasta tanto se designase al titular.

Reunida al efecto, designó como interino al mismo Godoy, hasta nueva resolución. Poco después, Sarmiento entraba triunfalmente en su provincia natal con una pequeña escolta que iba al mando del capitán Pablo Irrazábal y comprobaba con íntimo halago las novedades ocurridas.

El esfuerzo porteño había sido fructífero para San Juan: Pavón se convertía en desquite de la Rinconada del Pocito y restablecía las cosas a su estado anterior al combate. El 9 de Enero de 1862, la Legislatura designó a Sarmiento gobernador interino y el 16 de Febrero fue confirmado como titular por el pueblo. 

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