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Acción federal contra los Taboada

El día en que promulgó la ley de Intervención en Buenos Aires, Pedernera ordenó Intervenir en Santiago del Estero. Se ha explicado antes que la Intervención para reponer a Alcorta estaba concluida por completo y que el presidente había reconocido al nuevo gobernador, a instancias de los liberales; pero Alcorta entendía que el cargo le seguía perteneciendo, que el proceso continuaba abierto y que para acabarlo se necesitaba una nueva Intervención(1).

(1) [Olmos] “Memoria presentada por el ministro del Interior al Congreso de 1861”, etc., p. 7. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Este empecinamiento, molesto en un principio, facilitó a la postre los deseos del presidente de eliminar los Gobiernos copartícipes de la rebelión. Entre los aliados de Buenos Aires, Mitre colocaba en primer término a los Taboada y, en estos caudillos y en el general Anselmo Rojo, gobernador de salta, cifraba sus esperanzas de una activa resistencia en el Interior.

Urgíale, al Gobierno Federal, pues, deshacer esa alianza y, para ello, acudió al arbitrio de una nueva Intervención, pasando por sobre el dogma jurídico de la cosa juzgada: para peor, de la cosa juzgada por él mismo.

El decreto, refrendado por el ministro González, facultó al propio presidente para reponer a Alcorta. Expresóse en él, que aún no se había restablecido la autoridad del gobernador legítimo y que era estricta y constitucional obligación del Ejecutivo remover los obstáculos que impedían el retorno de Alcorta a su cargo; y agregóse que el nuevo Gobierno de Santiago del Estero representaba el principio vicioso de la fuerza, reñido con todo origen legal y desvinculado con el sufragio libre y espontáneo del pueblo. El siguiente es el decreto de Julio 6 de 1861:

Ministerio del Interior

Paraná, Julio 6 de 1861

El Vicepresidente de la República Argentina, en ejercicio del Poder Ejecutivo,

Considerando:
1.- Que aún no se ha establecido en la Provincia de Santiago del Estero la Autoridad legítima del excelentísimo señor Gobernador, don Pedro R. Alcorta, que fue derrocada por medio de la revolución con flagrante violación de la Constitución Provincial y de sus Leyes;
2.- Que las Autoridades creadas posteriormente y que hoy figuran en esa Provincia representan el principio vicioso de la fuerza de que emanan, sin reconocer un origen legal ni ser el resultado del sufragio libre y espontáneo del pueblo, como se evidencia por el solo hecho de la general emigración de ciudadanos a otros puntos de la Nación;
3.- Que el Gobierno Nacional debe, por su estricta y constitucional obligación, remover los obstáculos que impidieron al excelentísimo señor Gobernador, don Pedro R. Alcorta, restituirse al puesto que su Patria le había señalado, y que dicho señor Gobernador legal representó estos obstáculos al Gobierno Nacional cuando le fue comunicado su restablecimiento, esperando que la Autoridad Nacional salvara los graves inconvenientes que habían creado la fuerza y la violencia,

Decreta:

Art. 1.- Autorízase plenamente al excelentísimo señor Presidente de la República para que lleve a su puntual cumplimiento y realización la suprema resolución del Poder Ejecutivo Nacional de 31 de Octubre último, por la que se ordenó el restablecimiento de la Autoridad legítima del Gobernador de Santiago, don Pedro R. Alcorta, que había sido destituido por la revolución.
Art. 2.- El excelentísimo señor Presidente de la República empleará a este fin los medios y elementos que su celo patriótico, su veneración a los principios constitucionales y su prudencia le dicten.
Art. 3.- Comuníquese, publíquese y dése al Registro Nacional.

PEDERNERA
Severo González

El Ejecutivo adoptaba las ideas de Derqui: ninguna revolución puede fundar autoridades; y procede intervenir, ya sea que gobernador y Legislatura juntos hayan sido depuestos, ya sea que sólo el gobernador lo haya sido y aun cuando la Legislatura participe como actora en el derrocamiento.

Poco importaba que hubiesen transcurrido meses de subsistencia para el nuevo Gobierno: La Rioja había esperado más de un año. Lástima que obstara a mantener la unidad de conducta el fundamental detalle de haber sido reconocido por el mismo Ejecutivo, el Gobierno que se ordenaba eliminar.

La Intervención fue dispuesta sin autorización del Congreso y durante el período ordinario de sus sesiones. ¿Seguía entendiendo el Ejecutivo que bastaba su sola autoridad para dictar la medida o consideraba que esta Intervención era un simple episodio de la anterior y que por haber actuado antes por sí solo, le correspondía ahora mantener su jurisdicción única?

Cualquiera de ambas explicaciones es admisible, y a ninguna puede abonarla la palabra de los actores.

El Presidente estaba en Córdoba cuando recibió el decreto. Por Nota que suscribió el 17 de Julio, delegó su cumplimiento en el coronel Octaviano Navarro, ex gobernador de Catamarca y la sazón comandante de la Circunscripción Militar del Noroeste, formada por las provincias de Catamarca y Santiago del Estero.

El coronel Navarro recibió instrucciones de situarse por el momento sobre las fronteras de Santiago del Estero, listo para obrar y a la espera de nuevas órdenes que le trasmitiría el presidente en caso de que las autoridades de esa provincia le negasen rápida obediencia(2).

(2) Derqui. Nota al coronel Navarro, en: “El Nacional”, Nro. 2.740, de Agosto 10 de 1861. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A la vez, Derqui ordenó al coronel Aniceto Latorre, comandante de las milicias salteñas, que auxiliase a Navarro. Esta medida produjo otro resultado favorable: la eliminación del gobernador de Salta, general Rojo. La situación de éste resultaba incómoda, desde que el Ejecutivo encargó a Latorre la dirección de las milicias.

A pesar de su generalato, Rojo quedaba sin mando militar y esto era inconcebible en aquella época en que todas las relaciones de las autoridades centrales con las provincias se mantenían por medio de los agentes naturales y en que el Gobierno militar se consideraba accesorio indispensable del Gobierno civil.

Cuando supo, pues, que Latorre debía ponerse en marcha, Rojo dimitió su cargo, declarándose en desacuerdo con la opinión predominante en la provincia.

Advirtiendo próxima la tempestad, los Taboada hicieron que la Legislatura enviase cuatro emisarios cerca del presidente. Los Taboada no habían roto relaciones personales con el magistrado federal y, cuando éste estuvo en Córdoba, don Antonino en persona fue a cumplimentarlo(3).

(3) “Confederación” (Junio 20 de 1861). Suelto transcripto en: “El Paraná”, Nro. 14, Junio 29 de 1861. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Los emisarios entrevistaron al presidente en Paraná, el 11 de Agosto de 1861. El momento era favorable para las soluciones pacíficas, porque coincidía con las gestiones de avenimiento entre Paraná y Buenos Aires que habían iniciado -bajo buenos auspicios- los ministros plenipotenciarios de Francia, Inglaterra y Perú.

El presidente propuso una solución conciliatoria, honrosa para todos: retiraríanse las fuerzas aglomeradas sobre Santiago del Estero, Alcorta marcharía a hacerse cargo del Gobierno, acompañado por una escolta de cincuenta a cien hombres, bajo las órdenes de un jefe de la confianza de Derqui; éste permanecería algún tiempo en Santiago, como para garantir el cumplimiento del convenio; y Alcorta dimitiría el cargo, una vez repuesto y aceptado por todos(4).

(4) Juan Francisco Borges, Pablo Lascano, Agustín Matienzo, Pedro A. Pardo. Informe al gobernador Gallo (Agosto 12 de 1861), en: “El Nacional”, Nro. 2.779, Septiembre 27 de 1861. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Mientras los emisarios estaban en Paraná, el gobernador Gallo había propuesto a Navarro la suspensión de las hostilidades y adelantado la declaración de que en la provincia no existían traidores ni rebeldes al Gobierno Federal, sino defensores leales y decididos...(5).

(5) Gallo. Nota al coronel Navarro (Agosto 13 de 1861), en: “El Paraná”, Nro. 34, Septiembre 16 de 1861. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Y cuando recibió el informe de los emisarios, lo remitió a la Legislatura, deslizando algunas notables consideraciones en el mensaje respectivo, que redactó el laborioso don Manuel Taboada.

Declarábase en el Mensaje que el Gobierno Federal no tenía derecho para Intervenir en Santiago del Estero, como tampoco lo tuvo en la anterior Intervención efectuada por Zavalía; más, aunque existiera tal derecho, el presidente no podía Intervenir sin ley, en esos instantes en que el Congreso se hallaba sesionando.

Sin embargo, como la resistencia armada que opusiese la provincia podía envolver a la República entera en una espantosa anarquía, y todo por los dos o tres meses de Gobierno que faltaban para que concluyese el período de Alcorta, el gobernador se mostraba dispuesto a admitir la proposición y a renunciar su cargo.

Por consiguiente, opinaba por la aceptación de la propuesta, pero sólo hasta tanto el Congreso resolviera en definitiva. Y que no se confundiese prudencia con debilidad: cedía a una coacción moral y no física, pues se creía en condiciones de arrojar sobre las fronteras una fuerza capaz de repeler a cualquier otra, por crecida que fuese(6).

(6) Mensaje de Agosto 30 de 1861, en: “El Nacional”, Nro. 2.779, Septiembre 27 de 1861. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Pero las cosas derivaron de golpe hacia el terreno bélico. Alcorta se había instalado en la frontera el 31 de Julio, declarándose repuesto en el cargo de gobernador. A mediados de Agosto, recibió aviso del presidente, de que las autoridades de Santiago del Estero acataban la Intervención(7).

(7) Derqui. Nota de Agosto 12 de 1861, en: “El Nacional”, Nro. 2.779, Septiembre 27 de 1861. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Entonces remitió una Nota a Gallo, conminándolo a la rápida entrega del Gobierno y, como aquél contestase que faltaba el pronunciamiento de la Legislatura, Alcorta inició la marcha hacia la capital, al frente de unos ochocientos hombres. Gallo cambió en el acto de política y manifestó que rechazaría la fuerza con la fuerza.

El 31 de Agosto, la Legislatura declaró a la provincia en estado de guerra; don Manuel Taboada renunció el cargo de ministro para ofrecer su sangre a la defensa en carácter de simple particular; y Gallo ordenó la formación de tres cuerpos, uno de los cuales puso a las órdenes del general don Antonino y, otro, a las de don Manuel.

Santiago del Estero recurría a las armas, sin miedo ya de envolver a toda la República en la anarquía, pues la República estaba conflagrada desde el 22 de Agosto, fecha en que fracasaron definitivamente las gestiones de los ministros extranjeros en favor de la paz.

Rotas la negociaciones, Navarro debía marchar sobre Santiago pero, antes quiso liquidar la situación de Tucumán, cuyo Gobierno simpatizaba con el de Buenos Aires. Mitre clasificaba al gobernador Zavalía de amigo tibio o a medias, que pretendería conciliar lo inconciliable, moral y materialmente(8).

(8) Mitre. Carta a José Posse (Marzo 4 de 1861), en: Archivo del general Mitre (1911), tomo XXII, p. 154. Biblioteca de “La Nación”, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Zavalía, en efecto, apreciaba al joven general porteño y seguía su política, creyendo que su dirección iba a ser benéfica para el país; pero sentía a la vez gran respeto por el vencedor de Caseros y reputaba indispensable su cooperación para el mantenimiento de la unidad nacional y la paz pública.

En esta conciliación de contrarios, cometía el error de anticipar el juicio de la historia, actualizando una opinión que tardaría más de cincuenta años en uniformarse. En medio de la lucha, su posición tuvo que resultar ambigua...

A fines de Agosto, Navarro llamó a Zavalía a su campamento de Albigasta y allí obtuvo la promesa de que un contingente de doscientos milicianos de Tucumán se incorporaría a su división. Navarro pidió esa fuerza, no porque la creyese necesaria, sino para mostrar a las autoridades de Santiago del Estero la parte que en los sucesos tomaba Tucumán, con cuya adhesión ellas contaban.

A raíz del acuerdo, que importaba la unión entre los federales y los liberales tucumanos, Navarro pidió a aquéllos que sostuviesen a Zavalía(9) y éste anunció que en la provincia quedaban asegurados el orden y la tranquilidad. Zavalía proclamaba egoístamente que la fusión de los partidos iba a ser el talismán de los tucumanos durante toda la crisis, fuera cual fuese el rumbo de donde soplare el viento de la fortuna...(10).

(9) Navarro. Carta al gobernador Urquiza (Septiembre 6 de 1861, en: Archivo del general Mitre (1911), tomo IX, p. 219. Biblioteca de “La Nación”, Buenos Aires.
(10) Zavalía. Mensaje a la Legislatura (Agosto 31 de 1861), en: Registro Oficial de la Provincia de Tucumán (1873), p. 139, en el periódico “La Razón”, Tucumán.
// Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En el instante mismo en que el gobernador enunció sus ideas, se produjo la protesta liberal, dirigida por el presbítero José María del Campo.

El gobernador presentó la renuncia instantáneamente, declarando que desechaba todos los medios que pudiesen agravar los males(11); y pidió a Navarro que se abstuviese de intervenir en los asuntos locales, porque él de ninguna manera iba a volver al Gobierno(12).

(11) Zavalía. Nota a la Legislatura (Agosto 31 de 1861), en: Registro Oficial de la Provincia de Tucumán, p. 140.
(12) Zavalía. Carta al coronel Navarro (Agosto 31 de 1861), en Zavalía. “A los autores anónimos de un papel difamatorio a propósito del folleto titulado ‘La Conferencia de Albigasta’” (1863), p. 23. Ed. Bernheim y Boneo, Buenos Aires.
// Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La renuncia atemorizó a los liberales. La Legislatura resolvió rechazarla, pero luego tuvo que admitirla por insistencia del interesado. Al tiempo de renunciar, Zavalía confió el Gobierno a su ministro don Benjamín Villafañe, de neta filiación liberal, cuya separación había prometido a Navarro en prenda de la fusión convenida.

Villafañe reunió la Legislatura y le pidió que designase gobernador, excusándose de continuar él porque no era rebelde y podía entenderse que el movimiento que produjo la renuncia de Zavalía tuviera carácter de rebelión(13).

(13) Legislatura de Tucumán, sesión de Septiembre 2 de 1861. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La Legislatura apoyó a Villafañe y, éste, ya más entonado, prometió no omitir sacrificios a fin de que la provincia quedase en estado de defensa contra toda agresión que no emanara del Gobierno Federal y que no constara explícitamente en solemne documento suscripto por éste(14).

(14) Villafañe. Proclama de Septiembre 4 de 1861, en: Documentos oficiales con ocasión del movimiento de 31 de Agosto, desde ese día hasta esta fecha [Septiembre 9 de 1861] (Tucumán, 1861), p. 5. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Frente al jefe que golpeaba con el sable las puertas de la provincia, el prudente gobernador pensó que era un medio táctico pretencioso el de imponer el camino de Paraná a quien quisiese romper el aislamiento en que Tucumán se sumía. Seguíase creyendo que era posible sustraer de la acción federal hasta el propio territorio de las provincias.

Por ese tiempo, el coronel Navarro comunicó a Villafañe que las milicias salteñas, a cargo del coronel Latorre, iban a atravesar Tucumán en viaje a Santiago del Estero y en cumplimiento de órdenes del presidente. Entonces el gobernador dio la siguiente respuesta: “Tiene este Gobierno el honor de decir a usía, en contestación, que puede el señor Latorre hacer su tránsito por esta provincia(15).

(15) Villafañe. Nota del coronel Navarro (Septiembre 9 de 1861), en: Documentos oficiales con ocasión del movimiento de 31 de Agosto, desde ese día hasta esta fecha [Septiembre 9 de 1861] (Tucumán, 1861), p. 14. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El gesto es interesante: ¡un gobernador de provincia otorgando permiso a fuerzas nacionales para transitar por su territorio! Las tesis de la Convención de 1860 y de Aberastain eran, como se ve, esencia del ideario federal de la época y subsistían lozanas en su incipiente literatura.

El conflicto se anunciaba inminente. Muy pronto insistió el coronel Navarro en que se le remitiesen los doscientos milicianos que ordenó movilizar y, el gobernador se resistió al pedido. Según el gobernador, la exigencia del coronel había provocado la más viva agitación y el estado de cosas imperante imposibilitaba acceder a sus deseos.

Agravaba los sucesos, el nombramiento de un federal conspicuo -Martín Posse- que había efectuado Navarro para que comandase las fuerzas tucumanas; y aún más que ello molestaba la presencia del general Celedonio Gutiérrez, que iba entre los componentes de la expedición de Latorre(16).

(16) Villafañe. Nota al coronel Navarro (Septiembre 10 de 1861), en: Documentos oficiales con ocasión del movimiento de 31 de Agosto, desde ese día hasta esta fecha [Septiembre 9 de 1861] (Tucumán, 1861), p. 15. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Gutiérrez era jefe del partido federal tucumano y personaje detestado por los liberales; había desempeñado en Tucumán la función de gobernador que en San Juan desempeñó Benavídez y que desempeñaban Taboada en Santiago del Estero y Urquiza, en Entre Ríos, habiendo transcurrido su Gobierno desde 1841 hasta 1852; derrocado en esta fecha, volvió a adueñarse del poder, para caer de él enseguida; y vivía desde entonces alejado de la provincia, echando de menos el poder perdido y en acecho de ocasiones propicias para recuperarlo.

El Gobierno de Tucumán, por tanto, podía expresar su desagrado por la designación de Posse y por la presencia de Gutiérrez, pero nunca alzarse contra las leyes de movilización que dictó el Congreso. El Gobierno incurría en el delito de rebelión y, al delegado presidencial no le era dable permanecer impasible ante un hecho que se consumaba en su presencia.

Anunció, pues, que estaba dispuesto a cumplir sin hesitación los deberes exigidos por su cargo(17).

(17) Navarro. Carta al doctor Zavalía (Septiembre 4 de 1861), en:  Archivo del general Mitre, tomo IX, p. 222. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo III: “Pronunciamiento de Buenos Aires”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El gobernador, por su parte, ordenó que en previsión de futuras hostilidades saliesen a campaña las fuerzas de que disponía, a cuya cabeza colocó al belicoso cura Campo, a quien había designado ministro.

El 4 de Octubre de 1861, las fuerzas nacionales que mandaba Navarro, compuestas de unos cuatro mil hombres, se encontraron en el Arroyo del Manantial con las tucumanas, que constaban de dos mil, y las derrotaron por completo.

Como cien combatientes perdieron la vida. E1 jefe victorioso entró después en la capital de la provincia donde, en presencia suya, una asamblea de vecinos declaró la caducidad de las autoridades rebeldes y nombró gobernador provisorio a don Juan M. Terán quien, al cabo de cierto tiempo, delegó el cargo en don Patricio Acuña.

Navarro nombró luego al general Gutiérrez, Jefe Militar de la provincia y prosiguió la marcha sobre Santiago del Estero.

Cuando se aproximaban las fuerzas nacionales, los Taboada evacuaron la capital y se corrieron hacia el sur de la provincia, donde organizaron la resistencia. En la ciudad quedó don Luciano Gorostiaga, en calidad de gobernador delegado.

El 1 de Noviembre, Navarro tomó la ciudad y designó a don Ramón Salvatierra para que ocupase el Gobierno hasta la llegada de Alcorta.

Las fuerzas nacionales salieron en busca de las santiagueñas, pero de improviso el comisionado cambió de resolución y dio orden de retirada: acababa de saber el triunfo de la rebelión porteña y de comprender que, en consecuencia, resultarían inútiles sus esfuerzos.

El 4 de Noviembre, Gorostiaga reasumió el Gobierno de Santiago del Estero y veinte días después lo entregó al titular. 

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