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Peñaloza, revolucionario en La Rioja

El artículo 6to., tal como quedó a raíz de la reforma, estaba destinado a gozar de actualidad permanente y a servir y reflejar los cambiantes intereses políticos. No había cumplido aún su primera semana de vida cuando el presidente tuvo que usar las facultades excepcionales que dicho precepto acuerda.

Los hechos determinantes de esta medida ocurrieron en La Rioja mientras regía el anterior texto y durante el Gobierno de Manuel Vicente Bustos, quien fue gobernador de la provincia en las postrimerías de la época de Juan Manuel de Rosas, habiéndole tocado representarla en el Acuerdo de San Nicolás.

El 23 de Diciembre de 1859, el teniente coronel Carlos Angel amotinó unos cincuenta soldados con el designio de deponer a Bustos; sorprendidos oportunamente, los revoltosos huyeron hacia Los Llanos buscando la protección del general Peñaloza. En mérito a que el antecesor de Bustos no había llenado su período normal, Angel sostenía que el deber de éste era simplemente completarlo, aunque la Constitución no estableciese tal sistema y por más que al ser electo no se le hubiese expresado esa circunstancia...

El 26 de Enero de 1860, Bustos repelió una invasión proveniente de Los Llanos, que venía bajo las órdenes del coronel Ramón Angel, tío de don Carlos. El ministro Ramón Gil Navarro llevó a Paraná -en esta oportunidad- las quejas del gobernador y, el Ejecutivo dispuso quitar los grados militares a tío y sobrino, según resolución dictada el 13 de Febrero. El gobernador procuró a la vez un entendimiento con Peñaloza y, a tal fin, envió cerca de él al presbítero Eleuterio Portilla.

Grande y desagradable debió ser la sorpresa del primero cuando el emisario regresó convertido en agente de Peñaloza, portador de una nota en la que se exigía su renuncia antes de las veinticuatro horas. Peñaloza daba tal paso -decía- atacado por la voz general y suplicante del pueblo y de los jefes “de mayor séquito e influencia” y por el continuo afluir de las masas que llegaban clamando contra el Gobierno...(1).

(1) Peñaloza. Nota al gobernador Bustos (Febrero 4 de 1860), en: “Registro Oficial de la Provincia de La Rioja” (1890), tomo III, p. 6. Ed. Pablo E. Coni e Hijos, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Apenas recibió la nota, Bustos dimitió el cargo, dejando constancia de que obraba impelido por la violencia y que se reservaba el derecho de protestar adonde correspondiese(2).

(2) Bustos. Nota a la Legislatura (Febrero 6 de 1860) en: “Registro Oficial de la Provincia de La Rioja” (1890), tomo III, p. 4. Ed. Pablo E. Coni e Hijos, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En el mismo día -6 de Febrero de 1860- la Legislatura aceptó la renuncia, designó gobernador interino al oficial mayor del Ministerio, Luis Brac, y se declaró cesante en sus funciones. Acto seguido, Brac nombró ministro a Portilla...

Pero, a pesar de esto, Peñaloza entró en la ciudad al frente de sus “muchachos”, sometió a prisión a Bustos e indujo al interino a que resignase el Gobierno ante una asamblea popular la cual, el 7 de Marzo, aclamó -en carácter de provisorio- a Ramón Angel. Este instaló rápidamente una nueva Legislatura y presidió elecciones de gobernador titular y en ella resultó -como era de práctica- electo él mismo para desempeñar el puesto.

A estos acontecimientos, respondió el Gobierno de la Confederación con una acción desmayada y floja; dos días antes de abandonar la presidencia, Justo José de Urquiza designó comisionado al propio Navarro -que a más de ministro de La Rioja era Diputado Nacional- para que intentara restablecer el orden y repusiera el Gobierno legítimo usando de todos los medios que sugiriesen, “el patriotismo, la moderación y la prudencia(3), medios que transparentaban claramente el poco deseo de que los asuntos volviesen a su antiguo estado.

(3) Decreto de Marzo 3 de 1860, en: “Registro Nacional de la República Argentina” (1864), tomo III, p. 303. Ed. El Orden, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Dejando de lado las instrucciones recibidas, Navarro se fue a Catamarca y reunió una fuerza como de quinientos hombres, so pretexto de llevarla de escolta, acto que Sarmiento -miembro a la sazón de la Convención porteña- calificó de hostilidad de hecho entre provincias, fomentada por el Gobierno Federal...(4).

(4) “Convención de Buenos Aires”, sesión de Abril 27 de 1860. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Derqui suplantó entonces a Navarro con el coronel Díaz Vélez, Senador por La Rioja, a quien encargó que obtuviese -por medios persuasivos- el restablecimiento de las autoridades desaparecidas; Díaz Vélez fracasó por completo, aunque parece que el propio Bustos dijo que no deseaba volver a su cargo(5).

(5) Pujol. Discurso, en “Cámara de Diputados de la Confederación” sesión de Agosto 6 de 1860. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El diputado Absalón Ibarra agitó luego el asunto, interpelando al ministro del Interior a fin de que explicara la conducta que pensaba seguir el Ejecutivo para garantir a La Rioja el goce y ejercicio de sus instituciones(6).

(6) “Cámara de Diputados de la Confederación”, sesión de Agosto 3 de 1860. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Angel creyó oportuno expresar al presidente que él y la Legislatura se sometían a su juicio para acatarlo y cumplirlo, no obstante haber sido instituidos por la provincia “en virtud de una potestad no delegada al Gobierno Federal(7).

(7) Nicolás Carrizo. Nota al ministro Pujol (Agosto 8 de 1860), en: “Senado de la Confederación”, sesión de Septiembre 5 de 1860. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Derqui se dirigió a la Cámara de Diputados, en mensaje también suscripto por Juan Gregorio Pujol, comunicando que creía llegado el caso de intervenir para restablecer las autoridades derrocadas por la sedición -el presidente usaba ya el lenguaje de la Convención porteña- y pidiendo autorización para declarar el Estado de Sitio, movilizar milicias y efectuar gastos(8) y, por fin, el Congreso lo facultó a intervenir “al solo efecto de restablecer el orden público perturbado por la sedición”, votando a la vez los otros recursos pedidos(9).

(8) Mensaje de Agosto 9 de 1860, en: “Senado de la Confederación”, sesión de Septiembre 4 de 1860.
(9) Ley Nro. 245. // Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Entre los hechos integrantes del proceso que queda expuesto, hay dos de muchos interés, indicadores de principios que Derqui había de sostener siempre: el primero emerge de su antigua tesis de que el Ejecutivo decide las intervenciones; en efecto: en el mensaje citado, Derqui expuso el propósito de intervenir, pero pidió autorización nada más que para declarar el estado de sitio, movilizar milicias y efectuar gastos y, el proyecto de ley que envió junto con el mensaje se limitaba a tratar estos últimos puntos(10).

(10) Proyecto de ley, en: “Senado de la Confederación”, sesión de Septiembre 4 de 1860. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Como se ha visto, este parecer fue desechado por el Congreso, el cual autorizó de modo expreso la intervención.

El segundo principio proviene de un sentimiento de repugnancia hacia las revoluciones. El Ejecutivo -expresó el ministro Pujol- no reconocerá nunca las autoridades que nazcan de la sedición ni transigirá con las revueltas(11).

(11) [Pujol]. “Memoria del Ministerio del Interior”, en: periódico “El Uruguay”, (Concepción del Uruguay), Nro. 469, edición de Junio 10 de 1860. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Tiempo después, Derqui afirmó ese concepto con palabras igualmente definitivas: el Ejecutivo -anunció- guardará fidelidad a la conducta que ha resuelto observar con perseverancia de no reconocer ningún acto ni autoridad alguna que emanen de los movimientos sediciosos...(12).

(12) Mensaje de Agosto 9 de 1860, en: “Senado de la Confederación”, sesión de Septiembre 4 de 1860. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A poco de promulgarse la ley de intervención, entró a regir la Constitución reformada, cuyo artículo 6to. modificó el concepto de aquella ley, encaminada al propósito de restablecer el orden público. Derqui siguió opinando que debía intervenir, e intervino, pero con la cautela que desde el comienzo tuvo la acción federal en el proceso riojano.

Es que estaba de por medio el temible general Peñaloza y era imprudente irritarlo con una imperativa intromisión en asuntos que él conceptuaba sometidos a su arbitrio.

Derqui nombró Comisionado al senador Plácido Sánchez de Bustamante, recomendándole que con la sola notificación del decreto de su nombramiento hiciera cesar en sus funciones a las autoridades de hecho y convocara inmediatamente al pueblo a objeto de constituir autoridades legítimas, no siendo el caso de restablecer las depuestas porque había expirado el término del correspondiente período legal.

La autoridad del Comisionado sería exclusiva a sólo lo prevenido y no podría retenerla sino el tiempo indispensable para el cumplimiento de su encargo. El presidente dispuso la intervención -según reza el decreto- porque importaba desconocer como legítimas las autoridades existentes surgidas de un motín; y aun cuando la tranquilidad pública no estuviese alterada, juzgaba necesario el restablecimiento del régimen constitucional, con lo que de paso cumplía con la ley cuya ejecución estaba pendiente. El texto del decreto de fecha Octubre 5 de 1860 es el siguiente:

Ministerio del Interior

El Poder Ejecutivo Nacional,

Paraná, Octubre 5 de 1860

Considerando:
Que las Autoridades que en la actualidad imperan en la Provincia de La Rioja han surgido de un movimiento revolucionario;
Que, aunque el orden y la tranquilidad pública no se hallan alterados por efecto de la permanencia de dichas Autoridades, cumple al Gobierno no reconocerlas como legítimas;
Considerando, en fin, que es de su imprescindible deber intervenir en el restablecimiento del régimen constitucional de aquella Provincia, de conformidad con la autorización conferida por el soberano Congreso en la Ley de 22 de Septiembre pasado,

Ha acordado y decreta:

Art. l.- Autorízase al señor Senador don Placido S. de Bustamante para que, como Comisionado del Gobierno Nacional, haga cesar, con la notificación del presente Decreto, el ejercicio de las Antoridades de hecho en la Provincia de La Rioja y convoque inmediatamente en Asamblea al pueblo, al objeto de que proceda a la elección libre y legal de las Autoridades que constitucionalmente deben ejercer los Poderes que prescriben los artículos 13 y 34 de la Constitución Provincial.
Art. 2.- La autorización que se confiere al Comisionado es exclusiva a sólo lo prevenido en el artículo anterior, y no podrá retenerla sino el tiempo indispensablemente necesario para el cumplimiento de su encargo, del que deberá dar cuenta con la prontitud que fuere posible.
Art. 3.- Comuníquese a quienes corresponda y dése al Registro Nacional.

DERQUI,
Juan Pujol

Los medios que el presidente empleó fueron insuficientes para obtener el fin que se propuso. Sin el estrépito del estado de sitio y de la convocatoria de milicias, pobres serían los resultados. Parece que Angel habló de dimitir ante la Legislatura, a efectos de que ella resolviese lo pertinente; otros propusieron llevar de ministro a un opositor, para que al menos variase en algo la situación de la provincia; más, nada pasó de simples conversaciones.

Los amigos de Urquiza, que empezaban a no serlo mucho de Derqui y que habían contemplado con desabrimiento la intervención, incitaron a Angel a adoptar una conducta intransigente. Al fin, el comisionado fue víctima del peor desdén imaginable: Angel dejó sin respuesta las notas que le remitió. Todo estaba concluido.

El Comisionado expresó, pues, que creía inútil cualquier tentativa para llevar las cosas al buen camino mediante procedimientos suaves y declaró que desconocía la legitimidad de las autoridades de hecho, a las cuales responsabilizaba de los males que ocasionara su resistencia(13).

(13) Sánchez de Bustamante. Nota al gobernador Angel (Noviembre 12 de 1860), en: “Registro Oficial de la Provincia de La Rioja” (1890), tomo III, p. 72. Ed. Pablo E. Coni e Hijos, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Enseguida regresó a Paraná, donde el presidente aprobó su conducta por resolución del 26 de Diciembre de 1860.

Sánchez de Bustamante realizó sus gestiones dentro del mayor silencio. En Buenos Aires, el público no se sintió preocupado; formalizadas las paces con Derqui, a nadie interesaba criticarlo; y en cuanto a la situación riojana, el pleito era al fin entre el “Chacho” y un signatario del Acuerdo famoso.

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