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Los problemas del doctor Derqui

- La elección presidencial

La sucesión del general Justo José de Urquiza, en la Presidencia, dio origen a la primera campaña política por una elección presidencial que, conforme al estilo de la época, se desarrolló en el ámbito reducido de los “notables”.

Ya al promediar el año 1858, comenzaron a barajarse nombres de candidatos. La estructura constitucional era tan reciente y la tradición tan fuerte, que muchos propiciaron -contra la prohibición constitucional-, la reelección de Urquiza o la nominación del vicepresidente Del Carril.

Cuando ambos rechazaron estas sugestiones -Del Carril debió renunciar públicamente su candidatura para salir del juego electoral-, quedaron dos nombres en pie: el doctor Santiago Derqui, ministro del Interior; y el doctor Mariano Fragueiro, ex ministro nacional y entonces gobernador de Córdoba.

Derqui representaba el federalismo oficialista, en tanto que Fragueiro representaba el ala liberal y moderada del partido. Los partidarios del doctor Salvador María del Carril propiciaron la fórmula Fragueiro-Marcos Paz; en cuanto a Urquiza, guardó silencio y no apoyó a nadie, lo que no dejó de molestar a Derqui.

Producidas las elecciones, siguió el sistema de voto indirecto -por electores-, establecido en la Constitución Nacional: Derqui obtuvo 72 votos, contra 47 de Fragueiro. Para vicepresidente: Marcos Paz logró 49 votos, Pedernera 45, Virasoro 17 y Pujol 12.

El Congreso decidió, sobre el segundo término de la fórmula, dándole el triunfo al general Pedernera, de San Luis y del ala oficialista, en desmedro de Marcos Paz, cuyo sector era minoritario en el Congreso. Es oportuno señalar que los electores que votaron por Fragueiro, correspondieron a aquellas provincias que, en el proceso por venir, se mostrarían más sensibles a la influencia liberal.

- Situación de Derqui frente a Urquiza

Derqui llegó a la Primera Magistratura en condiciones harto incómodas y que excedían las molestias de la lucha electoral. Urquiza, su predecesor, seguía siendo el jefe del partido federal, y la primera figura, en prestigio e influencia, de toda la Confederación, además de ser gobernador, recién electo, de Entre Ríos.

En consecuencia, a él pertenecía el poder efectivo, en tanto que al presidente sólo le quedaba el poder formal. Derqui se veía, así, obligado a conformarse con las directivas de un protector todopoderoso, cuya prudencia no lograba hacer menos incómodo el peso de su autoridad.

La designación de Urquiza como General en Jefe del Ejército, y de su yerno, Benjamín Victorica, como ministro de Guerra, demostraron la dependencia del presidente.

Este suspiraba por el poder efectivo y su independencia política. Su única alternativa consistía en lograr el apoyo de un partido, o sector, que compensara aquella influencia dominante y le diera el papel del árbitro político. Su contacto con Mitre, al visitar Buenos Aires, en Julio de 1860, le inclinó -contra lo que podía esperarse-, a buscar la alianza de los liberales, a cuyo efecto comenzó por apoyarse en cierto grupo de federales moderados, que eran, más o menos reacios a las directivas del Palacio San José.

Estos pasos provocaron la renuncia de Victorica al gabinete, y una expresiva carta de Urquiza que trataba de aventar los temores del presidente Derqui:

Soy amigo del Dr. Derqui y soy el subalterno más respetuoso del presidente, que tiene su autoridad de la ley y del Congreso, que es el pueblo entre el que estoy con placer confundido”.

Pero a continuación, agregaba la frase paternalista:

Sé lo que valgo y aprecio mucho su juicio para creer que Vd. sabe que combatiendo mi influencia, sacrificará el mayor elemento de su prestigio y el mejor apoyo de su autoridad(1).

(1) Citado por Beatriz Bosch, en el capítulo 1, a su cargo, de la obra de Equipos de Investigación Histórica, “Pavón y la crisis de la Confederación”, Buenos Aires, 1966, p. 33. En dicho capítulo se analiza la relación entre Derqui y Urquiza en este período. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIV: “El colapso de la Confederación”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

Poco después, llegaría Derqui a referirse a su situación como a una “esclavitud y falta de independencia”. Dentro de este contexto, se da su decisión de gobernar con el partido liberal, “donde están las inteligencias” -decía- y darle mayoría parlamentaria.

Fiel a este propósito, que lo lleva a una alianza práctica con Mitre, designa a un porteño, Norberto de la Riestra, ministro de Hacienda, y piensa ofrecer una cartera en el gabinete nada menos que a Valentín Alsina.

El partido federal, con excepción del círculo más allegado al presidente, vio con temor esta maniobra y cerró filas alrededor de Urquiza, que guardaba un prudente silencio.

- Mitre, gobernador de Buenos Aires

Casi al mismo tiempo que Derqui asumía la presidencia nacional, el general Bartolomé Mitre se hacía cargo de la gobernación de Buenos Aires, para cumplir el Pacto de Unión Nacional.

Jefe del ala nacionalista del partido, Mitre realizó una sutil tarea, convenciendo a unos y conteniendo a otros, reduciendo al mínimo las divergencias y dando muestras de gran elasticidad política. Así, aunque realmente en minoría, logró arrastrar a su partido a la zaga de su proyecto, aun al precio de resentir la estructura partidaria(2).

(2) Véase en Equipos de Investigación Histórica. “Pavón y la Crisis de la Confederación” (1966), capítulo II, donde César A. García Belsunce desarrolla la evolución y las tensiones del proceso de imposición, en Buenos Aires, del programa nacionalista, pp. 119 a 162. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIV: “El colapso de la Confederación”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

No se puede comprender, por otra parte, la política de aquellos días, si no se recuerda las características de los partidos de entonces, tan distintas de las que ha conocido el lector de hoy.

Los dirigentes políticos trabajaban en función de una base electoral reducida. En Buenos Aires, la ciudad más politizada del país, en 1864 sólo votó el 4 % de la población. Libres de la tarea de tener que conquistar el apoyo electoral de la masa, los políticos eran elaboradores de opinión y “conductores de cuadros”.

La organización partidaria era rudimentaria, y consistía, básicamente, en una alianza más o menos circunstancial entre sujetos de ideas afines, para realizar algún propósito común. Esta simplicidad, favorecía la personalización del poder político dentro y fuera del partido. De ahí que la clave de cada partido estuviera en él o los “notables” que lo integraban. De los notables surgían las ideas rectoras, los planes de acción, a los que coadyuvaban el círculo de los amigos.

El ámbito operativo de estos núcleos reducidos era el club político -Club del Pueblo, Club de la Libertad-, donde se hacía proselitismo, se evaluaba la situación, y de donde se propalaban las decisiones de los notables. En el sistema del Club, no contaban los “afiliados”, sino los adherentes ocasionales, lo que hacía más fluida la situación partidaria(3).

(3) Equipos de Investigación Histórica, “Pavón y la Crisis de la Confederación” (1966), capítulo preliminar, donde Carlos A. Floria describe -más detalladamente- las características de la política de entonces, pp. 9 a 45. // Citado por Carlos Alberto Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), tomo 2, capítulo XXVIV: “El colapso de la Confederación”, segunda edición (1975). Ed. Kapelusz S. A., Buenos Aires.

Dentro de este esquema, Mitre había alterado la conducción del partido liberal que, a partir del Pacto de Unión Nacional, se regía por la línea nacionalista. La nueva política de Derqui, se adecuaba muy bien a esta línea y le abría amplias perspectivas.

- Reforma constitucional

El año 60 había comenzado promisoriamente para la paz nacional. La Convención ad hoc, convocada en la provincia para proponer reformas a la Constitución Nacional, había propuesto cambios prudentes, que tendían a reforzar el federalismo y la autonomía provincial.

El 6 de Junio se firmó un nuevo Pacto entre la Confederación y Buenos Aires, que alteraba algunas de las bases del de Unión Nacional, fijaba la forma de concurrir a la nueva Asamblea Nacional Constituyente; reservaba, entretanto, a Buenos Aires, el manejo de la Aduana y establecía un subsidio de la provincia a la nación de un millón de pesos mensuales.

La Convención Nacional Constituyente se reunió en Septiembre y aceptó, casi por unanimidad, las reformas propuestas por Buenos Aires, en lo que tuvo buena parte la influencia de Urquiza.

- Sucesos de San Juan

Este estado de armonía duraría bien poco. El interventor de San Juan, coronel Virasoro, se había hecho nombrar gobernador propietario. Hombre sin condiciones políticas, había establecido una especie de dictadura local de hecho, levantando grandes resistencias, sobre todo entre los liberales.

Los tres nombres clave de aquellos días -Derqui, Urquiza y Mitre-, se hallaban reunidos en San José cuando decidieron -en una carta conjunta- invitar a Virasoro a resignar el mando para evitar males mayores. Pero ese mismo día, 16 de Noviembre, una sedición estallaba en San Juan, y Virasoro era asesinado en su casa con varios de sus parientes.

Inmediatamente, asumió el mando provincial el jefe del partido liberal sanjuanino, Antonino Aberastain.

El hecho produjo estupor en todo el país. Entre los federales se clamó venganza, y el presidente nombró interventor al general Juan Saá, gobernador de San Luis, acoplándole dos consejeros liberales, para subrayar su ecuanimidad.

Pero en Buenos Aires, como en el caso de Benavídez años antes, la reacción fue la de festejar el fin de un tirano y el triunfo de la libertad. Un ministro de la provincia, Sarmiento, hizo el panegírico del suceso, comprometiendo al mismo Gobierno, lo que provocó su salida del gabinete. Las pasiones se encresparon y las acusaciones llovieron de uno a otro bando.

Entretanto, Saá, que había despachado a sus consejeros liberales, derrotó a Aberastain en el Pocito, tomándolo prisionero. Al día siguiente, Aberastain fue fusilado, por orden del segundo de Saá. Entonces, las acusaciones de crimen se invirtieron. El diálogo se hizo más difícil, y Riestra renunció a su cargo de ministro nacional, mientras Urquiza enrostraba a Mitre haber nombrado en su gabinete a un separatista, como Pastor Obligado.

La política de la “entente” estaba a punto de naufragar.

- Buenos Aires, perturba el equilibrio de la Nación

Buenos Aires anexada a la Nación era una fuerza que perturbaba los equilibrios existentes dentro de la política interna; además, se incorporaba cuando el cambio de presidente había provocado un profundo trastorno.

El Gobierno Federal, paupérrimo en recursos, no había organizado aún la Administración encargada de su servicio y constituía por el momento una superestructura política casi sin arraigo en las provincias, donde no existía más potestad que la de los respectivos Gobiernos locales, por cuyo intermedio aquél realizaba sus fines.

Urquiza había ejercido una hegemonía notoria, pese a tal situación, pero ella fue posible sobre todo porque durante su presidencia tuvo federalizada a Entre Ríos, y el poder inmediato ejercido sobre esta provincia le permitió proyectar tonos vivos sobre la descolorida autoridad nacional.

Derqui quedó en distinta situación. Tan pronto como asumió la presidencia, Entre Ríos volvió a constituirse en provincia, estableciendo su Gobierno en Concepción del Uruguay y desprendiéndose únicamente de Paraná, declarada asiento de las autoridades federales.

Para que el desequilibrio resultase más notorio, el ex presidente fue designado gobernador de Entre Ríos. Urquiza era el hombre de mayor prestigio personal en la nación entera y, a los laureles de Caseros y Cepeda sumaba los entorchados de Capitán General de mar y tierra, la más alta graduación existente en la República y sólo poseída por él.

El nuevo presidente se encontraba dueño de un poder con mucho de ilusorio, huésped de una importante provincia que contaba con el sufragio de casi todas las demás y frente a una nueva provincia rica y poderosa que estaba habituada a tratar a la nación de igual a igual.

La mecánica de los acontecimientos determinaría que, eliminada la autoridad superior por carencia de fuerza efectiva, los más fuertes de entre los poderes subordinados se considerasen llamados a reemplazarla.

Una gravitación fatal convertía, pues, a Entre Ríos y Buenos Aires en pueblos rivales y a sus respectivos gobernadores en jefes de partidos adversos, que procurarían extender su influencia por toda la República. Así ocurrió, en efecto; y las fuerzas políticas de la nación convergieron hacia los federales, que seguían a Urquiza o hacia los liberales, que tenían por jefe a Mitre.

Entretanto, el presidente debía definir su política. El programa tenía que ser el mantenimiento de la unidad nacional y, como la aquiescencia de ambos partidos era indispensable, importaba sostener buenas relaciones con uno y otro sin afiliarse a ninguno. Esta posición se imponía hasta por respeto a la dignidad del cargo, pero las exigencias de la autoridad que actuara con más vigor obligarían la entrega al influjo contrario.

Alberdi advirtió el problema y comprendió que debía ser precaria la armonía entre el gobernador entrerriano -agente lleno de fuerza- y el presidente, jefe supremo lleno de debilidad. Y no obstante sus conocidos sentimientos contra los porteños, encontró justo que el presidente, oprimido por la presión territorial de Urquiza, empleara a Buenos Aires como contrapeso útil para emanciparse de su influencia(4).

(4) Alberdi. “Crisis política de la República Argentina en 1861”, en: “Obras completas de J. B. Alberdi”, tomo V, p. 466. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Formado en tiempos de la Confederación, el Gabinete del presidente estaba constituido sólo por federales y le daba tono singular el ministro del Interior, Juan Gregorio Pujol, de tendencia partidista muy acentuada. Derqui se propuso cambiar algunos ministros.

En Agosto de 1860 confió el Ministerio de Hacienda a Norberto de la Riestra, liberal y amigo de Mitre, indicado por éste para ocupar el cargo. En Julio de ese año, el presidente había estado en Buenos Aires y comunicado su resolución -después repetida por escrito- “de gobernar con el partido liberal, donde están las inteligencias(5).

(5) Derqui. Carta al gobernador Mitre (Octubre 17 de 1860), en: “Archivo del general Mitre” (1911), tomo VII, p. 27. Ed. Biblioteca del diario “La Nación”, Buenos Aires. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo II: “El Gobierno de Paraná”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La influencia de Pujol palidecía. Tiempo después, el presidente hablaba de un gabinete homogéneo y de acción, en el que pensaba incluir nada menos que al doctor Valentín Alsina, a quien llegó a ofrecer el Ministerio del Interior. Proponíase llamar también a los doctores Marcos Paz y Antonino Aberastain -liberales ambos- manteniendo en sus carteras tan sólo al liberal Riestra y al federal Victorica, que era yerno y confidente del general Urquiza.

Estos propósitos no pasaron de tales, ya porque los acontecimientos les fueran adversos, ya porque Derqui se arrepintiera de un sometimiento tan completo pero, a pesar de que el Gabinete continuó siempre con mayoría de federales, demuestran lo cerca que el presidente quiso estar de los porteños. 

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