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El liderazgo como manifestación y construcción política en la provincia de Corrientes

En la etapa política argentina llamada de la Organización Nacional, el liderazgo es considerado en la mayoría de las ocasiones como sinónimo de caudillismo. Diversos historiadores se avocaron a la cuestión sociológica de la figura del caudillo y del caudillismo como manifestación política.

Esta presencia es una característica enraizada profundamente desde el origen histórico de Iberoamérica, muestra de ello es que este fenómeno lo observamos, con variaciones circunstanciales, desde México al Río de la Plata, desde Cuba a Venezuela. En lo que se refiere al las provincias del Río de la Plata se manifiesta con la participación pública de una figura fuerte y visible.

Durante la primer parte del proceso que comprende la organización política del país, en la provincia de Corrientes emergieron algunas figuras de notoria relevancia como Pedro Ferré, Joaquín Madariaga o Juan Pujol, pero ninguno de ellos logra el personalismo y la mística relación de su figura con amplios sectores de los habitantes.

Tal vez, porque la figura paradigmática del caudillo se relaciona no sólo con su actividad política sino con su vocación carismática y militar, y por ende su conducta ante las tropas. Ferré logró su rango militar por premiación de la Legislatura a su accionar político, Joaquín Madariaga a pesar de ser militar, su protagonismo en ese campo fue fugaz y, Juan Gregorio Pujol no tuvo participación activa en los campos de batalla. En Corrientes no existió la figura fuerte del caudillo, tal como se manifestara en otras provincias de la Confederación.

Si bien existen dos nombres mas en la historia política correntina que se asocian con un protagonismo casi caudillesco, no lo fueron tampoco; nos referimos a Genaro Perugorría y Genaro Berón de Astrada, los que tuvieron sólo algunos meses de protagonismo relevante, siendo instrumentos de políticas y confabulaciones locales.

Es necesario destacar la curiosidad que reviste la constante y permanente referencia de estas dos figuras en la historia de la provincia. El trágico final de cada una de ellas son sucesos que los historiadores locales no dejan de referenciar de una u otra manera. Pareciera ser que el hecho tomó formas gigantescas, por momentos desproporcionadas en la historia local, a tal punto que es referencia casi obligada cuando se analizan los conflictos político-institucionales de la provincia.

Con estas dos figuras correntinas pareciera ser que se construyó un “paradigma místico”, inmerso en una aureola casi sacra, que con el transcurrir del tiempo adquirió dimensión mayor que otros sucesos importantes y decisivos de aquellos momentos históricos. Llegan a conformar un imaginario, es decir una representación generada constantemente en la práctica de la historia correntina.

La construcción de esta idea se sobredimensionó en los historiadores locales, conformando así un simbolismo referencial en la edificación de la historia correntina durante la organización institucional de la provincia.

En Corrientes, a pesar de su intenso protagonismo en el proceso organizativo político, no anidó ninguna figura caudillesca con atisbos populares que trascendiera a sus dominios locales. De los hombres que participaron en sucesos políticos correntinos solo el general Nicanor Cáceres le cabría la identificación de genuino caudillo.

Su conducta y vinculación con los sectores ganaderos y con hombres que trabajaban en la faena de campo en los departamentos al sur del río Corriente, le hacían alcanzar por momento gran influencia en todo el territorio provincial, pudiéndolo identificar como un caudillo en todo el sentido de la palabra. Pero su influencia fue solo local, no traspasó las fronteras de la provincia.

La razón por lo que su influencia no llegó mas allá de los dominios locales fue su estrecha relación y obediencia incondicional al general Justo José de Urquiza, eclipsando toda proyección. Cumplió sus órdenes irrestrictamente desde la batalla de Vences, lo siguió después de Caseros, respetó y adhirió los entendimientos del general entrerriano con Bartolomé Mitre en Pavón, no se plegó a los correntinos paraguayistas durante la guerra de la Triple Alianza porque el caudillo entrerriano no lo hizo, y defendió al gobernador correntino Evaristo López en 1868 hasta cuando Urquiza se lo ordenó. Fue un caudillo local con subordinación a un caudillo de carácter nacional.

En oportunidades las fuerzas militares y el mando de tropa generaban algunas figuras de relieve departamental, pero no eran mas que “caudillejos” que acomodaban su diminuto poder que ostentaban para alcanzar algunos logros personales en la política de entonces. Así el general Manuel Vicente Ramírez, el coronel Raimundo Reguera, Julio Camelino en Bella Vista, el coronel Cecilio Carreras y el coronel Juan Andrés Ricardi en Esquina, el coronel Placido Martínez en Goya, el coronel Wenceslao Martínez en la Capital, entre muchos otros diseminados en los distintos Departamentos.

En otras palabras, el caudillo en sentido clásico, con influencia regional, tal como emergió en otras provincias de la región del Río de la Plata, no existió en Corrientes.
Excluyendo la figura excepcional y predominante de Nicanor Cáceres, la política correntina reposó en el dominio de algunos sectores políticos y sociales que rotaban en el poder, con el apoyo de “caudillejos” departamentales y jefes militares que garantizaban a aquellos la cautividad de los votos en tiempos electorales y consecuentemente el control de la Legislatura, conformada generalmente con los mismos apellidos que gestaban alianzas y acuerdos reiterados entre los grupos políticos de la capital, como lo observaremos mas adelante.

John Lynch afirma que para el surgimiento de un fuerte liderazgo se deben generar ciertas condiciones:

a.- un vacío institucional o la inexistencia de reglas formales;
b.- competencias políticas llevadas adelante por conflictos armados; y
c.- una sociedad agraria de terrateniente y peones, utilizados por relaciones de tipos clientelistas(1)

(1) John Lynch. “Caudillos de Hispanoamérica. 1800-1850” (1993), p. 17. Ed. Mapfre, Madrid. // Citado por Dardo R. Ramírez Braschi. “Origen de las Agrupaciones Electorales en la provincia de Corrientes (de Caseros a las Presidencias Liberales)” (2004). Moglia Ediciones, Corrientes.

Corrientes poseía medianamente las tres características, inclusive la primera de ellas, porque a pesar de tener su Constitución en el año 1821 y las siguientes que institucionalizaron formalmente su vida política, no siempre estaba amparada por el respeto a ella, lo muestran las intrigas políticas tejidas, revoluciones e inestabilización gubernamental que se generaron durante el siglo XIX.

Si bien no emergió la fuerte figura de un caudillismo personalizado que influyera y trascendiera mas allá de la política local, existieron liderazgos militarizados localizados en los departamentos que se tornaron indispensables en los movimientos políticos en la segunda mitad del siglo XIX.

También existieron liderazgos sociales de grupos en la capital provincial que por su poder económico, su ligamen social y sus vinculaciones, gestaron un liderazgo sectorial que fue suficiente para acaparar por momentos la política local.

Corrientes por su característica litoraleña, volcada al río, con su postura reiteradamente ambivalente en su relación con Buenos Aires -primero, enemistad extrema con el rosismo y después, alianza con el mitrismo- gestó una política no siempre lineal, muchas veces complicada en su accionar y proceder.

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