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Los partidos políticos en la realidad organizativa de las instituciones argentinas

Para conceptuar en la actualidad a los partidos políticos se toman distintas precisiones que no se presentaban en el siglo XIX. De acuerdo a la ciencia política actual se pueden brindar diversas definiciones, pero esencialmente podemos decir que son agrupaciones de personas que con distintos idearios unas de otras, sosteniendo opiniones políticas que pretenden hacer prevalecer, organizadas institucionalmente con permanencia temporal, a efectos de lograr la orientación y gobernación del Estado.

Estas agrupaciones, de acuerdo al derecho positivo de cada país, tendrán los requisitos para su funcionamiento y accionar. En la República Argentina se debe contar con autorización de la Justicia Electoral, demandando ciertos requisitos formales como número de afiliados, domicilio, nombre, autoridades constituidas, carta orgánica organizativa, etc.

Pero la interpretación que ha tenido el concepto de partidos políticos del siglo XIX dista mucho del dado en la actualidad. Reiteradamente se recurrió en el estudio de la historia a la denominación de “partidos”, no tratándose siempre de partidos políticos como lo entendemos en la dimensión contemporánea, sino de corrientes de opinión o de planteos doctrinarios; otras veces de grupos guiados por caudillos, facciones, logias, clubes políticos, etc.

Originariamente, durante las décadas que abarcó la organización política del país, era habitual que se denominase partido a un grupo o sector de personas que coincidían en una idea o planteo político. Las mismas eran inestables y su durabilidad no se extendía y generalmente estaban guiadas por hombres que por su espíritu de lucha aglutinaban a los demás. Esto fue una constante en la vida política rioplatense, de la cual la provincia de Corrientes no fue ajena.

La conceptualización y comprensión de la organización y funcionalidad de los partidos políticos actuales ha tenido un extenso proceso evolutivo, que los diferencia en múltiples matices a las asociaciones electorales del siglo XIX.

En su origen mismo tuvieron un carácter dubitativo, hasta se desconfiaba de su existencia para una libre política. En nuestro país recién con la reforma constitucional del año 1994 se hace una primera consideración constitucional de los partidos políticos.

Sin embargo, estos miramientos son diferentes en distintos espacios geográficos del siglo XIX, ya que el constitucionalismo de aquella época era remiso a incorporar a los denominados partidos políticos en las cláusulas constitucionales. La inserción de los partidos políticos en el tratamiento normativo no fue relevante en comparación con las cuestiones fundacionales pendientes que todavía no tenían resolución a mediados de aquel siglo. Pese a todo, el no reconocimiento normativo en la Constitución no impidió la evolución orgánica de los partidos políticos.

El citado carácter dubitativo se presentó también en los primeros años de la vida institucional de EE.UU., tal como lo sostiene Torcuato Di Tella:

En esa época la legitimidad del sistema de partidos como forma de gobernar a un país estaba aun muy distante de haberse impuesto indiscutidamente.
Muchos -entre ellos Washington- pensaban que los partidos eran potencialmente facciones y cabales, algo así como hoy se percibe a ciertas logias, solo preocupadas por el avance personal de sus miembros, y por lo tanto malas para la República.
El juego político no debería ser entre los partidos, sino entre los funcionarios electos o designados, en base a su prestigio personal, en los poderes nacionales y estaduales: Presidentes, Gobernadores, Cámaras, Senados y Cortes de Justicia.
Estos, ante cada caso, adoptarían determinadas aptitudes, lo que producirían agrupamientos y reagrupamientos constantemente reformulados, puesto que se trataba de gente con criterio independiente, no regimentado en base a logias, complots o fracciones.
Esta visión, por supuesto, no funcionó y el sistema competitivo de partidos políticos volvió a imponerse en los Estados Unidos(1).

(1) Torcuato Di Tella. “Sociología de los Procesos Políticos” (1998), pp. 211 y 212. Eudeba, Buenos Aires. // Citado por Dardo R. Ramírez Braschi. “Origen de las Agrupaciones Electorales en la provincia de Corrientes (de Caseros a las Presidencias Liberales)” (2004). Moglia Ediciones, Corrientes.

Las guerras civiles en el Río de la Plata y la determinación tardía de un proyecto de país por las dos corrientes más sobresalientes, demoraron la construcción orgánica de lo que denominaríamos partidos políticos. Algunas veces se consolidaron en la segunda mitad del siglo XIX, otras en cambio, ya entrado el siglo XX.

La trascendencia de las incipientes agrupaciones políticas se inició con la consolidación de las instituciones provinciales. Porque igual al proceso de la formación del país, los partidos políticos se iniciaron en las provincias, para luego conformar los partidos nacionales a principios de la década de 1880.

Las luchas civiles en el Río de la Plata tuvieron una dilatada existencia, debido a que el problema medular de la cuestión política y económica, como es la relación del puerto de Buenos Aires con las demás provincias, no pudo ser superado.

Cuando las prolongadas décadas de enfrentamientos internos concluyeron formalmente, fue la postura de Buenos Aires la que imperó, consolidando la denominada “unidad nacional” después del triunfo de Pavón. Pero esa “unidad nacional” se hizo desde y para el puerto, lo que logró un escaso estado de convivencia general entre todas las provincias, no conformándose la condiciones para que se generará una definitiva evolución institucional y económica. Definitivamente todo ello influyó en el dilatado proceso de inicio y consolidación de partidos políticos orgánicos.

Situación inversa experimentaron los Estados Unidos de Norteamérica, que al concluir la guerra de secesión, con el triunfo de los Estados norteños, se gestaron condiciones genéricas de desarrollo incorporando a todo el espacio territorial del Estado norteamericano. Estas condiciones fortalecieron a su vez a las instituciones y al robustecimiento temprano de los partidos políticos.

El proceso electoral para la obtención de cargos públicos está íntimamente ligado con el concepto de democracia. Si bien la doctrina no a unificado criterios al respecto a la conceptualización de democracia, podemos identificar algunos principios que son indispensables para su existencia.

La práctica de la democracia política ha tenido diversas valoraciones e interpretaciones a lo largo de su evolución histórica. La ubicación espacial y temporal deben ser perfectamente delineadas y consideradas, para así lograr una acabada interpretación de los valores en la época que se desarrollan.

Los actuales valores de participación política en democracia poseen diferencias con los tiempos que estamos estudiando, por tal razón es conveniente analizar algunas de las necesarias condiciones que se dan en la democracia contemporánea y como se manifiesta en las décadas de 1860 y 1870:

I.- Libertad de expresión: la mayor manifestación en la opinión de los ciudadanos de entonces eran los periódicos, que lograban imponerse muchas veces a pesar de las fuerzas políticas y económicas que lo combatían. Estos adquirían mayor importancia en días electorales, adquiriendo un rol determinante.

Los diversos grupos políticos para poder adquirir relevancia, debían contar con un medio de difusión. La frágil libertad de expresión en las décadas de 1860 y 1870 se quebraba en los reiterados procesos revolucionarios, ya que los triunfadores de los mismos se encargaban de borrar todo vestigio de sus adversarios, incluyendo sus medios de expresión.

II.- Libertad de asociación: el dinamismo en la formación y disolución de las asociaciones electorales o clubes políticos manifiestan algunos aspectos de una primitiva libertad asociativa, ya que en ella no siempre participaban todos los sectores sociales, monopolizando reiteradamente los mismos, los grupos política y económicamente más fuertes.

III.- Derecho al voto: las características del voto fueron particulares. La Ley Electoral de 1864 establece el voto escrito u oral, el que era conocido por la Mesa Escrutadora, ya que al registrar el voto se determinaba y se dejaba registrado por quien votaba.

Los ciudadanos ejercían su derecho al voto mientras cumplían los requisitos procesales electorales, como la inscripción en el Registro Cívico y presentarse con la boleta identificatoria de inscripción el día del escrutinio.

IV.- Elecciones libres y limpias: si bien el formalismo electoral se practicaba periódicamente, los actos que lo rodeaban generalmente se hallaban viciados, primando la intimación, el fraude y la violencia.

Aquellas décadas fueron tiempos iniciales de las primeras conductas electorales, experimentándose recientes mecanismos y funcionamientos en las instituciones políticas provinciales.

El proceso organizativo de las estructuras partidarias tuvo una dilatada evolución. Pero fue ineludible, de una u otra manera, la conformación de partidos políticos en la vida política de la Argentina. Refiriéndose a las primeras décadas de vida política del país, Marcela Ternavasto afirma al respecto:

La experiencia demostrada, a medida que el proceso representativo se expandía y afianzaba, que ningún sistema electoral indirecto lograría frenar aquello que paulatinamente fue mostrándose como un componente inescindible e inevitable de la nueva representación política: la división en facciones o partidos(2).

(2) Marcela Ternavasto. “La Revolución del Voto” (2002), p. 249. Ed. Siglo Veintiuno Editores Argentina. Buenos Aires. // Citado por Dardo R. Ramírez Braschi. “Origen de las Agrupaciones Electorales en la provincia de Corrientes (de Caseros a las Presidencias Liberales)” (2004). Moglia Ediciones, Corrientes.

El periódico “La Esperanza” editado en Corrientes, bosquejaba un concepto de lo que se entendía por “partido político” en 1870:

¿Qué son los partidos políticos? Son la reunión de ciudadanos con una bandera definida; que ven de diversas maneras la resolución de las cuestiones de interés político y social encarnado unos mas y otros menos los principios y las aspiraciones del pueblo(3).

(3) Archivo General de la Provincia de Corrientes, Hemeroteca, periódico “La Esperanza” del 18 de Febrero de 1870. // Citado por Dardo R. Ramírez Braschi. “Origen de las Agrupaciones Electorales en la provincia de Corrientes (de Caseros a las Presidencias Liberales)” (2004). Moglia Ediciones, Corrientes.

Una conceptualización que se acerca mas a una idea participativa, ignorando los aspectos organizativos necesarios e imprescindible para que la existencia como cuerpo orgánico fuese perdurable y pudieran surgir a la vez las distintas candidaturas que ocupasen cargos electivos.

Analizando un período posterior, Rodolfo Rivarola en un libro editado en 1904, analiza aspectos y perfiles de lo que se consideraban partidos políticos en aquellos años. El autor, quien asume una postura definida por el cual la Argentina debe estar organizada sobre una estructura de carácter unitaria, expresa lo siguiente:

Considerase el momento actual como propicio para la formación de partidos ‘orgánicos’, ‘de principios’ o de cualquiera otra calificación que los distinga de las agrupaciones con tendencias mas o menos indefinidas que usan en la actualidad el nombre de partido (...).
¿Deben se transitorios o permanentes los paridos políticos? Los transitorios con propósitos principistas serán muy raros en la practica y, en general, ineficaces. Desde luego, si en un momento dado a nadie se le ha ocurrido crear o suprimir una institución, sancionar o derogar una ley que pueda interesar a la opinión y se presenta la oportunidad de una elección, sucederá lo que el mismo Alcorta dijo:
‘La existencia de los partidos cuando faltan los principios para formar su credo, pueden producir graves desordenes y comprometer el organismo social mismo por los elementos que introducen.
‘Convertidos en agrupaciones de afinidades personales, el fin primordial se reduce a la ocupación de los pueblos públicos o como un medio de vivir simplemente, desapareciendo el bien común ante esta consideración’.
Por otra parte, no se improvisa una organización de partido. La propaganda a favor de una idea tiene que ser larga y perseverante para conquistar prosélitos. Si se trata de una institución o de un principio que se quiere convertir en ley, no tendrán sino un apoyo muy débil en una organización improvisada, y a veces habrá pasado su oportunidad y conveniencia antes de que la organización termine.
Otras veces se presentara con urgencia el caso de la oposición a una tentativa que se considera perjudicial y el hecho se habrá consumado antes que el partido se organice. Los partidos permanentes, que por lo mismo se hacen tradicionales, mantienen vivos los sentimientos cívicos.
Se llega a tener la satisfacción y aun el orgullo de las tradiciones del partido, y con ello el estimulo por el bien común. Los sentimientos políticos se hacen familiares, y son las familias mas que los individuos aislados, las que participan de los anhelos por el triunfo de una idea.
Los rasgos de abnegación, que no se hallaran en los partidos transitorios, aparecerán en los permanentes. Las defecciones serán menos y más severamente condenadas. La vinculación entre los miembros del partido, mas fuerte: la unión mas intima, porque saben que será de toda la vida, en la buena y en la mala fortuna.
El celo por el crédito del partido será mayor, en beneficio de la disciplina y de la moralidad. La constante atención a los asuntos públicos fomentara el desenvolvimiento de mejores aptitudes para la vida política, y será menos posible al momento en que tengan que oírse lamentaciones por la falta de hombres de gobierno.
Formando el hábito general de ser miembro de un partido, habrá disminuido el número de los indiferentes, tan útil a cualquier tiranía(4).

(4) Rodolfo Rivarola. “Partidos Políticos” (1904), pp. 24 a 26. Félix Lajouane Editores, Buenos Aires. // Citado por Dardo R. Ramírez Braschi. “Origen de las Agrupaciones Electorales en la provincia de Corrientes (de Caseros a las Presidencias Liberales)” (2004). Moglia Ediciones, Corrientes.

A fines del siglo XIX se planteaba como debate la existencia de partidos políticos permanentes, organizados con estabilidad orgánica e institucional. La consolidación de la aplicación práctica en la política de los partidos políticos no estaba afianzada todavía, la que surgió por necesidades reales, en un lugar histórico determinado y como consecuencia de los factores que exigían la institucionalización de grupos políticos en la lucha para obtener el poder estatal.

Los partidos políticos y sus interpretaciones conceptuales actuales no pueden ser comparados con los que existían en el siglo XIX; ya que estaban formados por otras nociones y visiones de la realidad política y social. Aún más, tenemos dudas de denominar estrictamente como partidos políticos a aquellas agrupaciones incipientes que se constituían para la obtención del poder político, pero que en reiteradas oportunidades se los llama así por comodidad en el uso conceptual.

En el imaginario político de la época se concebía una idea de partido como sector o grupo ideológico, estando muy lejano todavía la práctica de su institucionalización permanente, a pesar de los mecanismos electorales programados y preestablecidos de las incipientes asociaciones.

Las particulares modalidades de aquellos años en el uso del correspondiente vocabulario político debe ser entendido con la valoración que se le daba en aquellos años; la dimensión conceptual que la ciencia política actual brinda a la noción de “partido político” dista considerablemente de cómo se interpretaba el termino a principios de la segunda mitad del siglo XIX.

Maurice Duverger, respecto al origen de los partidos políticos, sostiene lo siguiente:

En 1850, ningún país del mundo (con excepción de los Estados Unidos) conocía partidos políticos en el sentido moderno de la palabra: había tendencias de opiniones, clubes populares, asociaciones de pensamientos, grupos parlamentarios, pero no partidos propiamente dichos(5).

(5) Maurice Duverger. “Los Partidos Políticos” (1965), p. 15. Fondo de Cultura Económica. México. // Citado por Dardo R. Ramírez Braschi. “Origen de las Agrupaciones Electorales en la provincia de Corrientes (de Caseros a las Presidencias Liberales)” (2004). Moglia Ediciones, Corrientes.

En la provincia de Corrientes, durante la segunda mitad del siglo XIX, surgieron clubes electorales que precariamente se organizaban para los eventos electorales. La incipiente práctica de los derechos ciudadanos fueron perfeccionando paulatinamente el proceder y vigencia de aquellos primeros clubes políticos, que estaban lejos aun de ser instituciones que puedan denominarse partidos políticos de acuerdo a los conceptos actuales de la ciencia política.

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