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Insurrección contra Nicasio Oroño

El gobernador Nicasio Oroño era un espíritu emprendedor y diligente, prendado de cuanto significara progreso y liberalismo. Fue el encauzador de la grandeza de Rosario y su audacia reformista, reñida con la época y el medio, lo indujo a secularizar los cementerios, a proyectar la transformación del Convento de San Lorenzo en una escuela agronómica y a instituir el matrimonio civil en sustitución del religioso, que entonces primaba en toda América española.

Este último acto pinta de cuerpo entero al gobernante y explica la fuerte reacción levantada contra él, cuya magnitud puede graduarse si se recuerda la que, quince años después, se produjo en la República, cuando ese principio fue incorporado a las leyes comunes.

Por demás, el gobernador no concurría a la iglesia con la debida frecuencia, ni formaba parte de la Sociedad de San Vicente de Paul, que tenía por jefe -en aquella provincia- al obispo del Litoral...(1).

(1) "Un santafesino, Nicasio Oroño", p. 42. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El laicismo del gobernante excitó el sentimiento público y, a fines de 1867, hubo que prohibir la circulación de una protesta firmada por el obispo. por conceptuársela atentatoria a la soberanía del Estado(2).

(2) Oroño. Decreto de Octubre 1 de 1867, en: Registro Oficial de la Provincia de Santa Fe, V (Santa Pe, "La Revolución", 1889), p. 462. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Las elecciones de presidente debían ser precedidas en Santa Fe por las de gobernador, pues el período de éste terminaba el 13 de Febrero de 1868. Los comicios provinciales ofrecían mucho interés, ya que sus resultados adelantarían los de las elecciones nacionales.

Los liberales pensaban sostener la candidatura de Marcelino Freire; los federales, la de Mariano Cabal. De triunfar el primero, los votos de Santa Fe podrían computarse en favor de Alsina; de salir el segundo, los votos serían para Urquiza.

Existiendo una animosidad colectiva tan intensa contra el gobernador, era lógico que los dirigentes opositores la aprovechasen. Comenzaron por exigir garantías electorales. El partido liberal -¡dónde no había de ocurrir lo mismo!- era, en Santa Fe, “numéricamente muy diminuto(3).

(3) Francisco Pico. Carta al presidente Mitre (Enero 3 de 1868), en: Archivo del general Mitre, I, 117. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La revolución estalló el 22 de Diciembre de 1867. Una fuerza como de quinientos hombres venida del norte de la provincia, a las órdenes del mayor Nicolás Denis, jefe nacional que guarnecía la frontera contra los indios, puso sitio a la capital pidiendo la renuncia de Oroño.

Casi simultáneamente el coronel Patricio Rodríguez sitiaba a Rosario. Desbordado el fanatismo, se veía a grupos armados recorrer las calles a los gritos de, ¡Viva Dios! ¡Abajo los masones!(4)

(4) Juan Alvarez. "Ensayo sobre la historia de Santa Fe" (Buenos Aires, E. Malena, 1910), p. 344. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Apenas sobrevino la revolución, el gobernador reclamó la ayuda federal, que le fue acordada inmediatamente en Acuerdo de Ministros, de conformidad al artículo 6to. y a fin de sostener las autoridades o reponerlas si fuesen depuestas. Designóse Comisionado al Procurador General de la Nación, doctor Francisco Pico. El texto del decreto de Diciembre 25 de 1867 es el que sigue:

Departamento del Interior

Buenos Aires, Diciembre 25 de 1867

Habiéndose requerido por el Gobierno de Santa Fe la Intervención Nacional para restablecer el orden perturbado por una sedición contra las Autoridades Provinciales, de conformidad a lo prescripto en el artículo 6to. de la Constitución Nacional,
El Vicepresidente de la República, en ejercicio del Poder Ejecutivo,

Ha acordado y decreta:

Art. 1.- Llévese a la Provincia de Santa Fe la Intervención que ha sido solicitada a fin de sostener a sus Autoridades y de restablecerlas si hubieran sido depuestas por la sedición.
Art. 2.- Comisiónase al Procurador General de la Nación, doctor don Francisco Pico, para que, representando al Poder Ejecutivo Nacional, haga efectiva la intervención decretada.
Art. 3.- Expídanse al nombrado las instrucciones acordadas para el desempeño de su comisión y por los Ministerios respectivos dense las órdenes convenientes.
Art. 4.- Comuníquese a quienes corresponde, publíquese y dese al Registro Nacional.

PAZ
Guillermo Rawson, Lucas González, Marcelino Ugarte,
José E. Uriburu, Jóse María Moreno

Rawson redactó las instrucciones que se impartieron al Comisionado. Sentó el ministro el extraño principio de que una revolución triunfante en lugares tan próximos al asiento del Gobierno Federal, sería un escándalo de fatales consecuencias, que importaba evitar a todo trance y, de allí dedujo la necesidad de sofocarla rápidamente.

El Comisionado debería intimar a los revolucionarios el desalojo de sus puestos y la entrega de las armas; si sus medidas fueren acatadas, procuraría que la reasunción del Gobierno -por parte de las autoridades depuestas- se verificara sin los desórdenes y las inútiles persecuciones que suelen acompañar a estos cambios, respetando empero la acción de los jueces locales; si, por el contrario, la intimación fuere desoída, declararía rebeldes a los revolucionarios y emplearía las armas para vencer las resistencias, sujetar a los delincuentes al juicio de los Tribunales Federales y restablecer cuantas autoridades constituidas hubieren sido derrocadas.

Aparte de las tropas de línea puestas a su disposición, el Comisionado dispondría -en caso necesario- de las milicias de Santa Fe(5).

(5) Rawson. Instrucciones al comisionado Pico (Diciembre 26 de 1867), en: Intervención Nacional en la Provincia de Santa Fe, 1868 (Buenos Aires, "Comercio del Plata", 1868), p. 6. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El Gobierno Federal contaba, en esos momentos, con el Cuerpo de dos mil veteranos que, al mando de Paunero, regresaba de Cuyo hacia Rosario para volver al teatro de la guerra; pero el vicepresidente, sabedor de que la revolución estaba dirigida por los federales, temía la cooperación entrerriana, para detener la cual pensaba que el propio presidente debía regresar al país con nuevas tropas(6).

(6) Paz. Carta al presidente Mitre (Diciembre 25 de 1867), en: Archivo del general Mitre, VI, p. 349. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En la hipótesis de que la sedición se transformara en rebelión, Paz tomó las medidas militares del caso: envió chasques al general Paunero, instándolo a acelerar la marcha, y puso al frente de esas fuerzas al ministro interino de Guerra, coronel Martínez; destacó en San Nicolás al general Conesa, con milicias que pidió a la provincia de Buenos Aires; y dispuso que dos barcos de guerra recorrieran el río Paraná para impedir todo contacto entre la provincia convulsionada y la de Entre Ríos.

Estas rápidas y oportunas medidas, alentaron al gobernador de Santa Fe, que declaró -en una proclama- que el apoyo que le prestaban el Gobierno Federal y el de Buenos Aires, aseguraba su triunfo.

Aunque deseoso de la victoria de Oroño, el gobernador de Buenos Aires se incomodó por la Intervención que se le atribuía y manifestó que su apoyo había sido solicitado por las autoridades federales: Alsina no quería que se confundiesen sus procedimientos con los que se gastaban en las provincias del Norte...

Oroño se rectificó: sabido es -dijo- que las provincias pueden intervenir con fuerza armada en los sucesos políticos ocurridos en territorio de otras, sin órdenes del Gobierno Federal y a objeto de defender la Constitución de la República(7).

(7) Oroño. Nota al gobernador Alsina (Enero 12 de 1868), Ms., en: Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, Ministerio de Gobierno, 1867, expediente número 68. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Otro motivo de satisfacción tuvo Oroño, y fue el de que concluyese el movimiento iniciado por el mayor Denis en el Norte. Para ello, después de resistir durante tres días el sitio de que era objeto la capital, rechazando desde el Cabildo y la Aduana los ataques que se llevaron, el gobernador contrajo con los revolucionarios el compromiso de amnistiarlos a todos y retirarse del Gobierno, delegándolo en su pariente y amigo, José M. Cullen.

Próximo a concluir el período, poco le importaba al gobernador delegar el cargo si de ese modo conservaba su valimiento político, ya que subsistían todas las autoridades que le eran fieles.

En el sur, las cosas ocurrieron de otra manera, pues el 24 de Diciembre, tras un sitio que duró un día, los revolucionarios entraron en Rosario y tuvo que huir el Jefe Político, doctor Martín Ruiz Moreno, principal sostenedor de la candidatura de Alsina.

El 1ro. de Enero llegó Oroño al puerto de Rosario y propuso a los revolucionarios que aceptasen el compromiso celebrado en la capital. Por un momento pudo creerse que la revolución terminaba pero, de repente, se avivaron las desinteligencias, tal vez por instigación del general Urquiza, y las negociaciones quedaron rotas. El 4 de Enero, Cullen renunció al cargo de gobernador delegado.

El 31 de Diciembre había arribado a Rosario el interventor, a bordo de un barco de guerra. Sin desembarcar, esperó el resultado de las negociaciones y, cuando éstas fracasaron, bajó a San Nicolás, llevando consigo a Oroño. Desde este punto, pidió al coronel Martínez que emplease las armas para dominar la revolución y, Rawson, aprobó la medida.

Entretanto, la prensa y los políticos porteños comentaban los sucesos de distinta manera, pronunciándose los autonomistas contra los revolucionarios y los nacionalistas contra la Intervención: preferían estos que se acrecentara con algunos votos el reducido caudal de Urquiza, con tal de que disminuyese la opulenta masa electoral de Alsina.

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