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Acción de Arredondo en Córdoba

La primera manifestación de cruda política electoral se produjo en Córdoba, al poco tiempo de sofocada la rebelión. Pasó por esa ciudad el ya general Arredondo, que se dirigía a La Rioja para vigilar la montonera.

La presencia de Arredondo tonificó y enardeció la oposición local. Luque sintió arreciar los vientos alzados contra él y, no hallando medio cierto de defensa y notándose disminuido desde la rebelión, presentó su renuncia en una nota que fue como un grito de alarma del viejo federalismo, que se veía cada hora más débil mientras el Gobierno Federal se afianzaba con el uso de sus atribuciones constitucionales y a veces con el abuso de ellas.

Los Gobiernos locales padecían de una insuficiencia de recursos casi perpetua, y esta mala situación se reflejaba desfavorablemente sobre la autonomía política.

Formaban el Tesoro Nacional -según el texto de 1853- los derechos de importación y exportación, la venta y el alquiler de las tierras fiscales, la renta de correos, los impuestos directos y los empréstitos y operaciones de crédito; todos los otros recursos eran provinciales.

La Convención porteña de 1860 propuso que los derechos de exportación fuesen nacionales sólo hasta 1866, en cuya fecha pasarían a ser de las provincias. La Convención Nacional aceptó en parte la propuesta, resolviendo que, desde la fecha citada, esos derechos no correspondieran a la Nación ni a las provincias, sino que desaparecieran.

Ahora bien; hacia 1865, los derechos de exportación constituían la tercera parte de las rentas nacionales y el núcleo gobernante, urgido por las imperiosas necesidades de la guerra, desechó la idea de desprenderse de ellos.

El Congreso convocó, pues, una Convención a los fines de la pertinente reforma, y ésta aprobó la iniciativa, figurando permanentemente desde entonces los derechos de exportación entre los recursos nacionales.

La reforma ocasionó muchas protestas. En la Cámara de Diputados, el representante por Buenos Aires, doctor Marcelino Ugarte, expresó que, gravando el Gobierno Federal la producción del país, las provincias quedaban sin materia imponible.

Sin autonomía en los gastos y los recursos es inconcebible la autonomía política; y el sistema de subvenciones a que se apelaba iba convirtiendo a las provincias en territorios nacionales e iba federalizando, no una provincia, sino todas ellas(1). En la propia Convención la reforma pasó por la escasa mayoría de tres votos.

(1) Cámara de Diputados, sesión de Mayo 21 de 1866. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Al gobernador Luque disgustó profundamente la reforma y así lo expresó en su renuncia. A su parecer, otros hechos cercenaban también las autonomías. El Gobierno Federal -por ejemplo- situaba tropas de línea en el territorio de las provincias y, en vez de ponerlas bajo la dirección de los gobernadores, las manejaba directamente, sin siquiera impartirles instrucciones para que protegiesen a los Gobiernos locales.

Para peor, los jefes se permitían apoyar a los partidos políticos, y aún dirigirlos en forma ostensible, no obstante una orden de abstención que había circulado el ministro de Guerra y Marina.

Frente a tales circunstancias, Luque se retiraba, a fin de que ocupase su sitio otro hombre cuya energía garantizase a la provincia contra los procónsules que derrocaban Gobiernos por cuenta de los aspirantes a la presidencia(2). Arredondo y Sarmiento eran los aludidos.

(2) Luque. Nota a la Legislatura (Octubre 21 de 1867), en: "El Progreso", Nro. 38, Octubre 22 de 1867. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La Legislatura se debía reunir el 21 de Octubre, o sea, el mismo día de la dimisión. Un público hostil llenaba la barra, y en él se destacaba Arredondo, rodeado de varios oficiales. El público exigía la aceptación de la renuncia y el nombramiento de un gobernador interino.

Los Diputados deseaban rechazarla, pero temían proceder de ese modo; de suerte que optaron por no celebrar sesión. Si creían aplazada la lucha, se equivocaban; pues el diligente Arredondo se entrevistó sin pérdida de momento con el gobernador y obtuvo de él que delegase el cargo en Félix de la Peña, ínterin la Legislatura pudiera designarle reemplazante(3).

(3) Decreto de Octubre 21 de 1867, en: "El Eco de Córdoba", Nro. 1.421, Octubre 22 de 1867. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El gobernador delegado nombró ministros a los doctores Luis Cáceres y Luis Vélez. La renuncia del titular quedaba mientras tanto sin aceptación, cosa que no produjo alarma en Peña, pues encontró la forma de impedir su rechazo, dejándola en suspenso indefinidamente.

Por decreto del 23 de Octubre, en efecto, declaró que la Legislatura muy difícilmente podría reunirse, “aún siquiera en quorum legal” (parece que pretendía una reunión en pleno), ya por ausencia de varios de sus miembros, “ya por el desgraciado fallecimiento de algunos otros”, ya -en fin- por la parte que ciertos diputados habían tenido en la rebelión última.

Además, en caso de nueva reunión, podría ocurrir que faltaran garantías tales que alejasen hasta la sombra de coacción popular... En consecuencia, el delegado resolvía reducir a tales y a cuales los asuntos de las sesiones de prórroga, sin mencionar entre ellos la renuncia de Luque(4). Satisfecho de esta actitud, Arredondo prosiguió su viaje a La Rioja.

(4) Peña. Decreto, en: "El Eco de Córdoba", Nro. 1.426, Octubre 24 de 1867. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Los Diputados cordobeses rehusaron el poco lucido papel que se les fijaba, y se abstuvieron de sesionar nuevamente. Tampoco incomodaron con ello al impertérrito delegado que, sin descender a explicaciones, convocó al pueblo a elección de una nueva Legislatura(5).

(5) Peña. Decreto de Noviembre 2 de 1867, en: "El Eco de Córdoba", Nro. 1.431, Noviembre 3 de 1867. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Trece Diputados pidieron la Intervención federal, protestando contra ese hecho(6); y el Ejecutivo desoyó la solicitud, tal vez porque considerase que el requerimiento no fue formulado en sesión de la Legislatura, sino en reunión particular y clandestina de algunos de sus miembros o, tal vez, porque conceptuara al episodio un simple conflicto de poderes, excluido desde 1860 de la competencia federal.

(6) José Severo de Olmos, Ramón Gil Navarro, etc., Nota al ministro Rawson (Noviembre 4 de 1867), en: "El Uruguay", Nro. 2.224, Noviembre 23 de 1867. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Para adoptar el primer criterio, existía el precedente de la negativa opuesta ante el pedido análogo que habían formulado, en 1864, varios legisladores de La Rioja.

Arredondo había procedido contra el gobernador para favorecer la candidatura de Sarmiento. Años después, sin embargo, Sarmiento -profundamente disgustado con Rawson y Arredondo- reprocharía al primero su pasividad frente a los sucesos de Córdoba, en los cuales, según su juicio, hubo razones para que se interviniera a objeto de castigar al jefe nacional y reponer al gobernador(7).

(7) Sarmiento. Discurso, en: "Senado", sesión de Julio 15 de 1875. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VIII: “El testamento político de Mitre”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

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