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Rawson contra el federalismo agresivo

Temíase menos a los colorados de Mendoza y a los montoneros de Varela que al Gobierno de Córdoba, cuya actitud parecía sobrado sospechosa. Apenas tuvo noticia de la revuelta mendocina, el vicepresidente Paz despachó un chasque a los Taboada para que, sin demora, reuniesen una división y la situasen sobre la frontera cordobesa(1).

(1) Paz. Carta al presidente Mitre (Noviembre 21 de 1866), en: Archivo del general Mitre, VI, 162. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A mediados de Enero de 1867, el gobernador de Santa Fe, Nicasio Oroño, aconsejó a su colega Luque que no comprometiese al pueblo en una aventura que tendría por fin la ruina de la provincia y una nueva derrota de los federales(2); y el mandatario cordobés, atendiendo el consejo, comunicó a sus colegas de las otras provincias que usaría de todos los medios para conjurar la anarquía, fiel al cumplimiento de sus deberes y pronto a sacrificarse por la patria(3).

(2) “Un santafesino, don Nicasio Oroño, apuntes biográficos”, (Buenos Aires, 1892), p. 25.
(3) Luque. Nota al gobernador Alsina (Enero 18 de 1867), Ms., en Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, Ministerio de Gobierno, 1867, expediente número 46. // Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Cuando la situación se tornó crítica, las desconfianzas renacieron y Santiago del Estero se encargó de vigilar estrechamente a su vecina del sur.

Al efecto, el gobernador de aquella provincia comunicó al de Córdoba que había mandado que el general Antonino Taboada se estacionase con una división respetable en un punto estratégico de la frontera, en salvaguardia de la seguridad interior de Santiago y cumpliendo órdenes del ministro de Guerra y Marina.

Esta división perfectamente armada y equipada -añadió el gobernador de Santiago del Estero al de Córdoba- tiene la misión de observar atentamente el desenvolvimiento de la traición en las provincias vecinas; y sea que los sucesos demanden su cooperación inmediata o que la previsión de lamentables eventualidades exija del general Taboada una actitud conforme con los grandes intereses que amenaza la rebelión triunfante en las de Cuyo, obrará, desde luego con energía y resolución, avanzando sobre la provincia del mando de vuecencia, dando oportuno aviso y corriendo donde el peligro lo llamase o repeliendo cualquier agresión de la traición armada(4).

(4) Ibarra. Nota al gobernador Luque (Febrero 5 de 1867), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 195. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Luque tuvo que sentirse aludido por su belicoso vecino. Apasionado e impetuoso, negó al gobernador de Santiago del Estero y al ministro de Guerra el derecho de lanzarse con fuerza armada sobre el territorio de la provincia, cada vez que pensasen o les conviniese pensar que la traición intentaba desenvolverse en ella; agregó que consideraría acto de guerra civil cualquier hostilidad y que sabría proceder en consecuencia; y comunicó su actitud a los Gobiernos de provincia, creyendo que defendía principios vitales y comunes a todos(5).

(5) Luque. Nota al gobernador Ibarra (Febrero 14 de 1867), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 198. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Obligado a mediar, el ministro del Interior se expidió, rectificando el concepto ya anacrónico que fija como objetivo de la intervención “el territorio de las provincias”. Rawson desechaba ese concepto primario y grosero, y supo emplear la doctrina cabal.

Declaró al efecto que ni la entrada en una provincia de milicias de otra, importa una invasión, siempre que el acto se realice por orden del Gobierno Federal y para objetos que interesen a la República, “ni en general la ocupación transitoria o duradera por las armas nacionales de un punto cualquiera del territorio provincial, significa un acto de intervención, toda vez que no lleve el intento de injerirse indebidamente en la Administración y régimen interno de la provincia”.

Para sentar esta conclusión, Rawson poseía sólido argumento: el precepto que erige al presidente en Comandante en Jefe de las fuerzas de mar y tierra y que lo faculta para disponer de ellas y para correr con su organización y distribución, según las necesidades públicas.

Esta facultad exclusiva del presidente -explicaba Rawson-, que él ejerce, según su propio criterio, para los fines de la seguridad general y de la defensa común, vendría a ser singularmente coartada y podría quedar anulada de todo punto si se admitiera la extraña teoría de que los Gobiernos de provincia tienen el derecho de conceder o negar el paso o la permanencia temporal de los ejércitos nacionales en su territorio(6).

(6) Rawson. Nota al gobernador Luque (Febrero 21 de 1867), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 201. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El argumento quedaba lanzado, apto para catequizar prosélitos. Cuatro días después, contó con uno bien representativo: Alsina, cuyos títulos ostentaban notoria limpieza para el caso. En vez de sentir vulnerados los derechos autonómicos, juzgó correcta la actitud santiagueña y no creyó que importase acto de intervención o guerra civil...(7).

(7) Alsina. Borrador de nota al gobernador Luque (Febrero 25 de 1867: Ms., en: Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, Ministerio de Gobierno, 1867, expediente número 128. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Luque debió expresar su conformidad con las ideas expuestas por Rawson, arguyendo que se habían entendido mal sus declaraciones y reparos.

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