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Campaña de Varela

Mientras la revolución de Mendoza se armaba sin llegar a la rebelión, un caudillo argentino asilado en Chile preparaba una invasión a La Rioja, definiendo su actitud rebelde aún antes de entrar en el país. En efecto: a fines de 1866 empezó a circular en las provincias una vigorosa proclama que suscribía el coronel Felipe Varela.

Quejábase éste de que la bandera que ondeó victoriosa desde Chacabuco hasta Ayacucho se arrastrase por los fangales paraguayos; vociferaba contra Buenos Aires, monopolizadora de la renta y déspota con las provincias, a las que desolaban sus agentes: Sarmiento, Sandes, Paunero, Campos e Irrazábal; y glorificaba a Urquiza, bajo cuya dependencia se proponía salvar la patria.

Su programa era la práctica estricta de la Constitución sin reformas, la paz con el Paraguay y la unión con las otras Repúblicas americanas(1).

(1) Varela. Proclama (Diciembre 6 de 1866), en: Francisco Centeno, “Virutas históricas”, II (Buenos Aires, Jesús Menéndez, 1929), p. 58. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Dos de las ideas que Varela explotaba -el odio a Buenos Aires y a la guerra- eran sustancia muchos espíritus y alimentaban la rebelión; Paunero había tenido que confiar sólo en las milicias porteñas, pues los provincianos desertaban para incorporarse al enemigo(2); y el Ejecutivo previó este hecho aún antes de producirse, y tal era su certidumbre que reclamaba la vuelta de las tropas enviadas por Buenos Aires al Paraguay, aconsejando que las procedentes de otros puntos quedasen en el extranjero(3).

 

(2) Paunero. Carta al ministro Rawson (Febrero 9 de 1867), en: Archivo del general Mitre, V, 42.
(3) Elizalde. Carta al presidente Mitre (Enero 18 de 1867), en: Archivo del general Mitre, V, 155. // Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

 

La tercera idea era hija del exclusivo pensamiento de su autor, pues el propósito de reconstruir el antiguo Virreinato del Río de la Plata había muerto desde muchos años antes en los espíritus sensatos.

A la voz de Varela, los montoneros riojanos resurgieron. El gobernador delegado, San Román, adoptó medidas para contenerlos, al parecer eficazmente. El general Paunero, durante su estada en San Luis, resolvió que el comandante Irrazábal fuese a La Rioja para colocar la provincia en estado de defensa.

Irrazábal efectuó la travesía acompañado de una escolta de diez hombres y, al llegar a su destino, el gobernador delegado le confió el mando de las milicias. La presencia del jefe nacional indignó a los riojanos, que recordaban la muerte de su viejo caudillo.

A mediodía del 2 de Febrero de 1867, se amotinaron los tres batallones de las milicias movilizadas, dirigiéndose a la casa del gobernador quien, en esos momentos, escapaba en ancas del caballo del comandante Vera(4).

(4) Guillermo San Román. Nota al ministro Rawson (Febrero 7 de 1867), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 218. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En los suburbios se unió Irrazábal a los fugitivos, y los tres continuaron rumbo a Catamarca, perseguidos de cerca por los amotinados. Jefe de estos era el comandante de uno de los batallones, un carnicero llamado Gabriel Martínez, gaucho sin ningunas letras.

Después del motín, Martínez se sentó tranquilamente a tomar mate en la puerta del cuartel, situado frente a la plaza, poco dispuesto a adoptar nuevas medidas. Un vecino le advirtió que corresponda reconocer como gobernador al presidente de la Legislatura, que se hallaba en la plaza presenciando los acontecimientos.

Sin incomodarse él mismo, Martínez encargó a uno de sus agentes que se pusiese al habla con dicho funcionario. El agente cruzó la plaza y al rato regresó criticando al presidente de la Legislatura, porque había rehusado decirle qué ministro pensaba nombrar. Entonces Martínez reunió -en el atrio de la Iglesia Matriz- a unos quince o veinte oficiales de milicias, que eligieron gobernador provisorio a Francisco Alvarez, sin labrar acta alguna(5).

(5) Salvador De la Colina, “Crónicas riojanas y catamarqueñas”, p. 85, (Buenos Aires, J. Lajouane y compañía, 1920). El doctor Colina, muy joven entonces, fue testigo de estos acontecimientos. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Así de simples eran, en aquella época, los procedimientos revolucionarios y electorales.

Por primera providencia, el nuevo mandatario comunicó al ministro del Interior que el motín carecía de tendencia reaccionaria, sin ánimo siquiera de derrocar las autoridades provinciales, y que se propuso únicamente resistir la designación de Irrazábal; no habiendo Legislatura, el Gobierno sería entregado a las autoridades ausentes tan pronto como regresaran(6).

(6) Alvarez. Nota al ministro Rawson (Febrero 3 de 1867), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 215. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Rawson contestó que desconocía la autoridad del provisorio, pero que podía continuar gobernando mientras no llegasen las fuerzas nacionales que irían a castigar a los culpables.

Alvarez renunció el cargo al leer tan brava respuesta, y los paisanos que lo habían designado, entre quienes se mezclaban ya montoneros famosos, buscaron un reemplazante de más coraje.

Halláronlo enseguida, y asumió el Gobierno Carlos Angel, cuyo solo nombre significó una definición clarísima. El mandatario ofreció a Varela todo su apoyo, y la provincia apareció a la cabeza de una nueva rebelión.

El ministro del Interior participó a San Román la resolución de restituirlo a su cargo. El Ejecutivo se disponía a reponerlo, prescindiendo del consabido decreto de Intervención, afirmando la doctrina de que sofocar la rebelión en una provincia no significa intervenir en ella, aun cuando el movimiento hubiese derribado las autoridades locales, cuyo automático restablecimiento constituiría un accidente y no el fin de la acción federal.

Para combatir la rebelión riojana, el Ejecutivo se valió de los gobernadores de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca, a quienes encomendó la tarea de ocupar la provincia de La Rioja hasta tanto sus Poderes Públicos pudiesen funcionar desembarazadamente(7).

(7) Rawson. Nota circular a los gobernadores (Febrero 19 de 1867), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 228. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El Ejecutivo mantenía relaciones normales con los Gobiernos de Tucumán y Santiago del Estero; pero en Catamarca gobernaba Espeche, designado por la Legislatura, que se alzó contra el Interventor Federal, conforme antes se ha referido.

¿Importaba la comisión que se asignaba a Espeche un reconocimiento de su investidura y un olvido del desaire sufrido en la persona del comisionado? Rawson lo negó.

El Ejecutivo se limitaba a admitir un ofrecimiento de servicios en instantes de crisis para todos. Desconocía a Espeche como gobernador de Catamarca, pero lo aceptaba como a un comandante militar que contribuía a la defensa común con los elementos de su provincia(8).

(8) Rawson, Discurso, en: “Senado”, sesión de Julio 6 de 1867. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

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