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Rebelión nacional

Puestos a escoger entre la sumisión y la rebelión, los revolucionarios mendocinos habían ya optado por ésta; mientras organizaba una nueva Legislatura, Rodríguez tomó el título de Director de la Guerra, bien avenido a su carácter teatral y majestuoso; el coronel Videla fue autorizado para dirigir la ofensiva contra San Juan y el general Juan Saa, venido ex profeso desde Chile, se encargaba de estudiar la conquista puntana.

Algunos creyeron que en realidad los sediciosos no pudieron tomar otro camino frente al silencio del comisionado, suplido por el gran aparato de fuerzas que se aglomeraban sobre la provincia(1).

(1) Carlos Paz, “Datos para la historia del año 1867” (Rosario, El Ferrocarril, 1867), p. 9. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 8 de Enero de 1867, mientras firmaba la respuesta al gobernador revolucionario, Paunero recibió la noticia de un desastre acaecido en San Juan. En efecto: tres días antes, las fuerzas mendocinas invasoras, compuestas de unos dos mil hombres, derrotaron en la Rinconada del Pocito a las sanjuaninas y riojanas que mandaba el coronel Campos.

Como en 1860, la Rinconada resultaba fatal para los sanjuaninos. El coronel Campos apenas pudo reunir -después del desastre- unos doscientos dispersos, y emprendió la retirada hacia San Luis, y el gobernador Rojo huyó de la Capital el día de la derrota, abandonándola al saqueo de los vencedores.

El jefe victorioso asumió la dirección de la provincia hasta el día 11, en que la Legislatura designó un gobernador interino. Este duró poco tiempo, pues Videla lo obligó a renunciar y volvió a ejercer personalmente las funciones gubernativas.

Justamente alarmado por los nuevos sucesos, el vicepresidente publicó la solemne declaración del 19 de Enero, suscripta por el Gabinete en pleno, por la cual declaró rebeldes y traidores a los revolucionarios mendocinos y a cuantos en cualquier punto del país participaran de movimientos anárquicos o los estimularan, añadiendo que todos serían sometidos por la fuerza y juzgados con la mayor severidad.

Ministerio del Interior

Buenos Aires, Enero 19 de 1867

Resultando de los informes recibidos por el Poder Ejecutivo:
1.- Que los sediciosos que derrocaron las Autoridades constituidas de la Provincia de Mendoza el 9 de Noviembre pasado han ejercido una serie de actos que importan el desconocimiento de la Autoridad Nacional, poniendo en práctica en aquella Provincia, todo género de agravios contra el derecho común, armando y equipando por la violencia un Ejército considerable, aún después de tener conocimiento oficial de que el Gobierno de la Nación, requerido por las Autoridades depuestas, enviaba su intervención a la Provincia, embarazando y haciendo imposible la ejecución de las Leyes Nacionales en aquel territorio, violando y deteniendo el curso de la correspondencia pública, destacando partidas de sus fuerzas sobre las Provincias limítrofes y cometiendo en fin el criminal atentado de invadir a mano armada la Provincia de San Juan, de atacar las Fuerzas Nacionales y Provinciales que por orden superior estaban colocadas allí para su defensa, de derrocar las Autoridades legales de la misma y de romper con todos los respetos de la Ley, poniendo a merced de la más desenfrenada licencia las instituciones políticas y sociales que hacen la garantía de un pueblo culto;
2.- Que desde territorio extraño ha invadido al de la República un grupo de hombres armados, encabezados por Felipe Varela, con el propósito deliberado de convulsionar desde luego las Provincias del Oeste y de atentar contra la subsistencia de la Autoridad política de la Nación, proclamándolo así el invasor en el manifiesto con que ha abierto su campaña de crímenes;
3.- Que al mismo tiempo se han levantado en la Provincia de La Rioja algunas montoneras, las cuales, aun cuando como otras veces han hecho sentir sus primeros pasos por la perpetración de delitos comunes contra la vida y contra la propiedad, asumen en esta ocasión un carácter político por las relaciones en que se muestran con los hechos y personas referidas;

Y considerando:
1.- Que la ejecución de tales actos por parte de los revolucionarios de Mendoza despoja la sedición de la aparente forma de una revolución local con que al principio se presentó vestida, al paso que la combinación en que aparece con los otros hechos mencionados le imprimen evidentemente el carácter de una rebelión contra la Nación, manifestándose como la parte de un vasto plan para subvertir el orden constitucional existente;
2.- Que uno de los objetos de ese plan es el de distraer la atención y los recursos de la Nación, que deben consagrarse totalmente al triunfo de nuestra bandera en la justa guerra que el país sostiene contra el Gobierno del Paraguay y prestar, por este medio, eficaz ayuda y socorro a los enemigos exteriores de la Patria;
3.- Que corresponde al Gobierno establecer con claridad la posición en que los anarquistas están colocados respecto a la Constitución y las Leyes Nacionales y es su deber sagrado el restituir cuánto antes las Provincias y los ciudadanos oprimidos por la sedición al goce de la paz y de las instituciones locales que están bajo la salvaguardia de la Nación, empleando para ese fin la plenitud de sus facultades y medios constitucionales y sujetando a los criminales al fallo de la Justicia,

El Vicepresidente de la República, en ejercicio del Poder Ejecutivo,
Y en uso de sus facutades,

Declara:

1.- Todos los individuos que hayan tomado o tomaren parte en la ejecución de los atentados cometidos por los revolucionarios de Mendoza, desde el 9 de Noviembre de 1866 en adelante, los que acompañan en su invasión a Felipe Varela o se plegasen después a ellos, los autores y sostenedores de la montonera de La Rioja y todos los que en cualquier punto del territorio sujeto a la jurisdicción nacional contribuyan con actos deliberados a estimular, fomentar o mantener aquel estado de anarquía, serán considerados como rebeldes y traidores a la Nación y sometidos por la fuerza como tales a la Justicia Nacional para ser juzgados con toda la severidad de las Leyes.
2.- Por los Ministerios respectivos se tomarán las convenientes disposiciones para que la presente Declaración produzca sus efectos, la que será también comunicada a los Gobiernos de las Provincias con el mismo fin.

PAZ
Guillermo Rawson, Rufino de Elizalde, Eduardo Costa,
Lucas González, Julián Martínez

Pocos días después, Paz envió a Rosario al ministro interino de Guerra y Marina, coronel Julián Martínez, a fin de que siguiese de cerca la rebelión y adoptase las medidas necesarias para aplacarla. El Acuerdo de Enero 26 de 1867 es el que sigue:

Departamento del Interior

Buenos Aires, Enero 26 de 1867

Con el fin de proveer más de cerca y con mayor eficacia a la urgente necesidad de suprimir por la fuerza de las armas la rebelión criminal que se ha levantado en las Provincias de Cuyo y que puede pretender propagarse en alguna de las otras,
El Vicepresidente de la República, encargado del Poder Ejecutivo,

Ha acordado:

Que el Ministro de la Guerra y Marina, Coronel don Julián Martínez, se traslade inmediatamente a la ciudad del Rosario y que, en nombre y representación del Gobierno Nacional, adopte las medidas conducentes a asegurar el éxito de la operación u operaciones militares que tengan por objeto sofocar dicha rebelión y sujetar a sus autores al castigo de la Ley, para lo cual se le delegan por el presente Acuerdo, todas las facultades que el Poder Ejecutivo puede delegar constitucionalmente, pudiendo el Ministro en comisión desempeñarlas desde la ciudad del Rosario o trasladarse a otro punto donde el mejor servicio de su comisión lo reclamare.

A los efectos consiguientes, comuníquese a quienes corresponda y dése al Registro Nacional.

PAZ
G. Rawson

Con estas resoluciones, el Ejecutivo insistía en la doctrina inaugurada en 1863, en cuya virtud prescindía de las intervenciones en los casos de rebelión de pueblos, procediendo a extirparla directamente en cualquier punto en que estallase.

La existencia del Gobierno Provincial y la independencia de su acción administrativa dentro de los límites de sus atribuciones -explicó luminosamente Rawson- son perfectamente compatibles con la acción política y militar que la Nación ejerce por medio de su representante para los fines de la pacificación de las provincias, en virtud de las relaciones directas del Gobierno General para con todos los individuos que forman la Nación(2).

(2) Rawson. Instrucciones al comisionado Paunero (Abril 23 de 1867), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 158. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Asentábase, en esta forma, una nueva base del federalismo argentino, echándose por tierra los conceptos prevalentes en 1853 y 1860, que exigían que la autoridad nacional se manifestase a través de la provincial, por conducto de los gobernadores, sus agentes naturales.

Los días en que estas resoluciones se dictaban, fueron de ansiedad para el Gobierno. La noche del 14 de Enero, tan pronto como se enteró de las novedades últimas, el vicepresidente reunió a los ministros en su propia casa, para proveer las medidas de urgencia y, desde allí mismo, Rawson escribió al presidente reclamándole -con toda formalidad- su ayuda.

Dueña, la rebelión, de las dos provincias más ricas del Oeste, convulsionada La Rioja, Catamarca sin medios ni voluntad de resistir el torrente, Tucumán dividida y pronta a caer en manos de los federales y -antes que todas- Córdoba solapadamente hostil: tal era el cuadro de la República en esos momentos, cuadro que exigía indispensablemente el regreso de dos o tres mil veteranos(3).

(3) Rawson. Carta al presidente Mitre (Enero 14 de 1867), en: Archivo del general Mitre, V (Buenos Aires, Biblioteca de “La Nación”, 1911), p. 32. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El vicepresidente esperó el transcurso de dos días para serenarse y, al cabo, escribió a Mitre una carta casi compulsiva.

Siempre había creído Paz que el Jefe de un Estado no puede abandonar sus funciones por largo lapso, sin exponer el país a dificultades de todo género y a la peor de todas las desgracias, la anarquía; pero, entonces, con la experiencia de un largo interinato, su creencia se transformó en convencimiento, a punto de que, si estuviese en sus manos, prohibiría la salida del presidente.

Por lo demás, Mitre fue elegido para gobernar la República y no para mandar Ejércitos fuera de ella. Al interino poco se le obedecía. Probábalo el general Paunero, que no había cumplido la orden de imprimir más rapidez a su marcha. “En resumen, amigo -concluyó Paz-, yo no gobierno; es preciso que venga usted a hacerlo(4).

(4) Paz. Carta al presidente Mitre (Enero 16 de 1867), en: Archivo del general Mitre, VI, p. 184. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Paunero avanzó despaciosamente sobre Mendoza, situándose el 21 de Enero en el límite de esa provincia. Allí permaneció tres días, hasta que emprendió la retirada a marchas forzadas, sabedor de que el coronel José Felipe Saa había sublevado casi todos los Departamentos puntanos.

Ausentes las fuerzas nacionales, San Luis quedó a merced de los rebeldes que, desde Mendoza, enviaron una expedición para dominarla.

El 25 de Enero, el gobernador Mauricio Daract delegó el cargo en el presidente de la Legislatura y se retiró confiadamente a su casa. El delegado trató de contener a los invasores, comunicándoles que debían confiar en su Gobierno, que nada de común tenía con el antecesor...; pero aquéllos rechazaron tales manifestaciones y el 27 de Enero ocuparon la Capital.

Acto continuo obligaron al delegado a retirarse, detuvieron al gobernador Daract y lo remitieron encadenado a Mendoza, junto con su hermano, el senador nacional, don Justo.

El 3 de Febrero, unos cuantos sujetos designaron gobernador provisorio al coronel Saa. Una hoja impresa publicada en esos días atacó con furia a los hombres del Gobierno Federal, a sus agentes del Interior, a la Triple Alianza y a los partidarios de la guerra, anunciando que la oscura revolución de presos iniciada en Mendoza, pondría término al poder oprobioso que se había enseñoreado del país desde la carnicería de la Cañada de Gómez(5).

(5) “La revolución en San Luis”, en Juan W. Gez. “Historia de la provincia de San Luis” (1916), p. 154. Ed. J. Weiss y Preusche p. 216. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Lleno de audacia, Saá se puso en persecución de Paunero, hostilizándolo constantemente, hasta que el 31 de Enero éste le presentó combate en la Pampa de Portezuelo, donde lo derrotó causándole doscientas bajas. Más tranquilo, Paunero prosiguió la retirada y se detuvo en Río Cuarto.

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