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Disensiones entre liberales en Catamarca

Antes de que ocurriese el desastre de Curupayty, Catamarca se halló envuelta en perturbaciones planteadas exclusivamente entre políticos liberales. El comandante Maubecín había logrado gobernar por más de dos años con mano de hierro, imponiéndose tanto a los liberales de la campaña -propensos siempre a correr el albur de los pronunciamientos- como al extenso círculo federal, que concebía el orden con la presencia de los antiguos caudillos.

Las dificultades se presentaron al finalizar el período del gobernador, y se pudo advertir en ellas la influencia de Tucumán y Santiago del Estero, cuyos caudillos pretendían tener como satélite a Catamarca.

Provenía Maubecín de la tendencia vinculada a la segunda provincia. Dadas las costumbres de la época, de no triunfar los opositores por la revolución, el Gobierno continuaría en poder de aquella tendencia.

El 25 de Enero de 1866 debió sublevarse el Jefe de Policía, Decoroso Galíndez, aprovechando una momentánea ausencia del gobernador. Descubierta la conspiración y detenidos los cómplices, uno de estos declaró que el movimiento contaba con el apoyo del cura Campo -que de gobernador de Tucumán, había pasado a desempeñar el cargo de ministro de la misma provincia- y del senador nacional, general Rojo(1).

(1) Donato Robin. Sentencia de Febrero 23 de 1866, en: Documentos oficiales relativos a la cuestión entre los Excelentísimos Gobiernos de Catamarca y Tucumán (Catamarca, Imprenta del Pueblo, 1866), p. 9. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El Gobierno de Catamarca protestó ante el de Tucumán por la complicidad del clérigo; y el Gobierno inculpado negó la imputación y declaró rotas las relaciones entre ambas provincias(2).

(2) José Posse. Nota al gobernador Maubecín (Abril 7 de 1866), en: Documentos oficiales relativos a la cuestión entre los Excelentísimos Gobiernos de Catamarca y Tucumán (Catamarca, Imprenta del Pueblo, 1866), p. 12. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

No obstante los trece años de vida constitucional, las provincias continuaban tratándose como Estados independientes y se permitían el lujo de llegar hasta la ruptura de relaciones, olvidando el precepto que las obliga a someter sus quejas a la Corte Suprema.

Descubiertas sus intenciones, los opositores levantaron la bandera de la legalidad, sosteniendo que el gobernador pretendía prorrogar su mandato hasta después del 13 de Junio, tercer aniversario de su nombramiento en carácter provisorio.

Maubecín sostenía, con pleno derecho, que la caducidad debía producirse el 31 de Agosto, o sea, a los tres años de la designación como propietario. A fines de Mayo se levantaron en armas dos Departamentos limítrofes con Tucumán, bajo la dirección del coronel Melitón Córdoba.

El gobernador recabó ayuda de su colega de Santiago del Estero, asegurándole que los revolucionarios obraban por instigación del ministro de la vecina provincia: la intervención de Campo justificaría la de Taboada.

Decía Maubecín que, “los Gobiernos de provincia se deben mutuo apoyo, en casos como el presente, pues así lo prescribe nuestra Carta Fundamental”, pero omitió expresar cuál de los artículos de la Constitución enuncia ese apoyo... Y confiaba en que si Santiago no pudiese ayudarlo a sofocar la revolución, se encargara por lo menos de mantener el orden en los Departamentos que limitan con esa provincia, servicio que esperaba del patriotismo del Gobierno amigo y de su interés por “conservar la tranquilidad en el Interior de la Nación(3).

(3) Maubecín. Nota al gobernador Ibarra (Mayo 15 de 1866), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 2. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Era por entonces gobernador de Santiago del Estero, Absalón Ibarra; pero el insustituible don Manuel Taboada lo acompañaba como ministro, para aliviarlo de toda tarea. Conocedor de la ley, éste negó el apoyo que se pedía, aunque sin renunciar su función de superior vigilancia.

Recordando el precepto de que las provincias no pueden levantar ejércitos, salvo ante una invasión externa o un peligro tan inminente que no admita dilación, el Gobierno de Santiago juzgaba no haber llegado ninguno de esos casos, pues la revolución catamarqueña se presentaba como puramente local; pero si el movimiento adquiriese mayores proporciones y amenazase turbar la paz de la República, procurando un cambio político en ella, entonces sí concurriría con todos sus elementos adonde las circunstancias lo exigieran(4).

(4) Ibarra. Nota al gobernador Maubecín (Mayo 22 de 1866), en: Memoria del Interior correspondiente a los años 1867 y 1868, etc., p. 4. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Complacido profundamente al comprobar cómo se cimentaban las buenas doctrinas, el ministro Rawson aprobó la conducta del Gobierno de Santiago del Estero, si bien agregando que ella no podía ser otra dentro de los límites que fijan las normas constitucionales(5).

(5) Rawson. Nota al gobernador Ibarra (Junio 7 de 1866), en: Memoria del Interior correspondiente a los años 1867 y 1868, etc., p. 6. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Maubecín disponía de fuerzas suficientes para defenderse sin ayuda extraña. Organizó, pues, algunas tropas y salió en busca de los revolucionarios, confiando el Gobierno a su cuñado, Miguel Molina, bajo la custodia de una guarnición compuesta por setenta hombres.

El coronel Córdoba eludió hábilmente todo choque, temeroso de su derrota, y entró por sorpresa en la Capital en la mañana del 2 de Julio, abriendo fuego sobre el Cabildo y rindiéndolo mediante el soborno del jefe de la defensa. Cayeron prisioneros el gobernador delegado, dos hermanos de Maubecín y el presidente del Tribunal de Justicia.

Acto continuo, el jefe revolucionario los colocó a los cuatro sobre un patíbulo, frente a un piquete listo para fusilarlos en el momento en que el gobernador volviese. La esposa de Molina salió al encuentro de su hermano el gobernador y consiguió que abandonase la lucha. Maubecín se radicó desde entonces en Santiago, donde cambió las funciones de Gobierno por las menos enojosas de mayoral de mensajería(6).

(6) Manuel Soria, “Fechas catamarqueñas”, tomo I (Catamarca, Tipografía Propaganda, 1920), p. 270. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Dueño de la situación, Córdoba reunió un grupo de vecinos para que declararan caducas las autoridades y lo nombraran a él en carácter de gobernador provisorio, con cargo de organizar nuevos Poderes. Luego convocó al pueblo a elección de diputados y electores y, el 30 de Agosto, pasó a ser gobernador propietario.

Por nota del mes de Julio, Maubecín había requerido -desde Santiago- la intervención federal, a objeto de que fuesen repuestos los tres Poderes. El vicepresidente pasó el requerimiento al Senado, por medio de los mensajes del 23 y 24 de Julio.

Sometido a estudio de Comisión, los miembros de ésta -Abel Bazán, Félix Frías y Tadeo Rojo- tardaron cerca de un mes en producir despacho. La demora obedeció al propósito de no reponer a Maubecín, cuyo período concluía, porque se pensaba que ello podía provocar una revolución estéril y peligrosa(7).

(7) Rojo. Discurso, en Senado, sesión de Agosto 23 de 1866. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Al formular este juicio, de todo punto superfluo, la Comisión cometió un error constitucional, pues es evidente que ningún derecho podría subsistir si las sanciones previstas para garantirlos se postergaran más allá del término necesario.

También parece indudable que el motivo de conveniencia que alegaba, no puede primar sobre el muy fundamental de hacer efectiva la Constitución. La inútil enunciación de este juicio sólo sirvió, pues, para enmarañar aún más una materia ya harto complicada.

Otro punto de mucha importancia dilucidó la Comisión: el de saber si el Gobierno Federal debe acceder forzosamente al requerimiento de las autoridades amenazadas o depuestas. La Comisión, por unanimidad de votos, consideró que lo que a primera vista aparenta un deber estricto, implica en realidad un derecho, que debe ejercerse antes del cumplimiento de la obligación.

Ahora bien; este juicio previo no queda librado al capricho del Gobierno Federal, sino que está sujeto a hechos objetivos y predeterminados. El artículo 5to. fija las condiciones bajo las cuales la Nación presta su garantía a las provincias; de modo que antes de accederse al requerimiento de las autoridades, hay que comprobar -en cada caso- la efectividad de esas condiciones, dependiendo de ello el acordar o negar la ayuda.

Impedir al Gobierno Federal el ejercicio de esta libertad de criterio -concluía la Comisión- importaría convertirlo en un ente mecánico, condenado a obrar por voluntad ajena(8).

(8) Rojo, Discurso, en Senado, sesión de Agosto 23 de 1866.// Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La Comisión estableció esta doctrina sin que necesitara utilizarla, pues su dictamen fue favorable a las autoridades depuestas en Catamarca. La expuso, posiblemente, con motivo de un movimiento de duda que un mes atrás agitó a las esferas oficiales.

En efecto: cuando el gobernador Ferreyra fue derrocado en Córdoba, transcurrieron doce días sin que se supiese si ese mandatario pediría la intervención o presentaría la renuncia; finalmente, optó por este segundo camino.

De haber adoptado el otro temperamento, se le hubiese podido aplicar la doctrina que la Comisión desarrollaba, denegándosele el apoyo federal; y esto en vista de que el ministro Rawson había declarado solemnemente que el Gobierno de Ferreyra contravenía las condiciones del artículo 5to., porque no aseguraba la Administración de Justicia.

Mitre habría adherido en lo esencial a esa doctrina, pues pensaba que la reposición de Ferreyra constituiría un escándalo, ya que después del asesinato de Posse y de lo acaecido a Rawson, aquél estaba fuera de las normas constitucionales(9). Y es dable creer que Paz también se acogiese a ella, pues nunca pensó reponer al gobernador depuesto(10).

(9) Mitre. Carta al vicepresidente Paz (Agosto 3 de 1866), en: Archivo del general Mitre, VI, 115.
(10) Paz. Carta al presidente Mitre (Agosto 7 de 1866), en: Archivo del general Mitre, VI, 116. // Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Decidida por el Senado la intervención, el proyecto pasó a la otra Cámara, donde el diputado catamarqueño, Marcelino Augier, intentó defender la inviolabilidad del Gobierno surgido de la revuelta, tal como en 1860 los liberales habían defendido al Gobierno sanjuanino, que reconocía el mismo origen.

Augier expresó que las autoridades de Catamarca estaban constituidas, pues funcionaban los tres Poderes, y que derribarlos significaba atacar la autonomía de la provincia. A su juicio, nada debía intentarse contra los hechos consumados, siendo un despropósito desbaratar un orden ya establecido.

El ministro Rawson se opuso enérgicamente a tales pretensiones, manifestando que la doctrina de los hechos consumados, aplicada a las revoluciones, era la más funesta que pudiera imaginarse.

La subsistencia de un Gobierno como el establecido en Catamarca, importaba un aliento al espíritu revolucionario, una justificación de los actos que pudieran ser afortunados en el terreno de la violencia(11).

(11) Cámara de Diputados, sesión de Septiembre 28 de 1866. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Rawson reproducía, pues, ideas que los gobernantes de Paraná habían formulado y aplicado: la revolución no puede fundar un orden legítimo; los hechos consumados carecen de valor constitucional; el Poder Federal interviene cuando caen en una provincia las autoridades legalmente constituidas...

Estas ideas eran ajenas al sentir de Mitre. El presidente hablaba del escándalo y oprobio que en tales momentos significaban las revoluciones, y se decidía por la injerencia federal, temeroso de que el mal ejemplo cundiera en otros pueblos, aunque anotaba como obstáculo el hecho de que Maubecín no la hubiese pedido en tiempo oportuno, creyéndose fuerte para dominar la revuelta(12).

(12) Mitre. Carta al vicepresidente Paz (Agosto 3 de 1866), en: Archivo del general Mitre, VI, 115. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Mitre insistía, pues, en sostener el principio de que carece de derecho a la ayuda el gobernador que, en vez de requerirla desde el primer instante, resuelve combatir la revuelta con sus propios medios.

Creía que a los sediciosos asiste el derecho de constituir un régimen respetable y de que la intervención sólo procede desde el instante del requerimiento hasta aquel otro en que surge un nuevo Gobierno, todo seguramente por acatamiento al principio que asegura a las provincias la facultad de elegir sus autoridades sin injerencia extraña.

El 4 de Octubre se promulgó la ley de intervención. Gran importancia revisten sus preceptos, pues por obra de diversas causas, su destino fue reglar todos los casos que se presentaron hasta la conclusión del período presidencial de Mitre.

La ley erigió el principio de que se intervenía para restablecer las autoridades constituidas. Cierto es que no podría reponerse al gobernador que solicitó el socorro, porque su mandato había expirado; pero sí a la Legislatura, cuya disolución explicaba y suplía su silencio, y a los jueces, que tampoco demandaron la ayuda.

La ley disponía luego que, a falta de gobernador, la acefalía se subsanara de acuerdo con la Constitución local, y que únicamente en caso de no haber ésta previsto nada, el Ejecutivo designara gobernador provisorio a algún ciudadano de la provincia a fin de que presidiese los actos estrictamente indispensables para la reorganización de los Poderes.

El Comisionado no podría desempeñar el cargo de gobernador provisorio ni asumir el Gobierno por ningún motivo o pretexto. El Ejecutivo cuidaría de agotar los medios pacíficos antes de acudir a los violentos, podría movilizar las milicias necesarias y gastar los fondos indispensables e instruiría al Congreso de los trámites y resultados de la intervención. El texto de la ley Nro. 201, segunda serie, es el sigue:

El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina, reunidos en Congreso, etcétera, sancionan con fuerza de

Ley:

Art. 1.- Autorízase al Poder Ejecutivo para intervenir en la Provincia de Catamarca con el objeto de restablecer las Autoridades Constitucionales.
Art. 2.- En caso de acefalía imprevista por la Constitución de la Provincia, el Poder Ejecutivo usará de esta misma autorización, designando algún ciudadano a fin de que, con el carácter de Gobernador Provisorio, presida los actos estrictamente indispensables para reorganizar los Poderes Públicos conforme a su Constitución.
Art. 3.- El Comisionado que el Poder Ejecutivo nombre a los fines de esta Ley, preferirá los medios pacíficos y los simplementes conminatorios antes de acudir al recurso extremo de las armas.
Art. 4.- El uso de aquellos medios no excluye el apresto de la fuerza que la intervención pudiera requerir.
Art. 5.- En todo caso, para que el empleo de la fuerza sea justificado, jamás dejará de preceder una intimación al menos por parte del Comisionado.
Art. 6.- El Comisionado no asumirá el Gobierno de la Provincia.
Art. 7.- El Poder Ejecutivo queda autorizado para movilizar la Guardia Nacional que considere necesaria para la ejecución de esta Ley.
Art. 8.- Está igualmente autorizado para hacer los gastos que ella demande.
Art. 9.- El Congreso será instruido del estado o del resultado de la intervención oportunamente si se halla en sesión o, inmediatamente después de la apertura del próximo período legislativo.
Art. 10.- Comuníquese al Poder Ejecutivo.

Dada en la Sala de Sesiones del Congreso Argentino, en Buenos Aires, a los veintiocho días del mes de Septiembre de mil ochocientos sesenta y seis.

                          VALENTIN ALSINA                   JOSE EVARISTO URIBURU
                            Honorio H. Gómez                                Ramón B. Muñiz
                      Prosecretario del Senado          Secretario de la Cámara de Diputados

Departamento del Interior

Buenos Aires, Octubre 4 de 1866

Cúmplase como Ley de la República, publíquese e insértese en el Registro Nacional.

PAZ
Guillermo Rawson

La ley no dispuso el estado de sitio, porque estaba en vigor en toda la República con motivo de la guerra. El proceso de la intervención fue, en extremo, lento y laborioso. El 13 de Octubre, Paz nombró comisionado al senador Plácido Sánchez de Bustamante.

Departamento del Interior

Buenos Aires, Octubre 13 de 1866

Para hacer efectiva la disposición contenida en el artículo 6to. de la Constitución Nacional, y para dar cumplimiento a la Ley de 4 del corriente mes, que autoriza al Poder Ejecutivo para intervenir en la Provincia de Catamarca a los efectos constitucionales,
El Vicepresidente de la República, en ejercicio del Poder Ejecutivo,

Ha acordado y decreta:

Art. 1.- Nómbrase al Senador don Plácido S. de Bustamante con el carácter de Comisionado Nacional para que en nombre y representación del Presidente de la República intervenga en la Provincia de Catamarca, con el objeto y en la forma que la Constitución y la Ley mencionada determinan.
Art. 2.- El Comisionado tendrá todas las facultades que al Ejecutivo Nacional corresponden en los actos relativos a la intervención.
Art. 3.- Extiéndanse las instrucciones acordadas, comuníquese este Decreto a quienes corresponda, publíquese y dése al Registro Nacional.

PAZ
Guillermo Rawson

El mismo día firmó las precisas y atinadas instrucciones redactadas por Rawson.

Al arribar a la provincia, el Comisionado se entendería con el coronel Córdoba, a efectos de que las cosas volviesen al estado en que debieron hallarse al día siguiente de la revolución, desapareciendo la nueva Legislatura y el nuevo gobernador propietario.

Acto continuo, el Comisionado designaría un gobernador provisorio, siempre que faltase en la provincia el funcionario llamado por la Constitución a proveer la acefalía o que tal proeedimiento originase inconvenientes graves para la paz pública o para el buen éxito de las gestiones.

Si la Legislatura que se debía reponer contase con quorum, a ella le corresponde designar gobernador interino; y el comisionado influiría por alejar de sus decisiones el espíritu de partido y los propósitos de persecución y venganza. Si la Legislatura careciese de quorum, habría que completarla por medio de los correspondientes comicios, aprovechándose estos para elegir a la vez los electores de gobernador.

Finalmente, el Comisionado consultaría con el ministro del Interior cualquier otra dificultad que no pudiese resolver sin el empleo de las armas(13).

(13) Instrucciones, en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 27. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La actuación de Sánchez de Bustamante en Catamarca fue tan poco feliz como la que desarrolló seis años antes en La Rioja. Al recibir el nombramiento, se hallaba en Córdoba; contestó aceptándolo; y luego transcurrió el tiempo sin que a Buenos Aires llegaran noticias suyas.

Más, al cabo, se recibió una nota del Comisionado, ¡fechada en Jujuy!, en la que anunciaba que en lugar de ir a Catamarca había juzgado prudente dirigirse a su provincia natal, porque le habían llegado rumores de una invasión del presidente de Bolivia...(14).

(14) Sánchez de Bustamante. Nota al ministro Rawson (Diciembre 2 de 1866), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 33. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Entretanto, el coronel Córdoba se situaba con algunas milicias en la frontera de Santiago, dispuesto a repeler una invasión que, desde esa provincia, se organizaba; y Rawson tuvo que recomendar al gobernador de Santiago del Estero que la evitase y al comisionado que se sirviese cumplir su cometido.

El 19 de Diciembre, tranquilizado ya respecto de la agresión de los bolivianos, llegó Sánchez de Bustamante a Catamarca; el 26 del mismo mes designó secretario a Dermidio Ocampo, personaje actuante en la política del momento, como que había pertenecido a la Legislatura disuelta por los sediciosos y pertenecía a la nueva, creada por estos; el 27, fue reconocido por el gobernador Córdoba, en su carácter oficial; y el 2 de Enero de 1867 dictó su resolución sobre el conflicto.

La determinación no pudo ser más desacertada. En vez de reponer la Legislatura disuelta, declaró su caducidad... porque habían sido viciosas las elecciones que le dieron vida y porque la mayor parte de los diputados que la constituían habían aceptado puestos en el Gobierno que surgió de la revolución triunfante.

Acéfalos, en consecuencia, los Poderes políticos, el Comisionado designó gobernador provisorio al presbítero Victoriano Tolosa, encargándole la misión de instalar nuevas autoridades(15).

(15) Sánchez de Bustamante. Nota al ministro Rawson (Diciembre 2 de 1866), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 78. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

En cuanto al Poder Judicial depuesto, el comisionado se abstuvo de dictar resolución, declarando que no podía tomarla, por tratarse de un Poder no político: la Legislatura que se instalase, resolvería lo pertinente(16).

(16) Sánchez de Bustamante. Nota al ministro Rawson (Enero 14 de 1867), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 61. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Los catamarqueños resistieron el fallo. Cuatro días después de su publicación, se reunió por sus solos medios la Legislatura derrocada por los revolucionarios y desconocida por el comisionado; manifestó que éste carecía de facultades para destituir los Poderes Legislativos y Judicial; declaró repuestas las autoridades; y protestó ante el Ejecutivo contra los actos que habían herido la autonomía de la provincia(17).

(17) Legislatura de Catamarca, sesión de Enero 6 de 1867. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Débil para reaccionar, el comisionado confesó que carecía de elementos capaces de reprimir la rebelión(18), y anunció su salida para el 8 de Enero; pero ni siquiera pudo cumplir en forma su propósito pues, por cordura, emprendió viaje antes de la fecha anunciada, de modo que ese día se hallaba en territorio tucumano, mientras los catamarqueños lo suponían descansando confiadamente entre ellos(19).

(18) Sánchez de Bustamante. Nota al ministro Rawson (Enero 7 de 1867) en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 47.
(19) Sánchez de Bustamante. Nota al ministro Rawson (Enero 14 de 1867) en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina correspondiente a los años de 1867 y 1868, presentada al Congreso Nacional de 1868 (Buenos Aires, Imprenta Americana, 1868), p. 65. // Todo citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VII: “La rebelión de Cuyo”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Huía, temiendo que el coronel Córdoba le redujese a prisión, temor carente de fundamento, pues el coronel siguió sus pasos, también en tren de fuga. En Tucumán, los dos fugitivos trabaron inútil polémica. Mientras tanto, la Legislatura designaba gobernador a Jesús María Espeche.

El Comisionado se abstuvo de volver a Catamarca, y su misión se abismó en el fracaso. El vicepresidente expresó su desagrado por la actitud de los que habían hostilizado al representante federal, pero se cuidó de tomar medida alguna, por estar solicitado en esos momentos por otros conflictos verdaderamente graves. 

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