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Combate de Las Playas

Cuando las milicias de Santiago del Estero andaban por el norte de La Rioja, Peñaloza asumía la dirección de las fuerzas que, por el sur, habían invadido a Córdoba, tomando el título de “General en Jefe del Ejército reaccionario”.

Antes de proseguir la ofensiva, invitó al gobernador de Córdoba a concertar una alianza, expresando que este era el único medio de evitar mayores males pues, en cumplimiento de órdenes superiores debía ocupar la provincia. Había que tener el buen sentido -manifestó-, “de que la minoría debe ceder a la mayoría en todo caso y circunstancias”, máxime cuando a ésta asiste la Justicia(1).

(1) Peñaloza. Nota al gobernador Posse (Abril 16 de 1863), en: Archivo del general Mitre, XXIV, p. 132 (Buenos Aires, Biblioteca de “La Nación”, 1913). // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El gobernador Posse no contestó, y el general insurrecto obtuvo el triunfo por cómodos medios.

El 10 de Junio, a las tres de la madrugada, el sargento Simón Luengo sublevó a ocho soldados que montaban guardia en el Cabildo, abrió las puertas de la cárcel y armando unos sesenta presos se apoderó de la ciudad sin encontrar resistencia. El gobernador huyó apelando al disfraz, y una reunión de pueblo designó gobernador provisorio a José Pío Achával.

El nuevo gobernante lanzó una proclama, en la que manifestaba que había que libertar a las provincias opresas, permitiéndoles que aclamasen la Constitución, libre de las reformas introducidas por Buenos Aires, y anunciaba que antes de caer de nuevo como esclavos de los porteños, los cordobeses derramarían hasta la última gota de sangre. La proclama terminaba vivando a Urquiza, Peñaloza y la libertad(2).

(2) Achával. Proclama, en: “El Nacional”, (Buenos Aires), Nro. 3.295, Junio 25 de 1863. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

A los tres días del pronunciamiento, Peñaloza entraba en la ciudad y comenzaba a reorganizar sus fuerzas, mientras el presidente impartía órdenes para que las tropas acantonadas en Rosario marchasen contra los insurrectos.

El Gobierno Federal defendía las instituciones, sin resolver la intervención en Córdoba, no obstante hallarse la provincia en poder de los rebeldes y con sus autoridades depuestas; afirmábanse, pues, las buenas ideas sobre federalismo.

Peñaloza, por entonces en la cúspide de su efímero poderío, aprovechó la nueva etapa de su campaña para expresar ante la República los pensamientos que lo guiaban. Elogió a los cordobeses por su participación en la obra que le había señalado el general Urquiza, incitó a los santafesinos a levantarse contra el monopolio de los porteños y prometió respetar a los extranjeros que lo respetasen(3).

(3) Peñaloza. Manifiesto a los pueblos argentinos (Junio 16 de 1863); en: “El Nacional”, (Buenos Aires), Nro. 3.295, Junio 25 de 1863. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Peñaloza decía que cumplía órdenes del jefe entrerriano, pero desconfiaba de su amparo. Ante el avance de las tropas nacionales, la inquietud empezó a atormentarlo, y manifestó a Urquiza la necesidad de que se colocara a la cabeza de la reacción, pues, sin ello, se esterilizarían todos los sacrificios hechos por la libertad del país(4)

(4) Peñaloza. Nota al gobernador Urquiza (Junio 14 de 1863): en: “El Nacional”, (Buenos Aires), Nro. 3.296, Junio 26 de 1863. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Urquiza era ajeno al movimiento. Cuando le cupo hablar, expuso sus intenciones de modo bien categórico y ofreció al Gobierno Federal el apoyo de su provincia, a la que presentó como modelo de abnegación, digna de ser conceptuada la columna más firme del orden constitucional y obstáculo invencible a la propagación de la anarquía: Entre Ríos obraba por el patriotismo, que sabía llevar hasta el sacrificio, y por la fe en las instituciones que tanto le debían(5).

(5) Urquiza. Nota al ministro Rawson (Abril 16 de 1863), en: “La Nación Argentina”, (Buenos Aires), Nro. 185, Abril 30 de 1863. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El vencedor de Caseros sentía que su gloria era la Constitución y sospechaba que su misión más alta era sostenerla. Empero, la suspicacia pública avivó los ataques adormecidos. Manuel Taboada le atribuía la paternidad de un vasto plan destinado a anarquizar la República y estimaba que algo se debía hacer para detener su estallido, temible, porque la mayoría de las provincias no profesaban los principios triunfantes en Pavón: en todo el Norte, la única provincia liberal era Santiago del Estero, pues Tucumán misma debía considerarse dudosa...(6).

(6) Taboada. Carta al presidente Mitre (Abril 30 de 1864), en: Archivo del general Mitre, XXV, p. 291. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Cuando los comentarios arreciaron, Urquiza publicó un Manifiesto, en el que dijo que quien había hecho una larga campaña buscando la ley y la libertad y quien sabía ceder al adversario el honor de la obra, si con ello evitaba a su patria dolores y sacrificios, ése bien podía arrojarse a la hoguera de la guerra civil para apagarla, pero nunca lanzar oculto y cobarde el soplo traidor que la alimentase(7).

(7) El Capitán General Justo José de Urquiza a sus amigos, Concepción del Uruguay, Mayo 17 de 1863 (hoja impresa). // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Suponiendo que Urquiza desease el poder perdido, Mitre admitía que aquél hubiese precipitado la rebelión con algunas imprudentes palabras; pero en ninguna forma creía en su complicidad, pues era leal su conducta y se comportaba como nadie lo hubiese esperado(8).

(8) Mitre. Carta al gobernador Taboada (Mayo 31 de 1864), en: Archivo del general Mitre, XXV, p. 292. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 28 de Junio las tropas nacionales, a las órdenes del general Paunero, libraron combate con los rebeldes en Las Playas de Córdoba. Desde el campo de la lucha, Paunero comunicó la victoria, utilizando el mismo tintero que sirvió para redactar el Parte de Pavón. Los rebeldes fueron destrozados en tal forma, que no salieron del combate veinte hombres reunidos, si bien los montoneros riojanos pudieron huir en sus cabalgaduras, dejando la peor parte a cargo de la infantería cordobesa.

Trescientos cadáveres quedaron sobre el campo del combate. “Los malditos mulatos rusos de Córdoba -declaró Paunero con cierta transparente admiración- se han batido con un arrojo digno de mejor causa(9).

(9) Paunero. Carta al presidente Mitre (Junio 28 de 1863), en: Archivo del general Mitre, XXIV, p. 176. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Con el curioso apelativo de mulatos rusos, se distinguía a los federales cordobeses, por alusión la guerra de Crimea. Cumpliéronse así, los vaticinios de Achával -los cordobeses derramaron hasta la última gota de sangre- y los de Peñaloza: la inactividad de Urquiza esterilizó los sacrificios.

El jefe de la infantería fue ejecutado sin forma de juicio, y los prisioneros quedaron al cuidado de Sandes, que los trató inhumanamente y los destinó después a las tropas de línea, siguiendo las prácticas en uso y arrancándolos por siempre del seno de familias(10).

(10) Nazario P. Sánchez, “Hombres y episodios de Córdoba”, (Córdoba, Pereyra, 1928), p. 41. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El general Antonino Taboada, que había asomado por el norte al sentir los trastornos, se volvió a Santiago con sus milicias.

El triunfo de Las Playas permitió a Posse recuperar el Gobierno de Córdoba. Juzgando intervenida la provincia, los nacionalistas cordobeses elevaron al general Paunero una súplica con centenares de firmas, pidiendo su mediación para que Posse dimitiera.

Mitre desaprobó terminantemente la maniobra, ordenando al general que devolviera la nota porque él no tenía más carácter que el militar que investía ni más misión que la de restituir el orden y la paz, estándole vedado tomar ninguna injerencia en los asuntos internos(11).

(11) Mitre. Carta al doctor Eusebio de Bedoya (Julio 20 de 1863), en: Archivo del general Mitre, XXIV, 232. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La severa y acertada admonición del presidente desconcertó a los nacionalistas, pero no extirpó sus enconos: si Córdoba no estaba intervenida de derecho, había que proceder como si lo estuviera de hecho. La oposición arreció, pues, colocándose a la sombra de las tropas nacionales. Hubo un momento en que el Gobierno quiso mejorar las condiciones de la Guardia que lo defendía, y reclamó del general unas armas pertenecientes a la provincia.

Paunero replicó que las tales armas pertenecían a la Nación y, yendo al fondo de la incidencia, se permitió tranquilizar al Gobierno, garantizando el mantenimiento del orden mientras él permaneciese en Córdoba(12).

(12) Paunero. Nota al ministro Rafael Igarzábal (Julio 14 de 1863), en: “El Imparcial”, (Córdoba), Nro. 1.596, Julio 16 de 1863. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Arrebatado de suyo, el gobernador Posse remitió su renuncia a la Legislatura, sosteniendo que los Gobiernos de provincia sólo pueden subsistir al amparo de las autoridades federales, creadas precisamente con ese fin.

El gobernador anticipaba y explicaba la tragedia íntima y no revelada de muchos gobernantes que, por simple respeto a su dignidad ciudadana y sobre todo por respeto al sistema de la Constitución, han pretendido practicar plenamente la vida autonómica en el cada vez más teórico federalismo argentino.

La actitud del gobernador resultó simpática y gallarda, aunque el criterio de hoy apenas acepte como suficientes los justificativos mencionados en su apoyo. Posse juzgaba desaparecido o inútil el Gobierno, porque un General de la Nación, al mando de fuerza, alentaba un movimiento revolucionario; pero pretendía probar aseveraciones tan graves en las circunstancias de haberse lanzado en casa de Paunero gritos hostiles contra el gobernador y de estar la provincia ocupada militarmente y despojada de armas propias(13).

(13) Posse. Nota a la Legislatura (Julio 17 de 1863), en: Julio Victorica, “Urquiza y Mitre (Contribución al estudio histórico de la Organización Nacional)”, p. 453. J. Lajouane. Buenos Aires 1906. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Apartando lo que hubiese de cierto en lo relativo a la participación de los jefes en la política local, se puede advertir a través de estos argumentos la áspera expresión del federalismo que aún se estilaba.

"El Imparcial", órgano de los nacionalistas cordobeses, tuvo el acierto de señalar los errores en que incurría, en esta parte, el gobernador, mostrando a la vez las nuevas ideas que trabajosamente se iban abriendo paso.

Bastaba recordar sucintamente los hechos: un caudillo había levantado la bandera de la rebelión, y el presidente enviado un general para que lo combatiera donde lo encontrase; el caudillo se había adueñado de una provincia, y el general lo persiguió y venció y, para asegurar la paz de la República, esparció por su convulsionado territorio las tropas a su mando. ¿Existía en todo esto algo de inconstitucional?(14)

(14) Nro. 1.600, Julio 21 de 1863. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Aceptada la renuncia, los nacionalistas pensaron en la candidatura de Paunero, pero los autonomistas -que tenían mayoría en la Legislatura-, eligieron para el cargo a Benigno Ocampo.

A poco, el General resultó tan molesto al gobernador interino como lo fue al titular y Ocampo expuso su queja a Mitre, manifestándole que aquél era el único obstáculo que impedía la unión entre las fracciones liberales.

Mitre contestó afirmando su confianza en Paunero, que no podía incurrir en extravíos dada su posición de jefe nacional en servicio público, aun admitiendo que hubiese manifestado simpatía por alguno de los partidos; pero agregó que iba a retirarlo de Córdoba, así como a las tropas nacionales, porque consideraba concluida la misión que le encomendó(15).

(15) Mitre. Carta al gobernador Ocampo (Octubre 6 de 1863), en: Archivo del general Mitre, XXIV, 141. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El gobernador interino dedicó sus esfuerzos a conseguir el acuerdo de nacionalistas y autonomistas sobre la base de una candidatura única, pero no obtuvo éxito en la iniciativa y, en vista de ello, dimitió su cargo.

Lo sustituyó, el 6 de Noviembre de 1868, Roque Ferreyra, también autonomista. El nuevo gobernador interino comenzó a trabajar la elección de propietario en beneficio propio, debiendo luchar contra la candidatura de Paunero, que fue desautorizada de modo rotundo por el presidente: costaba mucho habituar a los agentes federales a desentenderse de los asuntos de provincia.

Ferreyra inició el 4 de Marzo de 1864 su período de gobernador titular, y tuvo que sofocar una revolución en la capital y otra en la campaña. Las viejas pasiones subsistían y Córdoba continuaba rindiéndoles doloroso tributo. 

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