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Intervención motu proprio de Taboada

Mientras el Ejecutivo disponía medidas militares, el gobernador de Santiago del Estero se le anticipaba en la acción, desempeñando su papel de tutor de los Gobiernos del Norte. A fines de Marzo, Taboada situaba sus milicias en la frontera del Oeste y advertía al general Peñaloza su decisión de concurrir a Catamarca tan pronto apareciese allí cualquier movimiento reaccionario(1).

(1) Taboada. Nota al general Peñaloza (Marzo 30 de 1862), en: Archivo del general Mitre, XXV, p. 234. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Esta provincia era tierra favorable para la rebelión. “No hay Gobierno -contaba Martínez- porque toda la provincia, con raras excepciones, es navarrista. El resto, con excepción de cuatro individuos, entre ellos dos mujeres, son omillistas. ¿Cómo quiere usted, pues, que se pueda hacer un compuesto del señor Correa, su ministro y sus dos señoras?
Resulta naturalmente que hasta los muchachos hacen farsa del Gobierno de Catamarca, le meten susto todos los días para que renuncie y se vaya con la música a otra parte(2).

(2) Régulo Martínez. Carta al gobernador Sarmiento (Marzo 27 de 1863), en: “Sarmiento-Mitre. Correspondencia 1846-1868”, p. 204. Buenos Aires, Imp. de Coni Hermanos, 1911. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Todos atemorizaban al gobernador, no obstante haberse reestablecido un reglamento que castigaba los rumores falsos, las noticias alarmantes y cualquier acto cuyo fin fuera perturbar el orden...(3).

(3) Decreto de Marzo 12 de 1863, en: Registro Oficial de la Provincia de Catamarca, Año de 1863 (Catamarca, Imprenta del Pueblo, 1864), p. 10. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La montonera tenía que aparecer. Felizmente, surgió también el hombre capaz de refrenarla: el comandante Víctor Maubecín, flamante jefe de las fuerzas provinciales. El 31 de Marzo, Maubecín derrotó, en el combate de Las Chacras, a los coroneles Carlos Angel y Felipe Varela que, a la cabeza de las montoneras de La Rioja y Catamarca venían a apoderarse de la Capital.

El gobernador de Santiago del Estero rompió entonces la marcha, y lo propio hizo el de Tucumán, declarando que creía anticiparse a los deseos del presidente, cuya acción sería menos oportuna que la de los Gobiernos que se encontraban en el teatro de los sucesos(4).

(4) Campo. Nota al ministro Rawson (Abril 5 de 1863), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina presentada al Congreso Nacional de 1864 (Buenos Aires, Imprenta del Siglo, 1864), p. 13. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 16 de Abril, los gobernadores Taboada, Campo y Correa celebraban consejo en la ciudad de Catamarca y nombraban al primero, Comandante en Jefe de las Milicias. Enseguida comunicaron al presidente que los tres Gobiernos eran uno solo, cuando se trataba de la causa de la libertad, en cuyo servicio iban a correr adonde el Ejecutivo los llamara o adonde asomase la anarquía(5).

(5) Campo, Correa y Taboada. Nota al presidente Mitre (Abril 16 de 1863), en: Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina presentada al Congreso Nacional de 1864 (Buenos Aires, Imprenta del Siglo, 1864), p. 13. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El presidente aprobó la actitud de los gobernadores y el ministro Rawson, que se interesaba ante todo por crear normas de respeto a los principios constitucionales, explicó brevemente las causas de esa aprobación.

La Constitución Nacional -decía el ministro- declara acto de guerra civil la invasión armada de una provincia en el territorio de otra; por consiguiente, los disturbios internos y puramente locales nunca pueden autorizar a un Gobierno de provincia a salir de sus límites jurisdiccionales para apoyar o combatir a cualquiera de los partidos que se agiten en las provincias circunvecinas; pero cuando el desorden se desborda y no están en juego intereses puramente locales, los Gobiernos próximos al lugar de los sucesos pueden tomar legalmente las medidas preparatorias para facilitar la acción de la Autoridad Central, dando cuenta a ésta de lo ocurrido y pidiendo su aprobación en mérito de las circunstancias que hayan determinado ese procedimiento.

Sin embargo, advirtió el Ejecutivo, que hubo algo de irregular en esa coalición política y militar de tres gobernadores, aunque decidió aprobarla, considerándola como un detalle de la guerra defensiva en que las provincias se habían visto empeñadas inopinadamente por la audacia de un enemigo común y en atención a la rapidez con que los sucesos se desenvolvían, que no habían dado tiempo para pedir instrucciones formales sobre el modo de proceder(6).

(6) [Rawson] Memoria del Ministerio del Interior de la República Argentina presentada al Congreso Nacional de 1864, página V (Buenos Aires, Imprenta del Siglo, 1864). // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 22 de Abril, Taboada logró dispersar en Chumbicha a la montonera, pacificando así a Catamarca por el sur, mientras Campo la pacificaba por el norte. Aunque sin comunicaciones del Gobierno Federal, Taboada resolvió marchar sobre La Rioja, persuadido de la necesidad de exterminar a los rebeldes y de que el presidente aprobaría sus actos(7).

(7) Taboada, Carta al presidente Mitre (Abril 23 de 1863) en: Archivo del general Mitre, XXV, p. 242. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El 3 de Mayo, Taboada triunfó en el combate del Mal Paso, a media legua de la ciudad de La Rioja, sobre las fuerzas del gobernador Carrizo, luchando en persona cuerpo a cuerpo con encomiable arrojo; los vencidos daban gritos de muerte contra los salvajes unitarios(8).

(8) Natal Luna. Carta a Tomás M. Santa Ana (Mayo 4 de 1863), en: Domingo A. De la Colina, “S. M. el Emperador de Los Llanos. 1861-1868 (Contribución a su historia)”, p. 181. Talleres Horacio Benavídez, La Plata, 1920. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Taboada encontró la ciudad sumida en el caos y nombró un Jefe Político para que cuidase el orden hasta que los vecinos usasen sus derechos o algún comisionado nacional tomase las medidas del caso(9).

(9) Taboada. Carta al presidente Mitre (Mayo 4 de 1863), en: Archivo del general Mitre, XXV, p. 243. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

Mientras tanto, Catamarca seguía sufriendo en carne viva los efectos de la montonera. En la madrugada del 30 de Mayo de 1863 se sublevaron los guardiacárceles, así como un contingente que el mayor Emilio Alfaro estaba reclutando para incorporar al Ejército. Los sublevados se pronunciaron en favor de la rebelión. El gobernador y el jefe nacional fugaron, y la ciudad -durante dos días- estuvo entregada al saqueo...

El 1 de Junio volvió el jefe y reconquistó la capital. Al día siguiente, unos cuantos vecinos designaron al comandante Maubecín, gobernador provisorio. Por entonces, regresó de La Rioja la expedición santiagueña, y Taboada halló a Catamarca víctima de una chusma corrompida y dispuesta a jugar con todo Gobierno que no estuviese apoyado en bayonetas extrañas.

El 5 de Junio regresó el gobernador fugitivo y el 13 llegó el general Rojo, designado por el presidente para dirigir la guerra contra la rebelión desde las provincias del Norte. La misión que se confió a Rojo no era de intervención, sino puramente militar, lo que prueba que también tuvo ese carácter la que antes se confió al gobernador de San Juan, exactamente análoga a aquélla en sus formas y finalidades.

El día de la llegada del General, el gobernador Correa renunció su cargo, siguiendo -según dijo- sus propias convicciones y guiado por el propósito de sacrificarlo todo al bienestar del país(10).

(10) Correa. Nota al gobernador Maubecín (Julio 31 de 1863), en: “La Libertad”, Nro. 72, Julio 27 de 1863. // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

El todo que sacrificaba no era cosa apetecible... Maubecín pasó a ser gobernador interino; Rojo y Taboada purgaron de montoneros la provincia y se retiraron de ella; y el 31 de Agosto, Maubecín inauguraba un nuevo período constitucional como gobernador propietario.

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