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EL GOBIERNO CONSTITUCIONAL DE BARTOLOME MITRE

El 12 de Octubre de 1862, Bartolomé Mitre asumía la Presidencia de la República y formaba su Gabinete de siguiente modo: Interior, Rawson; Relaciones Exteriores, Elizalde; Hacienda, Vélez Sársfield; Justicia, Culto e Instrucción Pública, Costa; Guerra y Marina, Gelly y Obes.

En 1862 votaron 14.000 ciudadanos (el 1 % de la población total). Mitre obtuvo la totalidad de los votos en el Colegio Electoral.

Provincia Mitre
Buenos Aires 25
Córdoba 12
Corrientes 11
Entre Ríos 8
Jujuy 7
La Rioja 6
Mendoza 9
Salta 9
San Juan 8
San Luis 8
Santa Fe 8
Santiago 12
Tucumán 10
TOTAL 133

(1) Fuente: Biblioteca del Congreso de la Nación. Dirección de Referencia Legislativa.

Después de 50 años de luchas continuas, el país reclamaba una paz fecunda y duradera que favoreciese el afianzamiento de las instituciones y el progreso moral y material de los pueblos(2).

(2) Mensaje al Congreso (Mayo 1 de 1863), en: H. Magrabaña, “Los mensajes (Historia del desenvolvimiento de la Nación Argentina redactada cronológicamente por sus gobernantes. 1810-1910)”, III, p. 189. Buenos Aires, Comisión general del Centenario, 1910, (5 volúmenes). // Citado por Luis H. Sommariva. “Historia de las Intervenciones Federales en las Provincias” (1931), tomo I, capítulo VI: “Destrucción de las montoneras”. Ed. El Ateneo, Buenos Aires.

La tarea más urgente era consolidar el orden interno, y a ella consagraron los gobernantes sus mejores energías.

La obra se anunciaba difícil. Inexistente la máquina administrativa, había que improvisarla de cualquier modo para que el Gobierno Federal cumpliese sus fines sobre la Nación entera.

Por otra parte, el propósito de evitar las intervenciones colocaba entre las autoridades federales y los pueblos, una valla constituida por catorce suspicaces Gobiernos.

Para peor, las pasiones estaban en efervescencia, no extinguidos aún los ecos de la reciente lucha; y en muchas provincias, tan peligrosos para la paz nacional resultaban los levantamientos de los pueblos federales contra los Gobiernos liberales, como los atropellos de estos contra aquéllos.

El desarrollo de estos acontecimientos quita sorpresas a que poco después, el mismo Mitre resultara Presidente de la Nación, elegido por el Congreso que, con representantes de las catorce provincias, se había instalado el 25 de Mayo en Buenos Aires.

Pero la Legislatura Provincial había rechazado el proyecto de federalización de todo el territorio de la misma autorizando, que la ciudad fuera capital provisoria de la República y en ella pudieran, por cinco años más, residir las autoridades nacionales(3).

(3) Bartolomé Mitre nació en Buenos Aires, el 26 de Junio de 1821. Ejerció la Presidencia de la República desde el 12 de Octubre de 1862 hasta el 12 de Octubre de 1868. Falleció en Buenos Aires, el 19 de Enero de 1906. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires. Es el 2do. Presidente Constitucional Propietario de la Nación Argentina en el hecho y en el título. Para la vicepresidencia de la República se eligió al doctor Marcos Paz que, nacido en Tucumán, había sido gobernador y Senador Nacional por esa provincia.

Y como el estadista no olvida a la historia, merece recordarse que ese mismo año Mitre ha inaugurado, el 13 de Julio, la estatua de San Martín(4) y adoptado las providencias para una eficiente organización del Archivo que debía preservar los documentos testimonios del pasado colectivo.

(4) En El Retiro, actual Plaza San Martín. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

No es exagerado afirmar que el país, cuya presidencia iniciaba Mitre, vivía en una desoladora intemperie institucional y administrativa...

No había Poder Judicial; recién cinco días después de asumir el cargo, se creaba la Suprema Corte, calculando “... la grande y benéfica influencia que ella está destinada a ejercitar en el desenvolvimiento de nuestras instituciones como poder moderador...”.

Prueba de equilibrio, superando a Cepeda y a Pavón, Mitre designa para la Corte a hombres integrantes, en su mayoría, del elenco que actuara en la Confederación presidida por Urquiza.

No existía ese mínimo de legislación que regula y encuadra las relaciones sociales; se había dictado poco antes el Código de Comercio, pero debió encararse la redacción de los Códigos Civil y Penal cuya elaboración, lógicamente, demoraría unos años...

Para poner en marcha el aparato administrativo del Gobierno, no podían calcularse las viejas dependencias del Fuerte; las necesarias oficinas se instalaron en las casas particulares de los ministros y cada uno de éstos atendió así sus respectivas carteras...

En cuanto a los recursos financieros, sólo la ironía podría llamar Tesoro Público a lo revelado por el primer inventario que ofició de testimonio: una onza de oro falso, un peso de Córdoba falso y una moneda boliviana que -sin duda- por solidaridad con sus cofrades, también era falsa...

Pero esta realidad no obedecía a un hecho policial; si el Estado carecía en ese momento de recursos, la culpa era de las guerras, de las luchas civiles y de la anarquía.

Se desconocía la existencia de una organización educacional. Las escuelas primarias, que según la Constitución dependían de las provincias, cumplían a la buena de Dios... Correspondió a Mitre encarar la enseñanza secundaria y tiene profunda significación el nombre de Colegio Nacional dado a los establecimientos que debían impartirla pues, organizado el primero en Buenos Aires -sobre la base del tradicional Colegio de San Carlos- los otros cinco funcionaron en otras tantas provincias.

Costeados por la Nación, con planes de estudios fundamentalmente idénticos, estaban previstas las becas que debían adjudicarse a los alumnos pobres, características todas que contribuirían a crear, en las nuevas generaciones, una conciencia destinada a olvidar los viejos y enconados localismos...

Desde la presidencia, Mitre debió afrontar conmociones tan frecuentes en el Interior del país, que ha podido estimarse que durante el período de su mandato -entre 1862 y 1868- se produjeron en las provincias 117 insurrecciones, muriendo en 91 combates, más de 4.700 ciudadanos.

Los más graves trastornos resultaron de los originados por las montoneras, expresión de sociedades rurales acosadas por el atraso y la miseria, que adquirían jerarquía política tras banderas de inoperantes rebeliones. El jefe más destacado de estas montoneras fue Vicente Peñaloza, el “Chacho”, cuya influencia desbordaba a La Rioja, su provincia natal.

Soldado de Lavalle en la lucha antirrosista, obligado por ello a desterrarse en Chile, la documentación lo muestra -en 1862- en curiosos altibajos: de humilde aceptación de pequeñas sumas de dinero y vestuarios que recibía del Gobierno Nacional y con desinterés personal le permitieron atenuar las apremiantes necesidades de sus partidarios... O en desafiante protesta armada, invocando -sin fundamento- el nombre y el apoyo de Urquiza para una cruzada federal que calculaba de proyecciones nacionales...

Desautorizando el “federalismo” del “Chacho”, una nota solidaria de varios gobernadores de provincias vecinas se dirigieron a Mitre protestando contra las actitudes sediciosas del caudillo y señalándole responsable de la guerra civil que desataba en el Interior.

Esto puso fin a las negociaciones que, obedeciendo al presidente, cumplían los jefes militares de las fuerzas nacionales, para obtener del “Chacho” una solución pacífica. Se inició una lucha armada que venció al “Chacho” y lo tomó prisionero en una guerra que, según reconoció el propio Mitre, incurrió en el exceso de darle muerte sin someterlo, cual correspondía, a la justicia a la que tras rendirse se entregó indefenso.

Como la totalidad de los hombres de la organización nacional, Mitre creía, y con razón, que los ferrocarriles podrían contribuir a efectivizar la unidad política, en la medida que ellos, al achicar distancias, vincularan las provincias y promovieran la economía del Interior...

Le correspondería pues a su Gobierno concretar el tendido de los rieles que, claro está, debían ser también un factor decisivo en el transporte de los inmigrantes y en la consiguiente colonización. El Ferrocarril Oeste, cuya inauguración había compartido Mitre en Agosto de 1857, continuaba siendo apenas algo más que un elemento de tracción urbana...

El 26 de Mayo de 1863, el Gobierno de Mitre firmaba un contrato para la constitución de una sociedad anónima que, bajo el título de Ferrocarril Central Argentino, debía construir y explotar, por “locomotivas a vapor”, un ferrocarril de una sola vía, que partiendo de la Ciudad de Rosario termine en la Ciudad de Córdoba, “según la traza presentada por el ingeniero Dn. Allan Campbell, en 1855”.

Se trataba en efecto de concretar el proyecto, que en esta última fecha había encarado Urquiza. El contrato firmado daba una garantía del 7 % sobre el capital invertido, concedía tierras que alcanzaban a una legua de cada lado de la línea, además de tres leguas cuadradas en Rosario y Córdoba, libertad para importar equipos y herramientas sin pagar impuestos durante cuarenta años, etcétera.

La compañía por su parte debía transportar gratuitamente el correo, tropas militares a media tarifa; se exigía que ella tuviera domicilio legal en la República Argentina y se eximía a los directores de notificar acerca de las reuniones que los accionistas tuvieran en el Reino Unido. El domicilio legal efectivo resultó sin embargo Gran Bretaña, sin que este cambio fuera objetado...

La concesión fue realizada con William Wheelwright, “uno de los grandes hombres de negocios del siglo XIX. Su imaginación abarcó los océanos y su ambición comprendió continentes enteros.
Originario de Massachusetts, llegó por primera vez a América del Sur como patrón de barco. Luego había organizado con banqueros londinenses importantes empresas de navegación marítima(5).

(5) H. S. Ferns: ‘“Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX” (1966). Ed. Solar Hachette, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Como empresa, el ferrocarril no mostró resultados organizativos halagüeños... Para completar el último tramo, el Estado debió comprar 17.000 de las 80.000 acciones emitidas y las adquiridas por el Gobierno lo fueron libres de dividendos, hasta que los accionistas privados hubieran recibido el 7 %.

De manera que el Gobierno venía a aportar 1/4 del capital sin derecho a compartir, quién sabe hasta cuándo, los posibles beneficios...

Se habían otorgado demasiadas facilidades para empezar algo que en definitiva suponían para el porvenir, responsabilidades que no figurarían en el haber de la comunidad argentina...

Iniciadas en 1865, las obras del Ferrocarril Central Argentino se concluyeron en 1870, dentro del plazo estipulado... Mitre ya no preside la Nación. Pero recoge la experiencia suscitada por el contrato firmado por su Gobierno y encuentra en esa experiencia argumentos para fundar la necesaria rectificación...

Lo hizo desde su banca de Senador por Buenos Aires, que ocupara a partir de Mayo de 1869, en oportunidad que el Gobierno de Sarmiento proyectaba entregar, a una empresa privada extranjera, la construcción del puerto de Buenos Aires.

En el debate que ocupó varias sesiones del Senado, en Septiembre de ese año, señaló Mitre:

... se quiere subordinar el interés general al interés particular, haciéndolo a éste dueño de posiciones en que, una vez establecido, costará desalojarlo, porque el interés privado aplicará toda su energía y toda su inteligencia, no a ensanchar el círculo de la prosperidad pública, sino a acrecentar sus ganancias y a perpetuarse en su posesión...
Todo nos dice y nos enseña que una vez que el Estado ha enajenado el derecho de explotar -en nombre y en el interés de la comunidad- aquellas obras públicas destinadas al bienestar general, el egoísmo particular se ha apoderado de ellas, lo ha convertido en un derecho y ha teorizado sobre él”.

Y Mitre encontraba, más allá de las fronteras argentinas, en la propia Inglaterra, el ejemplo demostrativo de un país que pugnaba por rescatar los ferrocarriles de manos de las empresas privadas...

Cuando con el transcurso de los años las tierras que cruzaba el ferrocarril se valorizaron; ya se había producido -en 1872- una transferencia de ellas a una compañía de tierras que logró, por pequeñas cantidades, las 500 leguas cuadradas concedidas como un subsidio al ferrocarril...

En una apreciación panorámica de las empresas similares a la fundada por Wheelwright, ha podido afirmarse:

... En verdad, en la Argentina el capital privado y sujeto a riesgo comenzó a predominar en las inversiones cuando ya no había más riesgos. Mientras hubo verdaderas incertidumbres los inversores esperaban que el Gobierno argentino los sostuviera(6).

(6) H. S. Ferns: ‘“Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX” (1966). Ed. Solar Hachette, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Rectificaciones como las de Mitre sólo son posibles en quienes ejercen el poder vacunados contra la codicia. En Enero de 1869, ante escribano público, se había consignado “... que don Bartolomé Mitre había descendido a la vida privada en condiciones modestas, por la exigüidad de las retribuciones con que la Nación recompensa todos los servicios, sin distinguir los que implican o simbolizan la abnegación de los ciudadanos que le consagran la plenitud de sus facultades...”, por lo cual sus partidarios, mediante una suscripción pública, le obsequiaban la casa que habitaba como inquilino...(7).

(7) Convertida actualmente en “Museo Mitre”, ella fue hasta hace poco sede de la Academia Nacional de la Historia. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

En Diciembre de 1869, en carta particular, Mitre escribe:

Cuelgo por ahora mi espada, que no necesita mi patria, y empuño el componedor de Franklin”... Alude de ese modo a un trabajo de imprenta: sobre el componedor de las letras, elegidas una a una, forman el renglón... En realidad, anticipa la aparición del primer número del diario “La Nación” que funda el 4 de Enero de 1870 ... En el diario, renglón a renglón, a lo largo de los años, Mitre dejaría columnas y páginas para reflejar su pensamiento.

Escritas u orientadas por él y aunque referidas a las más diversas cuestiones, claro está faltan allí las facetas indispensables en las biografías... Agreguemos pues algo de su psicología...

Temperamento apacible, la sobriedad lo acompañaba en sus gestos habituales. De la malicia es posible que sólo conociera la dosis mínima; más ingenuo que receloso, cuéntase que un amigo y correligionario, al transmitirle las impresiones suscitadas por una actitud política adoptada por Mitre, le habría dicho:

- “Se piensa, general, que su buena fe, su honradez, han sido sorprendidas”.

Con vivacidad inusitada, respondió Mitre:

- “En una palabra, se piensa que soy sonso”.

- “¡Oh, señor, cómo puede atreverse nadie a...”, protestaba el otro.

Y el General, insistiendo

- “Sí, sonso, dígalo nomás. La mayor parte de las veces ése es el mejor de los elogios que se puede hacer en nuestro país de un hombre público(8).

(8) Joaquín de Vedia. “Cómo los vi yo” (1954), Editorial Manuel Gleizer, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Era fatalista; cuando la epidemia de fiebre amarilla -en el Buenos Aires de 1871- desató el pánico y la emigración porteña, Mitre no se movió de la ciudad y enfermo sobrevivió a la terrorífica estadística...

Años después, cuando la muerte le llevó tempranamente su mujer y algunos de sus hijos, pudoroso del dolor y de las lágrimas, se ocultó para sollozar... Un fondo de estoicismo le atenuaba los desgarramientos que enlutan, como lo defendía de las euforias exageradas; fue corriente se le desconocieran las carcajadas y que una sonrisa plácida, y en la mirada un poco más de luz, bastaran para registrar su alegría...

La libre navegación de los ríos del sistema del Plata afectaba intereses de cuatro países: Brasil, Paraguay, Argentina y Uruguay. Razones geográficas explican, sin embargo, que fuera el Brasil el país más interesado en que ella se mantuviera y que el Paraguay no llegara a ser una potencia capaz de imponer obstáculos a la misma.

En efecto, “toda la producción del Estado brasileño de Mato Grosso debía bajar forzosamente por el río Paraguay, es decir, cruzar íntegramente el territorio de este país, y por ende sujetarse a las normas legales que él quisiera imponer”.

El equilibrio, desde luego inestable, existente hasta 1862, se vio perturbado ese año cuando a raíz de la muerte de Carlos Antonio López, el dictador del Paraguay, el poder pasó a manos de su hijo, Francisco Solano. En su lecho de muerte, Carlos Antonio dio a su hijo el siguiente consejo:

Hay muchas cuestiones pendientes a ventilarse, pero no trate de resolverlas con la espada, sino con la pluma, principalmente con el Brasil(9). El gobernante que fallecía aludía así a que no estaban todavía precisados los límites ni con el Brasil ni con la Argentina.

(9) Efraím Cardozo: “Breve Historia del Paraguay” (1965), Eudeba, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Por otra parte, sin perjuicio de un incuestionable autoritarismo político, que mantuvo alejado al Paraguay de las luchas internas tan comunes en la América española desde 1810, Carlos Antonio López había logrado para su patria importantes transformaciones económicas: ingenieros y técnicos extranjeros instalaban ferrocarriles y telégrafos, fundaban una industria siderúrgica, etcétera.

No corresponde subestimar la influencia de los factores personales cuando, como en el caso del nuevo gobernante paraguayo, no existían dentro de su país los de posible moderación. Dice a este respecto un historiador argentino:

La guerra era un hecho inevitable, impuesto por la formación mental de López. Cualquier pretexto hubiera sido bueno. General a los dieciocho años, Mariscal de los ejércitos de su patria a los cuarenta o cuarenta y dos, sin haber asistido a una sola batalla -que no las hubo, por entonces, en su tierra- vivía soñando con la gloria militar.
Acababa de pasar dos años en Europa, deslumbrado por la época de oro del segundo Imperio napoleónico, con el brillo rutilante de uniformes, entorchados, condecoraciones y medallas, que él vio con sus ojos en el Palacio de las Tullerías, que solía frecuentar.
En Europa, cumpliendo el objeto de su misión, adquirió armamentos para el Ejército de su país, maquinarias para sus industrias, contrató técnicos para éstas y especialmente instructores militares para sus Fuerzas Armadas.
Cuando heredó de su padre el Gobierno supremo, en la plenitud de su robusta madurez, juzgó que le había llegado la hora largamente esperada. El solar paraguayo de la vieja estirpe colonial resultaba chico para su avidez de grandezas. Un vasto imperio guaraní era la contrapartida natural a sus ojos alucinados del ya fuerte Imperio brasileño.
No son éstas conjeturas alegres. Durante varios meses ‘El Semanario’ -único periódico del Paraguay, por cierto que órgano oficial de su Gobierno- bajo el título de ‘Estudio de las Instituciones Políticas’, preconizó las ventajas de las monarquías como régimen de gobierno en los Estados americanos”.

Y López mismo se preparaba para ceñir la corona. No será ocioso repetir lo escrito por el historiador paraguayo Efraím Cardozo: mandó construir -para servirle de residencia- un palacio de características monumentales, así como un oratorio, también particular, con reminiscencias de Los Inválidos de París, y otras obras de grandiosa arquitectura para los miembros de su familia.

En el vasto salón de baile del Club Nacional se instaló para el presidente un sillón con estrado sobre gradas y bajo dosel, con todo el aspecto de un trono, y se encargó a París una corona que, aunque aparentemente destinada a la histórica Imagen de la Virgen de la Asunción, Patrona de la Capital, tenía muy poco de religiosa y mucho de imperial con su juego de rampantes águilas.

Y sobre todo, mucho boato y despliegue de arreos militares por todos lados, igual a lo que por entonces se veía en el París de Napoleón III, que tan vivamente había golpeado la imaginación de Francisco Solano.

La ambición cesárea de López lo llevó a aspirar a un casamiento con Leopoldina, la hija menor del emperador del Brasil. Tampoco, en este caso, la afirmación se apoya en conjeturas caprichosas. La prensa mundial se hizo eco de ese proyectado matrimonio y, como lo observa Cardozo, tales versiones no fueron nunca rectificadas por “El Semanario”, "siempre pronto para salir al encuentro de infundios y rumores que afectaran al Gobierno del Paraguay(10).

(10) León Rebollo Paz en “La Nación”, 26 de Junio de 1971. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Las guerras civiles de la Banda Oriental entre los bandos “blanco” y “colorado”, complicaron la situación internacional. El primero, necesitado de apoyo en la contienda y buscando lograr a todo trance el apoyo del Paraguay, malquistándolo con Argentina y Brasil, sin pararse en medios, envió a Asunción -en misión confidencial- al doctor José Vázquez Sagastume.

En una de sus cartas a éste, el canciller uruguayo Herrera, del partido blanco, le manifestaba:

Conviene aparentar ante ese Gobierno, serio temor de una inteligencia argentino-brasileña contra el Paraguay, que obraría contra éste después de triunfar en el Uruguay(11).

(11) León Rebollo Paz. “La Guerra del Paraguay” (1965), Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

López creyó en ese entendimiento argentino-brasileño contra su país. Decidido a intervenir en favor del bando uruguayo blanco y contrarrestar el apoyo que -sin disimulo- prestaban fuerzas brasileñas al bando uruguayo colorado, inició contra el Brasil las hostilidades, apresando un barco de esa nacionalidad e invadiendo el territorio brasileño de Mato Grosso.

El 6 de Febrero, el Gobierno de Solano López solicitaba permiso al Gobierno argentino para que las tropas de ese país transitaran por la provincia de Corrientes, si la guerra con el Brasil así lo exigiera.

Contestada en sentido negativo, dada la neutralidad en el conflicto, el gobernante paraguayo reunió el 18 de Marzo al Congreso de su país “para justifipar una declaración de guerra al Gobierno argentino”.

Y el 13 de Abril de 1865, sin esperar que la nota llegase a conocimiento del presidente argentino, cinco buques de guerra paraguayos aparecieron frente al puerto de Corrientes, atacaron y apresaron a dos cañoneras argentinas, bombardearon esa ciudad y un Ejército paraguayo invadió dicha provincia”.

El conocimiento de estos hechos provocó en Buenos Aires una exaltada reacción y el 17 de Abril Mitre, desde su casa, al dirigirse a la multitud que reclamaba su palabra, le expresa:

Dentro de 24 horas estaréis en los cuarteles; dentro de 15 días en campaña; y a los tres meses en la Asunción”. Ese mismo día, como testimonio de la solidaridad nacional ante la guerra provocada, Mitre designaba Comandante en Jefe de las fuerzas de Entre Ríos al general Urquiza.

El 1 de Mayo se firma el Tratado de la Triple Alianza: Argentina, Uruguay y Brasil, en cuyos considerandos los países mencionados declaraban estar ‘‘persuadidos que la paz, seguridad y bienestar de sus respectivas naciones, es imposible mientras exista el actual Gobierno del Paraguay, y que es una necesidad imperiosa reclamada por los más grandes intereses, hacer desaparecer ese Gobierno, respetando la soberanía, independencia e integridad territorial de la República del Paraguay...”.

El artículo III establecía:

Debiendo empezar las operaciones de la guerra en el territorio de la República Argentina, o en la parte del territorio paraguayo limítrofe con la misma, el mando en jefe y dirección de los Ejército Aliados queda confiado al presidente de la República Argentina, General en Jefe de su Ejército, brigadier general Dn. Bartolomé Mitre”.

El Congreso argentino le concedió licencia (17 de Mayo) para que se pusiera al frente de las operaciones y, de acuerdo a ello, el 10 de Junio, Mitre delega el mando en el vicepresidente doctor Marcos Paz, y el 17 de ese mes Mitre salió para Concordia, donde estableció su Cuartel General.

En la estimación del desarrollo de la guerra desencadenada por el Paraguay, Mitre había confundido deseos con realidades: la lucha duraría años...

El primer serio contratiempo apareció cuando las fuerzas entrerrianas, a las cuales su situación geográfica les confería lógica prioridad en la lucha, se sublevaron y, desconociendo la tradicional autoridad de Urquiza sobre ellas, desertando de las filas, se negaron a combatir... Por lo demás, la guerra resultaría impopular en buena parte del país:

Cuando en las plazas públicas los bandos y decretos convocan a los soldados, estos no se presentan y huyen a la selva próxima. Y no es por miedo, pues han nacido y vivido en las batallas, pero es que para ellos el Paraguay es el amigo histórico”.

Las sublevaciones de fuerzas concentradas para marchar al frente se multiplicó y se temió que la guerra civil se reanudara en la Argentina.

La falta de una efectiva coordinación entre los elementos de los tres países, especialmente entre los armamentos navales brasileños y las tropas que combatían por tierra, es otro de los factores que prolongó la lucha.

En fin, pese al fracaso de las iniciales operaciones bélicas dispuestas por Solano López, la Nación paraguaya se identificó a tal punto con su gobernante que ni las derrotas ni la ocupación militar de la capital, la Ciudad de Asunción, permitieron obtener la paz y ésta sólo llegó con la muerte del jefe paraguayo y tras una terrible devastación de ese país.

La prolongada ausencia de Mitre respecto de su cargo de presidente agravó la situación del país. El doctor Marcos Paz, vicepresidente de la República en quien Mitre había delegado el mando, señalaba en carta a Mitre, con la experiencia de casi dos años de actuar en tal carácter, que el Jefe de un Estado no puede abandonar la silla de gobierno por un largo tiempo.

Que “si fuese legislador, prohibiría la salida del Primer Magistrado de mi patria como está dispuesto en casi todos los pueblos civilizados”. Presumía que si el jefe supremo del Imperio del Brasil hubiese abandonado su puesto desde que principió la guerra con el Paraguay, estaba seguro que en este momento el Imperio estaría envuelto en la más cruel anarquía.

Y en esa carta, fechada el 16 de Enero de 1867, el doctor Paz agregaba:

Los pueblos quieren ser mandados por aquél que tiene mejor derecho a mandar. Usted fue elegido canónicamente por el pueblo argentino para gobernar y no para mandar un Ejército”.

Al considerar como muy posible el desborde de la anarquía y que ésta abarcara todo el país, entendía Paz que Mitre debía retomar la presidencia y dejar al jefe brasileño, el marqués de Caxias, el comando del Ejército Aliado...

Mitre contestó que, aun cuando su puesto “como presidente, por regla general era estar al frente del Gobierno, como gobernante tenía otros deberes constitucionales en su carácter de Jefe supremo de la fuerza pública cuando el orden, la seguridad y el honor de la Nación están amenazados”.

Tal era su posición en ese momento, pues estaba en el cargo que la Constitución, las leyes y el honor, lo mismo que los compromisos internacionales, le habían señalado.

Recordaba Mitre que la guerra había debido ‘aceptarla como una necesidad imperiosa y cuando él no aceptarla era lo mismo que abdicar el rango de Nación’.
En cuanto a la actitud a tomar para enfrentar la anarquía de las guerras desatadas en algunas provincias por las montoneras, estaba dispuesto a hacer lo que fuera más conveniente, sea quedándose donde estaba, sea pasando a ocupar su puesto, sea adoptando un término medio como el de situarse en Rosario y afirmar allí la bandera de la autoridad nacional(12).

(12) La respuesta de Mitre tiene fecha 24 de Enero de 1867. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

A la derrota sufrida por los Ejércitos Aliados en Curupayty, el 22 de Septiembre de 1866, luego de una infructuosa entrevista de Mitre con Solano López el 11 de ese mes, la guerra proseguía. Mitre enfermaba en Diciembre de 1866. Pero no eran vanos los temores del vicepresidente Paz ya señalados y, en Febrero de 1867, Mitre, abandonando al Comando del Ejército Aliado, después de adoptar desde Rosario medidas para sofocar la rebelión, reasumió en Marzo en Buenos Aires, la Jefatura del Estado.

En ese carácter envía en Mayo el correspondiente Mensaje al Congreso de la Nación. En Julio, terminada la rebelión, retorna al Paraguay y reasume el cargo de General en Jefe del Ejército Aliado.

Al aproximarse los comicios que debían renovar la presidencia, uno de sus más representativos partidarios, el doctor José María Gutiérrez, le escribió a Mitre una carta, el 18 de Noviembre de 1867, en la que le informaba acerca de las candidaturas probables.

Reconociendo Gutiérrez que Mitre “no se constituirá nunca en poder electoral, ni tomará iniciativa en el asunto”, no oculta que el candidato de Mitre y del partido liberal debía ser Rufino Elizalde, que desempeñaba en ese momento el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Gutiérrez menciona las otras candidaturas que circulan: Elizalde o Rawson por los mitristas; la de Urquiza o la de Alberdi, por las gentes de la extinta Confederación; la de Alsina, por elementos de Buenos Aires; la de Sarmiento, que aparecía auspiciada por algunas provincias del Interior...

Desde su Campamento en Tuyú Cué, Mitre responde con una extensa carta que José María Gutiérrez hizo pública y que se conoce con la designación de “Testamento Político de Mitre”, aunque esta designación no correspondiera al remitente, que la denominó “su programa electoral”, ni tampoco la llamara así su destinatario.

Mitre no soslaya lo concreto del tema. Al contestar, el 27 de Noviembre, recuerda que su empeño había consistido en preparar al país para una libre elección, “pues para escamotear la soberanía del pueblo, desacreditando la libertad y desmoralizar al Gobierno dándole por base el fraude, la corrupción o la violencia, ahí están sus enemigos que lo harán mejor...
Es preciso, pues, trabajar y triunfar con la verdad de nuestros principios y con fe en ellos y por medios análogos a los fines que nos proponemos, de manera que el partido liberal, teniendo razón de ser, tenga razón de triunfar y de gobernar para bien y honor de todos...”.

Condena moralmente -tildándolas de reaccionarias- las candidaturas de Urquiza y de Alberdi. También a la de Adolfo Alsina, por reputarla fruto espúreo de una liga de gobernadores...(13); “... El testamento, muy bien recibido por la opinión, desazona a los propios partidarios del presidente, esperanzados en que los resortes oficiales se pusieran al servicio de la candidatura de la aprupación(14).

(13) y (14) Alberto Palcos. “Sarmiento” (1962), Ed. Emecé, Buenos Aires. // Citado por Gustavo Gabriel Levene. “Nueva Historia Argentina (Presidentes Argentinos)” (1975). Ediciones Argentinas S. R. L., Buenos Aires.

Las consideraciones de Mitre acerca de los candidatos motivaron ásperas respuestas de Alsina y de Urquiza; también Sarmiento se consideró ofendido por una expresión que lo aludía...

Lo innegable es que Mitre no volcó en favor de Elizalde, candidato de su intimidad, el apoyo y los favores que en tales casos suele dispensar el poder y, al facilitar la aproximación de Alsina y de Sarmiento, el denominado “testamento político” terminó posibilitando el triunfo de Sarmiento.

La inesperada muerte del vicepresidente, el doctor Marcos Paz, víctima del cólera (Enero 2 de 1868) y la consiguiente acefalía del Poder Ejecutivo, determinan el regreso de Mitre a Buenos Aires para reasumir la Presidencia y abandonar la Jefatura de los Ejércitos que luchaban en el Paraguay.

Aunque las tropas Aliadas ocupan Curapayty -en Marzo- y Humaitá en Julio, la guerra proseguía cuando Mitre recibe, a fines de Agosto, la visita de Sarmiento que, electo para sucederlo volvía de los Estados Unidos. El 12 de Octubre, concluido su período presidencial, entrega a Sarmiento la Primera Magistratura.

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