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La Administración Romero

Pascual Echagüe evacuó la provincia en Mayo de 1839 para abrir operaciones sobre Fructuoso Rivera, en el territorio de la República Oriental. No dejó a José Antonio Romero tropas ni armas; decía que no las necesitaba, después del escarmiento de los correntinos

Eliminado el enemigo interno, Echagüe invadió el Uruguay el 29 de Julio de 1839, acompañado por Juan Antonio Lavalleja. Rivera lo esperó en el norte del país y, por medio de una retirada lenta, lo fue alejando de sus bases, mientras éste iba recibiendo nuevos refuerzos.

A fines del mismo mes de Julio de 1839, el gobernador José Antonio Romero se dirigió, autorizado por ley del 20 de Julio de 1839 y previa delegación del P. E., hacia la Villa de San Roque(1) para atender a los sucesos que pudieran ocurrir por haber cruzado el Uruguay la vanguardia del “Ejército de Operaciones de la República Argentina” y, abandonado a Corrientes -repasando el Mocoretá por el Paso de las Carretas- el General en Jefe Juan José Pascual Echagüe.

(1) Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde el Tratado del Cuadrilátero a Pago Largo)”, capítulo XXVI. Imprenta del Estado, Corrientes.

El 22 de Mayo de 1839 había renunciado Manuel Antonio Ferré. Ese mismo día se designó al coronel José Antonio Romero como gobernador titular, en momentos en que éste se encontraba ausente, nombrándose como interino a Pedro Dionisio Cabral.

Recién el 6 de Julio de 1839, Romero entró en posesión del P. E. y permaneció en la Ciudad de Corrientes hasta el 23 de Julio de 1839, en que el estado de conmoción de la campaña hizo urgente y necesaria su salida, dejando de gobernador delegado a Juan Manuel Bedoya(2).

(2) Antonio Abraham Zinny. “Historia de los Gobernadores de las Provincias Argentinas” (1987). Ed. Hyspamérica. Citado por Gabriel Enrique del Valle. “Los Hombres que Gobernaron Corrientes (Compendio de Historia Política)” (2007). Edición del Autor.

Pasados los primeros efectos de los horrores, aunque ninguna esperanza de auxilio se vislumbraba, operóse una reacción viril en el sentimiento público, como pasión ciega impelida por la vergüenza de la afrenta, el amor a la libertad perdida y el anhelo de la venganza.

En su corta Administración, Romero no alcanzó a hacer nada que valiera la pena pues se vio acosado permanentemente por la conspiración de la mayor parte del pueblo correntino que le guardaba un profundo resentimiento por haber colaborado con el enemigo y por la extrema pobreza en que estaba la provincia.

Romero reunió fuerzas, se proveyó de elementos de movilidad y el 24 de Septiembre de 1839 recabó del Congreso instrucciones para conservar el orden público, ante las noticias que se recibían del sur, de que el Ejército rosista había sido derrotado en la Banda Oriental.

Para destruir el “espíritu” que no le era afecto -de unidades veteranas conocidas- la ley del 24 de Julio de 1839 lo autorizó a suprimir los Cuerpos de “Libertos” y “Granaderos a Caballo”(3).

(3) Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde el Tratado del Cuadrilátero a Pago Largo)”, capítulo XXVI. Imprenta del Estado, Corrientes.

Reunido apresuradamente el Congreso General, le recomendó (el 3 de Octubre de 1839) ponerse al corriente de los antecedentes y obrar con la prudencia y pulso que las circunstancias requerían, dando una serie de leyes tendientes a reunir fondos y material de guerra, para luego entrar en receso como, por ejemplo, leyes sobre régimen aduanero; pago de derechos adelantados; etc.

La del 26 de Septiembre de 1839 llevó al colmo la medida, autorizando al P. E. a vender las casas de propiedad del Fisco(4).

(4) Citado por Hernán Félix Gómez. “Historia de la provincia de Corrientes (desde el Tratado del Cuadrilátero a Pago Largo)”, capítulo XXVI. Imprenta del Estado, Corrientes.

Pero todas estas disposiciones -tendientes a afirmar un régimen antipopular- no debían bastar ni eran suficientes para imponer silencio a voluntades decididas. Y fue así, a favor de la concentración del ejército miliciano y del movimiento de opinión, que produjo la citación de las Asambleas Electorales para designar Diputados a la 7ma. Legislatura de la provincia, que el pueblo solicitó del Congreso la expulsión del coronel Romero y el nombramiento de un nuevo gobernador.

- La represión rosista

El “Restaurador de las Leyes” no estaba desprevenido. Lo primero que hizo fue lanzar a Echagüe sobre Corrientes y en la batalla de Pago Largo (el 31 Marzo de 1839), Berón de Astrada fue totalmente batido y muerto.

El agente francés Dubué es descubierto en Mendoza y fusilado, pero antes denuncia la participación de Domingo Cullen en la alianza antirrosista. Este abandona Santa Fe y se refugia en Santiago del Estero, bajo la protección de Felipe Ibarra.

Rosas le exige su entrega y éste, temeroso, entrega innoblemente a su protegido, que es fusilado ni bien pisa territorio porteño, el 22 de Junio de 1839, sin juicio alguno.

Rivera, al saber la derrota de los correntinos, trató de hacer la paz con Rosas y procuró detener a Lavalle, que se aprestaba a iniciar su campaña.

En Junio de 1839 se produce la conjuración de los Maza en Buenos Aires. Después de haber sido disuelta la Asociación de la Joven Argentina, los más comprometidos emigraron a Montevideo donde organizaron la Asociación de Mayo. Otros quedaron en Buenos Aires y, a comienzos de 1839, formaron el Club de los Cinco(5), cuya finalidad era derrocar a Rosas.

(5) Recibió este nombre porque en principio sus miembros fueron cinco jóvenes: Carlos Tejedor, Jacinto Rodríguez Peña, Enrique Lafuente, Santiago Albarracín y Rafael Corvalán. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”. Editorial Troquel, Buenos Aires.

Pronto consiguieron adhesiones, no sólo de unitarios sino también de federales distinguidos. El comandante Ramón Maza, de gran prestigio entre los partidarios del Restaurador(6), prometió apoyar el movimiento con sus tropas. Su padre era el doctor Manuel Vicente Maza -amigo personal de Rosas y también entre los conjurados- que ejercía las presidencias del Supremo Tribunal de Justicia y de la Legislatura.

(6) Ramón Maza era un hombre joven y elegante -tenía 29 años- y estaba recién casado con Rosa Fuente, prima hermana de Encarnación Ezcurra, la esposa de Rosas, ya fallecida. // Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”. Editorial Troquel, Buenos Aires.

El plan consistía en un levantamiento armado de la campaña del sur de la provincia de Buenos Aires y el desembarco en ella de Lavalle, auxiliado por los franceses y los opositores de Montevideo. Rodeado y sin el dominio de las aguas, el Restaurador no podría escapar.

Las actividades de los complotados -reuniones secretas, correspondencias con Montevideo- trascendieron al conocimiento público; por su parte, Lavalle demoró más de lo convenido y los efectivos del sur tampoco respondieron con la rapidez requerida.

El general José María Paz, en sus “Memorias”, destaca que era imposible “conservar un secreto que rodaba entre miles de depositarios”. Los detalles precisos de la conjuración fueron llevados a Rosas por el capitán Martínez Fontes y los hermanos Medina Camargo(7).

(7) Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”, Editorial Troquel, Buenos Aires.

Enterado desde tiempo atrás del movimiento, Rosas ordenó -el 24 de Junio de 1839- la detención del comandante Ramón Maza, cuando éste se disponía a partir para la campaña a fin de iniciar las operaciones. Maza fue arrestado y fusilado en la cárcel -por orden de Rosas- en la madrugada del 28 de Junio de 1839.

El gobernador luego dispuso archivar el sumario levantado con motivo de la conjuración pues, de otro modo, afirmó, “habría sido preciso ordenar la ejecución de no pocos federales y unitarios de importancia”.

A su vez, y por mediación del cónsul estadounidense, el gobernador bonaerense ofreció al padre de Ramón -el doctor Manuel Vicente Maza- los medios para que se ausentara inmediatamente de Buenos Aires; el último no aceptó a fin de poder ayudar a su hijo.

En la noche del 27 de Junio de 1839, el doctor Maza -ante la situación creada y presuntamente comprometido en el movimiento- se dirigió a la Legislatura para renunciar a los cargos que desempeñaba. Allí fue asesinado, en su despacho, por miembros de “La Mazorca”.

El doctor Maza penetró en su despacho y a la luz de un quinqué escribió varios borradores, que destruyó al no satisfacerle los términos en que elevaría su renuncia. En esas circunstancias, dos hombres emponchados irrumpieron en la habitación y uno de ellos, Manuel Gaetán, hundió varias veces su puñal en el cuerpo del anciano magistrado. Acto seguido, tomó una hoja de la mesa y secó en ella el acero ensangrentado de su arma(8).

(8) Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”. Editorial Troquel, Buenos Aires.

Amparados en la oscuridad de la noche, los asesinos huyeron. Gaetán fue luego fusilado por orden de Rosas. La muerte del doctor Maza no está perfectamente aclarada pues ambas facciones en pugna -unitarios y federales- se culparon mutuamente. Falta la constancia documental que arroje una luz definitiva sobre el crimen y destaque quiénes fueron los instigadores(9).

(9) Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”. Editorial Troquel, Buenos Aires.

- En la campaña del sur bonaerense, también hay descontento

El último episodio de esta sucesión de desastres para los aliados se desarrolló en los campos del sur bonaerense

Si la “rebelión intelectual” merecía de Rosas más desprecio que preocupación, no pasó lo mismo con el creciente descontento que -desde 1836- se desarrollaba en un sector de los hacendados porteños.

Parte de ellos se había beneficiado con el régimen de enfiteusis que les había permitido la explotación de grandes extensiones a costos bajos y la ley de 1836 -agravada por la de 1838- terminaba prácticamente con ese régimen.

Al descontento económico se añadió el disconformismo político por la forma violenta en que eran reprimidos todos aquéllos que manifestaban cierta independencia hacia el partido del gobernador porteño.

Lo grave de este estado de cosas era que se producía en el centro mismo del poder de Rosas: la campaña bonaerense. Chascomús y Dolores eran el núcleo del malestar.

En Buenos Aires, la posición interna de Rosas parecía sólida después de la eliminación de sus adversarios, sean estos unitarios o federales. Pero el bloqueo francés al Río de la Plata a partir de 1838 creó dos nuevos grupos de descontentos: los jóvenes “románticos” -para los que Francia era el más alto grado de la civilización universal- y los estancieros, perjudicados económicamente por el bloqueo, ya que no podían exportar ganado(10).

(10) Ignacio Manuel Iriarte. “Los Libres del Sur”, en “Todo es Historia”, Nro. 47, Buenos Aires.

Rosas decidió solucionar la crisis financiera que el bloqueo le causaba exigiendo el pago de los alquileres atrasados de los ganaderos enfiteutas y que hacía muchos años que no los pagaban y, poco después, obligó a los estancieros que compraran sus campos o los devolvieran al Estado Provincial.

Según que el solicitante en compra fuera partidario del rosismo, autorizaba o no las solicitudes de compra de los campos, lo que aumentó el malestar de muchos estancieros.

La zona en que la enfiteusis era dominante era el entonces sur de la provincia de Buenos Aires y allí los hacendados decidieron librarse de Rosas. Con ayuda de los argentinos establecidos en Montevideo organizaron una campaña al mando del general Juan Lavalle, que debía desembarcar en el Sur de Buenos Aires y apoyar a los estancieros opositores(11).

(11) Ignacio Manuel Iriarte. “Los Libres del Sur”, en “Todo es Historia”, Nro. 47, Buenos Aires.

La conspiración de los Maza tenía ramificaciones en la campaña sur de la provincia de Buenos Aires. Los estancieron insurrectos esperaban coordinarse con un movimiento sedicioso en la Ciudad de Buenos Aires dirigida por el coronel Ramón Maza -hijo del ex gobernador Manuel Maza- pero éste será asesinado y su hijo fusilado.

El movimiento del sur de Buenos Aires estaba encabezado por Pedro Castelli, Manuel Rico y Ambrosio Crámer quienes -fracasada la conjuración de la capital- solicitaron a Lavalle que desembarcara con su expedición en la costa sur; sin embargo, el último optó por marchar hacia el norte, para invadir por Entre Ríos.

La esperada ayuda de Lavalle se había esfumado, ya que éste había decidido penetrar en Entre Ríos(12).

(12) Juan José Cresto (1993). “Los Libres del Sur”, Buenos Aires.

Desilusionados de que Lavalle desembarcara en Buenos Aires y sabiéndose descubiertos, los amotinados se lanzaron a la sedición. Los cabecillas Castelli, Crámer y Rico se pronunciaron contra Rosas en Dolores, el 29 de Octubre de 1839, instalando poco después su improvisado ejército en el pueblo de Chascomús. Carecían casi totalmente de armas y las pidieron a Montevideo.

Ya a mediados de Octubre de 1839 los insurrectos dispusieron que Rico levantaría el pueblo de Dolores, Crámer actuaría en Chascomús y Castelli apoyaría a estos con los efectivos que se comprometió a reunir.

Cuando Rosas supo que los sediciosos del sur no contaban con el apoyo de Lavalle, tomó las precauciones militares necesarias para sofocar el estallido; enseguida varias divisiones rosistas marcharon hacia los focos insurrectos.

El 7 de Noviembre de 1839, las tropas del coronel Prudencio Rosas -hermano del gobernador- no les dio tiempo y venció a los rebeldes en las proximidades de la Laguna de Chascomús, batalla en la cual -tras la huida de su jefe- el coronel Nicolás Granada, derrotó a los revoltosos.

Crámer cayó en la acción, muriendo en el campo de batalla, y Pedro Castelli -hecho prisionero- fue degollado. Castelli -hijo del prócer- huyó, pero fue alcanzado por una partida y degollado por el soldado rosista Juan Durán. La cabeza del jefe revolucionario fue enviada a Dolores y allí expuesta en una pica por varios días en la plaza pública(13).

(13) Citado por José Cosmelli Ibáñez. “Historia Argentina”. Editorial Troquel, Buenos Aires.

La mayor parte de los gauchos se rindieron y fueron indultados por orden de Rosas. Otros dirigentes lograron exiliarse -entre ellos el coronel Rico- quien tuvo mejor suerte, pues se retiró en dirección a Tuyú donde con 500 de sus hombres embarcó en naves francesas, para incorporarse luego en el ejército expedicionario de Lavalle(14).

(14) Ignacio Manuel Iriarte. “Los Libres del Sur”, en: “Todo es Historia”, Nro. 47, Buenos Aires.

- La campaña de Lavalle en Entre Ríos

¿Qué había pasado con Lavalle? Antes de dar respuesta a esta pregunta, hay que remontarse a los orígenes de la participación de Lavalle en la empresa planeada entre emigrados, orientales y franceses.

Dos obstáculos oponía el general argentino: su negativa a actuar aliado a una potencia extranjera contra Buenos Aires; y el espíritu de partido de algunos emigrados. Había expresado:

Estos hombres, conducidos por un interés propio muy mal entendido, quieren transformar las leyes eternas del patriotismo, del honor y del buen sentido; pero confío en que toda la emigración preferirá que la Revista la llame estúpida, a que su patria la maldiga mañana con el dictado de vil traidora(15).

(15) Enrique M. Barba. “La Campaña Libertadora del general Lavalle” (1944), Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires, La Plata, p. 15. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, Buenos Aires.

Chilavert le había prometido que no se pisaría suelo argentino sino bajo el pabellón nacional; que no se consentiría ninguna influencia extranjera en la organización del país; y que los auxilios serían pagados con una indemnización.

Tales seguridades parecieron insuficientes al general. Alberdi logró, en Febrero de 1839, que el cónsul francés en Montevideo le diera, por escrito, las miras de Francia respecto de sus intenciones en la Argentina(16).

(16) Enrique M. Barba. “La Campaña Libertadora del general Lavalle” (1944), Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires, La Plata, pp. 34-36. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, Buenos Aires.

Ni aún así consintió Lavalle, que fue llamado reiteradamente por Lamas, Varela, Chilavert, Rodríguez y Alberdi. Por fin -después de iniciado el bloqueo- la Comisión Argentina -por intermedio de Florencio Varela- lo convenció (aunque con reparos) de tomar el mando de todas las fuerzas argentinas existentes en la Banda Oriental, para evitar que la invasión fuera efectuada por Rivera. Además, resolvió organizarla debido a la colaboración de los franceses, quienes habían prometido barcos, armas y también aporte monetario.

Los argumentos de Varela disiparon los escrúpulos del general; en Abril, se trasladó a Montevideo y aceptó el encargo.

En cuanto a los partidos, quiso que la expedición no fuese unitaria, sino argentina, y respetando las tendencias de los pueblos se dispuso a aceptar la federación, como mucho antes la había aceptado Quiroga. Por eso, la Proclama con la que acompañó su entrada en Entre Ríos, decía: “¡Viva el Gobierno Republicano, Representativo, Federal!(17).

(17) Enrique M. Barba. “La Campaña Libertadora del general Lavalle” (1944), Archivo Histórico de la provincia de Buenos Aires, La Plata, pp. 189-190. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos”, Buenos Aires.

El propósito evidente de Lavalle fue el de dar a la campaña el carácter de una lucha nacional contra la dictadura, exenta de connivencias con los extranjeros que la apoyaban y de compromisos con el partido antirrosista. Las resistencias creadas por Rosas en las provincias hacían oportuno el momento para arrebatarle la bandera federal.

Por su parte, Rivera -que recelaba del prestigio de Lavalle y que había pretendido subordinar a su mando a la Legión Argentina- postergó su ayuda pues había iniciado un acercarcamiento secreto con Rosas, que no llegó a concretarse. El caudillo oriental obstaculizaba la expedición, por lo que la partida de Lavalle de Montevideo -en los buques franceses- fue clandestina.

Lavalle -que se había unido a las campañas contra Rosas convencido por Florencio Varela- se trasladó junto a varios oficiales a la isla Martín García -aún en manos francesas- donde desembarcó el 2 de Julio de 1839 y donde formó un pequeño ejército -unos 600 hombres- de voluntarios(18).

(18) Lily Sosa de Newton. “Lavalle” (1973). Ed Plus Ultra, Buenos Aires.

Allí preparaba sus tropas, cuando la Comisión Argentina le informó que no podía enviarle ni reclutas ni dinero para remontarlas. Entretanto, Rosas, que no creyó que Lavalle había pedido iniciar sus operaciones sin la complicidad de Rivera, dio orden a Echagüe de penetrar en Entre Ríos.

Cuando llegó la noticia de la invasión de Echagüe al Uruguay, Lavalle cambió su plan de campaña -destinado a ingresar a Buenos Aires- y se dirigió a la provincia de Entre Ríos -por lealtad a sus protectores uruguayos- a bordo de buques franceses.

Desembarcó cerca de Gualeguaychú -el 5 de Septiembre de 1839- para cortar las comunicaciones de Echagüe y reclutar a los descontentos, acompañado por jefes prestigiosos como Iriarte, Martiniano Chilavert, José Valentín de Olavarría y Manuel Hornos. La tropa no pasaba de 400 hombres y Lavalle los organizó como una montonera de milicianos entusiastas pero sin disciplina ni organización.

Varios de ellos iban como “ciudadanos” y se consideraban libres de las obligaciones militares de las tropas de línea(19).

(19) Pablo Camogli. “Batallas entre Hermanos” (2009), pp. 24-29. Ed. Aguilar. “Esta situación fue duramente censurada por el general José María Paz en sus ‘Memorias Póstumas’, señala este autor.

Avanzaron hacia el norte y, a pesar de la inferioridad numérica, derrotaron el 22 de Septiembre de 1839 -en Yeruá- a las milicias rosistas del gobernador delegado entrerriano Vicente Zapata, pese a ser doblado en número. Lavalle esperaba que la provincia se pronunciara a su favor, pero los entrerrianos se mantuvieron leales a su gobernador(20).

(20) Beatriz Bosch. “Historia de Entre Ríos” (1991), pp. 38-42. Ed. Plus Ultra, Buenos Aires.

El efecto será un nuevo pronunciamiento correntino contra Rosas animado -esta vez- por el infatigable Pedro Ferré. Lavalle se internará en Corrientes, mientras Rivera derrotaba a Echagüe en Cagancha, el 29 de Diciembre de 1839.

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