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Buenos Aires se segrega de la Confederación Argentina

- El movimiento del 11 de Septiembre

Justo José de Urquiza tenía una tarea mayor entre sus manos que la de domar a Buenos Aires. A principios de Septiembrede 1852 se retiró a Santa Fe para preparar el Congreso Constituyente, decretando, previamenente, una amnistía general(1).

(1) Vicente López había renunciado, nuevamente, en Julio, por lo que Urquiza asumió personalmente el Gobierno de la provincia, lo que afrentó a los porteños. Al retirarse a Santa Fe, delegó el mando en el general Galán. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

Pero el movimiento porteño estaba en marcha. En la noche del 10 al 11 de Septiembre se sublevaron Madariaga, Hornos, Tejerina y otros -dirigidos por general Pirán- que restableció la Legislatura disuelta y entregó el mando Ejecutivo de la provincia al general Manuel Pinto.

- Segregación de Buenos Aires

La insurgencia mantenía la alianza de los dos grupos porteñistas: el nacionalista y el aislacionista. La Proclama de Mitre, que pretendió dar “el sentido” del movimiento, respondía netamente a su propia concepción del momento: defender “la verdad” del Pacto Federativo: Organización Nacional sin que ningún hombre ni provincia pretenda imponerse a las demás por la coacción o la fuerza; y la organización administrativa del país, arreglando sus rentas, navegación, instrucción, etc. Proclamaba la realización de la democracia y -nota significativa- el rechazo de la tiranía, “venga de donde viniere”.

Este programa suponía una ruptura con Urquiza, pero las leyes del 21 y 22 de Septiembre la concretaron en forma muy favorable para los aislacionistas: se desconoció al Congreso Constituyente como autoridad nacional válida; se declaró que su base -el Acuerdo de San Nicolás- no había sido aceptado por la provincia; que la elección de sus diputados a aquel Congreso se había hecho bajo el imperio de la fuerza y se ordenó el regreso de aquellos Diputados; por último, se retiró a Urquiza el encargo de mantener las Relaciones Exteriores, en cuanto a la provincia, encargo que ésta reasumía por sí.

- Constitución provincial de 1854

La segregación de Buenos Aires se había consumado, y se materializaría, menos de dos años después, en un texto constitucional, donde triunfaría la tendencia aislacionista impulsada por Alsina, Tejedor y Anchorena. Allí se proclamó que Buenos Aires era un Estado con el libre ejercicio de su soberanía interior y exterior.

El grupo nacionalista había propuesto otro texto, redactado por Mitre, donde se insistía en el carácter provincial de Buenos Aires:

La provincia de Buenos Aires es un Estado federal, con el libre uso de su soberanía, salvo las delegaciones que, en adelante, hiciese al Gobierno federal”.

Se había afirmado, en vano, que existía una Nación preexistente, cuyo Pacto social estaba constituido por el Acta de la Independencia. Mitre describió, en la Convención, el clima segregacionista al decir

...los principios de disolución ganan terreno. Debo confesarlo dolorosamente. Me afirmo más en esta desconsoladora idea, cuando veo que el señor ministro de Gobierno ha dicho que la posición excepcional en que nos hallamos colocados, respecto del resto de la Nación, es un mal que sólo el tiempo puede curar, y que, mientras tanto, lo más acertado es declararanos semiindependientes, o cosa parecida. Esto importa abdicar por nuestra parte; esto importa arrojarnos ciegamente en brazos de la fatalidad; y mientras el tiempo prepara lentamente el resultado que se espera, esto importa hacer todo lo posible para que tal resultado no tenga lugar(2).

(2) Discurso de Mitre en la Convención Constituyente, citado por Rodolfo Rivarola. “La Constitución Argentina y sus Principios de Etica Política” (1928), p. 123. // Citado por Carlos Floria y César A. García Belsunce. “Historia de los Argentinos” (1971), segunda edición (1975), Buenos Aires. Ed. Kapelusz S. A.

- Lucha armada y sitio de Buenos Aires

La segregación no se limitó a las palabras. Pese a sus diferencias, nacionalistas y aislacionistas estaban unidos en la tarea de salvar a Buenos Aires de la influencia de Urquiza. Por esos días, fracasó ruidosamente una burda intentona de derrocar al Director, en el centro de su poder -Entre Ríos-, por medio de una expedición militar confiada a Hornos y Madariaga.

Pero, poco después, el grupo de porteños federales no liberales, apoyado en el pueblo de la campaña, se sublevaba, bajo la dirección del coronel Hilario Lagos (1 de Diciembre de 1852), proclamando obediencia al Congreso Constituyente y la voluntad de reincorporar la provincia.

Lagos tuvo gran eco en la zona rural y, pocos días después, se acercó a Buenos Aires. Se encargó la defensa al general Pacheco, y el mando de la Guardia Nacional al coronel Mitre. Lagos sitió la ciudad; Alsina renunció a la gobernación, que acababa de dársele por el deber de “quitar pretextos a las malas pasiones”, y el general Pinto asumió nuevamente el Gobierno. Las gestiones de paz murieron por la intransigencia recíproca. Buenos Aires se armó con el poder de sus amplios recursos, y el asedio se prolongó.

Por fin, el Congreso encargó a Urquiza que restableciera la paz. Tras fracasar los medios pacíficos, Urquiza declaró el bloqueo de Buenos Aires (Abril 23 de 1853), e intervino con las tropas nacionales. Los porteños no se amedrentaron, y recurrieron a un arma que no podía esgrimir la Confederación: el dinero.

Se inició una campaña de sobornos, que demostró los pocos escrúpulos de quiénes daban y quiénes recibían. El jefe de la Escuadra confederal, comodoro Coe, se pasó a Buenos Aires, y le siguieron casi todos sus subordinados.

El 31 de Junio, la Confederación había perdido su Escuadra sin disparar un tiro. La acción se repitió sobre las tropas de Lagos, quien vio desertar a sus soldados en tales cantidades que, a mediados de Julio, el ejército estaba prácticamente disuelto, y se levantó el sitio. Buenos Aires había ganado la primera etapa de su nueva lucha por la hegemonía.

Sin embargo, su ventaja no era decisiva. En el ínterin, el Congreso había producido una Constitución, que fue aceptada por el resto del país. Urquiza había ejercido su poder provisorio con seguridad y moderación y, por fin, había sido electo presidente de la República. El poder había sido legitimado. La Confederación tenía una Constitución, un presidente y un líder.

En Buenos Aires, si no dominaba un hombre, sí lo hacía un partido.

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