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ORIGEN DEL MOVIMIENTO SEDICIOSO LIBERAL DE 1877/1878

Guerra civil de 1877-78. La más cruenta de la historia provincial. Cientos de hombres mueren por causas partidarias. Cientos de familias serán destruidas por los colores celeste y rojo punzó. La historia hablará después, intentado explicar lo que había sucedido, sin poder escapar de esa grieta profunda abierta en el alma correntina.

Recuerda el doctor Hernán Félix Gómez(1), que se acusó a Jenofonte, el griego, por haber escrito sus Helénicas(2) sobre la Guerra del Peloponeso, un período apasionado y cruel del existir de los Helenos, de luchas civiles con represalias, enconos, intereses encontrados, alianzas versátiles y “cuanto pudo sumar el olvido del interés general en la obsesión de la utilidad inmediata(3).

(1) Hernán Félix Gómez nació en la Ciudad de Corrientes, el 26 de diciembre de 1888. Era hijo del doctor Félix Gómez y doña Juana Ávalos Billinghurst. Estudió en su ciudad natal y luego se recibió de Abogado, en 1910, en la Ciudad de Buenos Aires. En Corrientes ejerció y se destacó en la docencia, en la política y como historiador. Ejerció la docencia secundaria hasta 1942 y, jubilado ese año, fundó y dirigió, en Corrientes, el Instituto de Estudios Secundarios. Desempeñó numerosos cargos públicos: Secretario de la Convención Constituyente de 1912-1913; Agente Fiscal; Vocal del Consejo Superior de Educación; Concejal Municipal de Corrientes; Diputado Nacional de 1932 a 1934; Presidente de la Junta de Estudios Históricos de Corrientes; Vicerrector del Colegio Nacional; Director honorario del Museo Colonial Histórico y de Bellas Artes de Corrientes. Fue representante de su Provincia en varios congresos e instituciones como: el I Congreso de Instrucción Primaria, reunido en San Juan, en 1910; en la Comisión Provincial del Centenario del Pacto Federal, en 1931; delegado del P. E. al Congreso Nacional de Cultura; de la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos; y del Instituto Nacional Sanmartiniano. Fue miembro correspondiente de varias Academias e Instituciones de estudios históricos: Academia Nacional de la Historia, Junta de Historia Nacional de Montevideo y Sociedad Argentina de la Historia; Juntas Provinciales de Historia de: Mendoza, Salta, Santa Fe y Córdoba. Fue representante del país, junto con los doctores Ricardo Levene y Alfredo L. Palacios, en el Congreso Internacional de Historia Americana de Río de Janeiro. Fue autor de más de ciento cincuenta obras y, entre ellas, merecen destacarse: “Vida Pública del Dr. Juan Pujol” (premiada en el Concurso Nacional de Letras de 1920); “Historia de las Instituciones de la Provincia de Corrientes” (premio de la Institución Mitre, en 1923); “Corrientes y la República Entrerriana” (premiada en el III Congreso de Historia Nacional, en 1929); “Monumentos y Lugares Históricos de la Provincia de Corrientes” (premiada por la Comisión Nacional de Cultura, en 1940). Estaba casado con doña Luisa Gersbach. Falleció el 19 de Abril de 1945.
(2) "Historia de la Guerra del Peloponeso", que continúa la obra inacabada de Tucídides. También incluye la lucha tebana por la hegemonía, hasta la batalla de Mantinea, de 362 a. C.
(3) Citado por Hernán Félix Gómez, “Toledo el Bravo (el último ‘caudillo de guerra autonomista’)”, Prólogo. Reedición. Amerindia Ediciones. 1997.

Pero Jenofonte hizo bien. Si la Historia ha de cumplir su función de “maestra de la vida” no tiene por qué silenciar los períodos oscuros, en que el ideal no luce en el drama de los hombres y de los pueblos, y, precisamente, es en su relato sobre esos períodos, donde la juventud encuentra luz para los caminos a seguir.

- Análisis de la situación por parte de los historiadores

De fines de 1877 a 1883, la historia de Corrientes está en blanco. No fue el único período en que se hizo sentir la ausencia de sus historiadores clásicos. Los Registros Oficiales presentan el documento, sin darle perspectiva humana; los escritos del doctor Manuel Florencio Mantilla(4), los cronistas episódicos y el ya citado, doctor Gómez, hacen algunos aportes, sin haber valorizado los sucesos en una concepción completa, para situar con justeza el drama social. Todos escribieron para su defensa, para la justificación de actos políticos.

(4) Manuel Florencio Mantilla nació en Saladas, el 25 de julio de 1853, siendo sus padres Juan Ramón Mantilla y doña Avelina Benítez de Arriola. Casó en Corrientes, el 11 de junio de 1879, con doña María Rosalía Pampín, hija del gobernador Juan Vicente Pampín y doña María Rosalía Lagraña. Inició sus estudios en Mercedes y, luego, radicada su familia en la Capital Provincial, los continuó en la escuela del Convento de San Francisco. Después estudió en Santa Fe y, en 1868, ingresó en el Colegio Nacional de Buenos Aires, graduándose -en 1874- de Doctor en Jurisprudencia en la Facultad de Derecho. “Traición a la Patria”, se tituló su tesis. Ya en su Provincia, dirigió el periódico -de ideas liberales- “El Argos”, que dejará de aparecer el 30 de noviembre de 1876, por orden del Gobierno de José Luis Madariaga. En julio del año siguiente, fundó “La Libertad”, periódico de combate -como todos los de esos tiempos- que tuvo una azarosa vida, bastante prolongada. Mantilla tenía 25 años cuando los sucesos insurgentes de 1878, que terminaron con el derrocamiento del gobernador autonomista, Manuel Santiago Derqui. Pocos años después, elaboró un acabado escrito relatando estos hechos, trabajo que tituló “Resistencia Popular de Corrientes. 1878”. Lo redactó en 1881, durante su exilio en Paraguay, aunque el libro fue publicado diez años después, en 1891; este es uno de los pilares en los que se sustenta el presente trabajo.

Sin dejar de lado el testimonio de nuestros mayores, es necesario abrevar en historiadores contemporáneos, con el objeto de entender, con la mayor exactitud posible, lo que sucedió en esa ya lejana época.

El doctor Ricardo Harvey(5) será uno de ellos, quien hará una síntesis feliz de aquellos hechos registrados en Corrientes por esos años. Su visión -junto a la de otros autores- diferirá de la interpretación que, el autor intelectual del movimiento, el doctor Manuel Florencio Mantilla, hiciera de los sangrientos sucesos registrados en esa época luctuosa, angustiosa, lamentable.

(5) Ricardo Juan Guillermo Harvey (1928-2011) fue un hombre que ha dedicado gran parte de su vida a la función pública, al ejercicio de la docencia y a la investigación. Fueron sus padres el curuzucuatiense Ricardo Harvey y la entrerriana, doña María Alcira Altuna. Estaba casado con doña Elvira Nilda Ramos Soto. Convencional Constituyente para la reforma de la Constitución Provincial de Corrientes, en 1960, formó parte también del Cuerpo que realizó la reforma de la Constitución Nacional en 1994. En 1963 se desempeñó como ministro de Educación y Salud Pública de la Provincia. Veinte años después, entre 1981 y 1983, será ministro de Gobierno y Justicia. También fue Vocal de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial en 1966 y Ministro del Superior Tribunal de Justicia en los años 1991 y 1992. Sus aportes como historiador y como político fueron valiosos, militando -durante varias décadas- en el Partido Autonomista. Tras haber obtenido el título de Abogado, se incorporó a la actividad docente en 1959, en carácter de adjunto de prestigiosos profesionales del Derecho, como Augusto Abelenda, Carlos María Vargas Gómez y Jorge Isaac García. Luego alcanzó la titularidad y quedó al frente de cátedras que dictaba en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Nordeste. Como historiador, aportó sus investigaciones como miembro de la Academia Nacional de la Historia. Fue, además, Diputado Nacional en 1965 y había sido electo Senador Nacional suplente en el período 1998-2001. Durante tres períodos consecutivos, también fue presidente del Banco Provincia de Corrientes.

Ya en la última década del siglo XIX, los creadores de la estrategia desplegada por el Partido Liberal, no dudarán en identificar al movimiento insurreccional -registrado en los años 1870-, como una “revolución(6), haciendo alarde de él, como si hubiera sido un logro manifiesto para la Provincia. Pero nada estuvo más lejos de ello. Revolución es un cambio violento y radical en las instituciones políticas de una sociedad o, en su defecto, un cambio brusco en el ámbito social, económico o moral de la misma. Aquí no sucedió nada de eso. Lo de 1877-78 fue un movimiento sedicioso, es decir, fue el levantamiento de un grupo de personas contra un Gobierno, con el fin de derrocarlo.

(6) Ver: Manuel Florencio Mantilla, “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891), passim. San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor.

Relata el doctor Harvey, teniendo por base conceptos de Hernán F. Gómez, que

al término de la gestión Madariaga, la Provincia estaba dividida en tres sectores políticos claramente definidos: los federales gubernistas; los nacionalistas o mitristas; y los liberales, existiendo concomitancia entre estos dos últimos que, en el fondo, pertenecían a un común tronco liberal”.

Tras esta introducción, Harvey agrega:

“Ante los comicios de renovación gubernativa, el oficialismo y la oposición se aprestaron como para una contienda bélica y los actos de fuerza se multiplicaron.
“A instancias del doctor Manuel Florencio Mantilla, y siguiendo un precedente norteamericano, los liberales organizaron un comicio paralelo, atribuyéndose ambos sectores el triunfo, y organizando sus propios Colegios Electorales.
“El gubernista eligió como gobernador y vicegobernador a los federales Manuel Derqui y Wenceslao Fernández y, el de la oposición, lo hizo en las personas de los doctores Felipe J. Cabral y Juan Esteban Martínez.
“El proceso estaba concebido con el fin de incitar una situación de violencia institucional y con ello provocar la Intervención Nacional, que se esperaba pudiera favorecer a los opositores o, por lo menos, truncar la gobernación del Partido Federal.
“Poco interesaba, en este momento, la política de Conciliación que había sido iniciada por el presidente Avellaneda, en mayo de 1877, y concretada en un solemne acto cívico el 7 de octubre de ese mismo año”(7).

(7) Citado por Ricardo J. G. Harvey. “Gobernadores constitucionales de Corrientes que no concluyeron su mandato” - página electrónica.

- El contexto del movimiento insurgente

Otro historiador contemporáneo, el doctor Dardo Rodolfo Ramírez Braschi, brinda la trama en el que se produjo el movimiento subversivo. Hablando de las consecuencias de la Guerra del Paraguay en los países Aliados -y Corrientes en particular-, éste dijo lo siguiente:

“La sucesión presidencial de los años siguientes a la contienda fue consolidándose. Cuestiones pendientes del Estado Argentino, como ser inmigración, producción, educación, dominio de los territorios nacionales ante el poblador original, transformaron rápidamente al país, solidificándose el Poder Central.
“A nivel político, el mitrismo soportó importantes consecuencias a raíz de la guerra: sus costos fueron altos y el más evidente fue que perdió el manejo político del país por el resto de la vida pública de su líder. Esta derrota del mitrismo dio lugar a otras fuerzas políticas, haciendo que los próximos presidentes argentinos -pese a ser oriundos del Interior- no tuvieran un carácter federal. La solidificación del roquismo sellará la derrota definitiva del mitrismo, aunque hay que decir que éste dejó huellas permanentes en el gen político argentino (...).
“Las presidencias consecutivas de Sarmiento, Avellaneda y Roca marcarán aquella política. Estos tres presidentes -en tiempos de guerra- estuvieron vinculados, de una u otra manera, al conflicto (con el Paraguay) y, Roca, puntualmente, combatió como soldado en los campos de batalla paraguayos (Paso de la Patria, Estero Bellaco, Tuyutí, Boquerón y Curupayty).
“Hay que recordar también que años inmediatos a la contienda y una vez terminada ésta, el Gobierno argentino -alejada ya la guerra- centralizó sus prioridades en neutralizar las últimas rebeliones de caudillos como las de Ricardo López Jordán (h) -en los años 1870/1871- con la batalla de Ñaembé; e impidiendo que Felipe Varela intentase, desde Bolivia, un último alzamiento, en enero de 1869. El Gobierno Central apaciguó algunos focos rebeldes provinciales, lo que le valió al presidente Sarmiento fortalecer un proceso de unificación y solidificación institucional.
“Paradójicamente, en Corrientes, teatro de la guerra en 1865, ocurrió algo inverso a lo sucedido en el país: la contienda internacional dejó como consecuencia -y durante toda la década posterior- un incremento de las luchas políticas, en las que estuvo el Gobierno Nacional estrechamente involucrado.
“El mitrismo y el autonomismo se vieron representados a nivel local y el golpe de Estado se volvió normal: Evaristo López Soto, derrocado por el mitrismo (1868); Agustín Pedro Justo, derribado por el denominado ‘fusionismo’, nacido a fuego desde la política presidencial de Sarmiento (1872); luego el abatimiento de la Administración de Manuel Derqui, por fuerzas liberales-mitristas (1878); y, finalmente la caída del Gobierno de Felipe José Cabral a manos del Gobierno Nacional, encarnado por Avellaneda-Roca”.

Ramírez Braschi dice después:

Esta historia de fracasos institucionales implicó fracturas importantes severas en los bandos correntinos en pugna: liberales y autonomistas se asesinaron en los campos de batalla, logrando sólo el cercenamiento territorial. Aquéllos que formaron estrechas filas de un ejército combatiendo en el Paraguay, después se desconocieron, luchando frenéticamente en disputas políticas provinciales(8).

(8) Dardo Rodolfo Ramírez Braschi es Doctor en Derecho e investigador oriundo de Esquina. Nació el 4 de noviembre de 1965. Sus padres fueron Dardo Fegor Ramírez y María Carlina Braschi. Es presidente y Miembro de Número de la Junta de Historia de la Provincia de Corrientes y Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina. Asimismo, Ramírez Braschi es Miembro Correspondiente -por la Provincia de Corrientes- de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Actualmente es Subdirector del Archivo General de la Provincia de Corrientes. Abogado, Magister en Ciencias Políticas, sus principales actividades académicas se focalizan en la docencia universitaria. Autor de obras especializadas, hoy es un referente obligado al estudiar la historia correntina.

Finalmente, el citado historiador sintetiza -en un párrafo- las consecuencias nefastas de estos desencuentros entre correntinos:

“En fin, Corrientes, se empequeñeció.
“Evidentemente, tras los destellos de la guerra del Paraguay, después de ella nada será igual y los cambios surgidos marcarán una nueva etapa para Corrientes y el país”.

Los conceptos son terminantes; hasta es factible inferir que la insurgencia liberal correntina de esos años ni siquiera se haya gestado en la Provincia, sino en Buenos Aires, ya que los motivos que impulsaron a estos hombres estaban directamente ligados a hechos políticos de aquella ciudad.

En Corrientes, el liberalismo mitrista encontró a un hombre joven, capaz, inteligente, ambicioso, que lideró el movimiento: Manuel Florencio Mantilla; el levantamiento logrará sus objetivos (derrocar al gobernador y recuperar -para el mitrismo nacional- una provincia), pero el movimiento sedicioso instigado hará derivar el proceso histórico en un choque frontal con las políticas sustentadas desde el Gobierno Central, lo que dañará profundamente a Corrientes, provocándole pérdidas irreparables (además de vidas y bienes), como lo será el cercenamiento de un tercio de su territorio.

- Antecedentes internos. El conflicto en sus inicios

Entre 1868 y 1872 ocurrieron notables cambios en el escenario nacional y en la vida política de la Provincia. La Guerra del Paraguay marcó un revés en el liderazgo nacional de Bartolomé Mitre y también aceleró la erosión de la base de poder de Justo José de Urquiza, cuyo corolario fue su asesinato en 1870.

La muerte del caudillo entrerriano constituyó un mojón que marcó un duro golpe al Partido Federal y la desaparición del principal obstáculo para la formación de un partido político nacional que pudiera integrar a liberales y federales, llamado más tarde “autonomismo”, el cual comenzó a cobrar forma con la puesta en marcha de la candidatura a la presidencia de Nicolás Avellaneda.

Todos estos eventos impactaron notablemente en la conformación y reestructuración de los elencos políticos de Corrientes. Desde 1868 hasta 1872, el Gobierno Provincial estuvo dominado por un sector estrechamente vinculado a Bartolomé Mitre, en el que se destacaban varios oficiales del ejército de línea que habían combatido bajo sus órdenes en la guerra del Paraguay, como el gobernador Santiago Baibiene(9).

(9) Baibiene fue vicegobernador de la provincia de Corrientes desde diciembre de 1868 hasta octubre de 1869. Reemplazó a José Miguel Guastavino, en 1869, y completó su período hasta diciembre de 1871. Es el vigésimo gobernador constitucional propietario. La renuncia del gobernador implicó que el vicegobernador sea constitucionalmente gobernador. Es la cadena constitucional de mando y poder.

Con la llegada de Baibiene al P. E., los clanes o camarillas que tenían el control de la Provincia, se encuentran excluidos del poder, hecho significativo, pues no sucedía algo similar desde los años de gobierno de Genaro Berón de Astrada. Pero, al contrario del “mártir de Pago Largo”, el nuevo gobernador no descendía de antiguas familias correntinas, sino que era el emergente de un proceso inmigratorio cada vez más importante, no sólo a nivel provincial.

Baibiene era hijo de comerciantes genoveses afincados en Goya hacia 1830, que se habían hecho de una importante posición económica y que tuvieron, en la figura del gobernador, la profecía autocumplida de las posibilidades de rápido ascenso social que daba el país por aquel entonces. Los hermanos del gobernador -y él mismo- se vincularon por matrimonio a antiguas familias goyanas, formando parte de un patriciado local(10).

(10) Santiago casó en Goya en los últimos meses de su mandato, el 3 de marzo de 1871, con Amalia Mohando; su hermana mayor, María, ya estaba casada (lo hizo en 1853) con un inmigrante, Domingo Decotto. En tanto, los hermanos menores a Santiago fueron: Antonio, casado en Goya, el 21 de octubre de 1871, con Lastenia Santuchos; Teresa, casada con Martín Correa; Ambrosio, casado en Goya, el 23 de septiembre de 1874, con Isabel López Torres; Juan, quien casó con Justa Araujo, para después radicarse en Esquina; Isabel casó con Aguirre Silva (no tuvieron hijos); y la menor, Carmen, que casó en Goya, el 20 de febrero de 1871, con Valentín Virasoro Ferré, futuro gobernador de Corrientes entre los años 1893-1897.

El nuevo Gobierno debió sortear dificultades bélicas -la batalla de Ñaembé contra los jordanistas- y sanitarias. La fiebre amarilla, que asoló el país, no fue magnánima con Corrientes, calculándose en 2.500 las víctimas fatales La epidemia no hizo distingos entre ricos y pobres, poderosos y humildes, contándose, entre los fallecidos, Pedro Igarzábal(11), presidente de la Legislatura y gobernador delegado; y el médico, que no vaciló en el cumplimiento de su sagrada misión y ofrendó su vida, el Senador Nacional, doctor José Ramón Vidal(12), cuyo sepulcro es hoy, merecidamente, monumento histórico.

(11) Hijo del porteño Bernardo Igarzábal y de la correntina, doña Catalina Fernández Blanco. Nació en Corrientes, el 9 de agosto de 1818. Tuvo activa participación en la política provincial y fue Diputado Nacional por Corrientes entre 1854 y 1856. También actuó en la vida pública santafesina, siendo Diputado Provincial en su Legislatura durante varios períodos. En Corrientes, fue Juez de alzada y el gobernador José Manuel Pampín Io nombró ministro. En mayo de 1862 ejerció como gobernador delegado, por ausencia del propietario (el citado Pampín), por su calidad de presidente de la Legislatura. Entre los años 1869-1871 ejerció el Poder Ejecutivo en cuatro oportunidades, por ausencia del propietario (Santiago Baibiene). El 11 de febrero de 1871 falleció en Corrientes a consecuencia de la fiebre amarilla, cuando se desató esta epidemia y él, a cargo del Gobierno, se dedicó personalmente a tratar de ayudar a la población. Su esposa fue doña Mercedes Ferré.
(12) José Ramón Vidal nació en la Ciudad de Corrientes. en 1821; fueron sus padres, el catalán Juan Ramón Vidal y doña María Antonia Díaz. La escuela elemental la realizó en Corrientes, y en Buenos Aires se recibió de médico en 1849. Casó el 1 de abril de 1854 con Froilana Molinas. En su ciudad natal compartió el ejercicio de su profesión con la actividad política. Ocupó una banca en la Legislatura Provincial y fue presidente de la Convención Provincial Constituyente de 1864. En dos oportunidades ejercerá la Primera Magistratura Provincial en forma interina, por delegación de los gobernadores Manuel Ignacio Lagraña, en 1864, y Evaristo López Soto, en 1865/66. Fue nombrado Vicegobernador de la Provincia el 10 de enero de 1866. Luego ocupará una banca en el Senado Nacional. Pero la actuación en el orden político no lo distrajo del ejercicio de su abnegada profesión, a la cual se brindó por entero, especialmente cuando la epidemia de cólera -en 1868- y luego la de fiebre amarilla, en 1870-71, falleciendo el 3 de febrero de 1871 como consecuencia de haber contraído esta última enfermedad. Un hospital de la Ciudad de Corrientes lleva su nombre en justiciero homenaje.

Durante el Gobierno de Baibiene se conformó el llamado “círculo goyano”, de donde surgió el nombre del nuevo gobernador, Agustín Pedro Justo, que resultó electo(13). Miembro del denominado “clan Rolón(14) -que, desde prácticamente la fundación de la ciudad se había afincado allí- nombró ministro de Hacienda a Valentín Virasoro quien, por haberse casado, sucesivamente, con la hermana y con una sobrina de Baibiene (tras la muerte de Carmen Baibiene, se casó con Rosa Decotto), contaba con la completa aprobación del círculo.

(13) Casado, en forma endogámica, con su varias veces parienta Otilia Rolón, fueron los padres de quien será presidente de la Nación, Agustín Pedro Justo, tercer miembro de un clan correntino en ocupar el Poder Ejecutivo Nacional.
(14) El fundador de este clan es José Ponciano Rolón (1728-1801). Su procedencia es discutida, ya que algunos indican que era paraguayo, mientras otros sostienen que su lugar de origen es Santa Fe. Fue Subdelegado de Hacienda y Guerra en Corrientes (1788-1789); había sido designado el 29 de marzo de 1788. También fue Subdelegado de la Real Renta de Correos de Corrientes (1788-1801), designado por el virrey, el 13 de Mayo de 1788; presentó al Cabildo su nombramiento el 23 de Mayo de 1788. Era criollo de varias generaciones y tuvo que haber probado buen linaje para acceder al Cabildo correntino.

Durante esos años, Baibiene restringió progresivamente el acceso a los cargos políticos, los cuales pasaron a ser ocupados por los sectores a los que él consideraba más leales. Estas prácticas provocaron un profundo malestar al interior del liberalismo y dieron lugar a la formación de un nuevo grupo, que adoptó el nombre de “fusionismo”.

De forma similar a otras agrupaciones partidarias del Interior, se reunió bajo esta denominación a diferentes figuras que habían participado de las filas del liberalismo y del federalismo en la década de 1860, pero que buscaban conformar un movimiento nacional que no estuviese bajo la tutela del líder porteño, Bartolomé Mitre(15).

(15) Ver: Fernando Enrique Barba, “Federales y Liberales. 1861-1880”, en: Boletín de la Academia Nacional de la Historia, pp. 62-63, 361-393 (1989); y Raquel Bressan, “Dinámicas e interacciones de los elencos políticos del Litoral de los Ríos, durante la emergencia del sistema político y del Estado Nacional: obras de infraestructura y organización territorial. 1862-1883”. Tesis de Doctorado (2016) - Doctorado en Ciencias Sociales, Universidad Nacional de General Sarmiento / Instituto de Desarrollo Económico y Social, Buenos Aires.

Esta nueva agrupación entabló -desde 1870- una fuerte disputa con el sector gobernante, cuyo resultado fue el derrocamiento del vigesimoprimer gobernador constitucional propietario, Agustín Pedro Justo, en enero de 1872, a pocos días de asumir éste como gobernador. Además, y hay que decirlo, en contra del nuevo orden actuaba Juan Eusebio Torrent, por entonces Senador Nacional, quien fogoneó a Desiderio Antonio Sosa, Inspector General de Armas en esos momentos y enemigo personal de Baibiene, para que se hiciera con el poder.

Los hechos sucedieron así: el 25 de diciembre de 1871, como era costumbre, asumió el P. E. el doctor Justo y designó, en todos los puestos claves, a los hombres del baibienismo: ministro de Gobierno, a Juan Lagraña; ministro de Hacienda, al ingeniero Valentín Virasoro; Inspector General de Escuelas, a Eudoro Díaz de Vivar; Jefe de Policía, a Julio Pessini; y Oficial Mayor, a Plácido Martínez.

Pero la situación de calma era ficticia y los nombramientos -dentro del círculo baibienista- engendraron más rencor. El Gobierno quiso contemporizar, dando un decreto de amnistía general para todos los delitos políticos, pero, con ello, no logró mejorar la situación. El coronel Desiderio A. Sosa permaneció en la Inspección General de Armas y, en un primer momento, mostró desinterés personal. Había recibido, sin protesta, su desplazamiento de la candidatura de vicegobernador, y ahora se sentía menoscabado en su dignidad y autoridad militar, debido a los ascensos en los que, una única voluntad, había intervenido, sin darle participación a él.

Entrevistó al gobernador y le planteó la molesta situación, recibiendo de éste la seguridad de que el Gobierno se honraba con su colaboración y deseaba ésta, “como una de sus columnas mejores”, expresándole finalmente que estaba a sus órdenes y todos debían trabajar por Corrientes.

Sosa quedó conforme y tranquilo, pero, su consejero, el doctor Juan Eusebio Torrent, a la sazón Senador Nacional, lo preparó para una decepción, pues conocía muy bien la rivalidad de Baibiene con Sosa, basada en el deseo, del primero, de superar al segundo, con el objeto de ser el mejor de la Provincia en el orden militar, y no ignoraba la subordinación en que se encontraba el Gobierno con respecto a Baibiene.

Y así fue. Dos días después, usando de sus ofrecimientos, el coronel Sosa solicitó al gobernador, doctor Justo, un cargo de Juez de Paz para un vecino espectable de Santo Tomé. Se accedió y se nombró a otro(16).

(16) Hernán Félix Gómez, “Los últimos sesenta años de democracia y gobierno en la provincia de Corrientes. 1870-1930”, Buenos Aires. L. J. Rosso, 1931, p. 27.

Los acontecimientos se precipitaron con la actitud del Gobierno, que decidió detener a los hombres capaces de acaudillar un movimiento de oposición. Pero éste estalló el 5 de enero de 1872, cuando el coronel Valerio Insaurralde, al frente de un levantamiento armado en Curuzú Cuatiá, desconoció la autoridad del Gobierno que, a su vez, no perdió tiempo y movilizó la Guardia Nacional de la Provincia, nombrando Jefe de las fuerzas del sur de Corrientes al coronel Baibiene y, de las del norte, al vicegobernador Calvo.

Por su parte, Sosa se puso al frente del movimiento en la Capital, concurriendo en las primeras horas del 9 de enero al Cuartel donde dominó a golpes al jefe de la guardia que quiso resistir. Pronto la tropa se puso de su parte y quedó dueño de la situación, haciendo detener y amarrar a cada uno de los dirigentes oficialistas que concurrían para organizar la defensa.

Los primeros en llevarse la ingrata sorpresa fueron Díaz de Vivar y el ministro Lagraña. Enseguida, una partida -al mando del coronel Pedro Quijano- detuvo al gobernador. En muy poco tiempo toda la Provincia estuvo en armas, pues el coronel Sosa, hombre que no tenía ambiciones, organizó -por decreto- el 12 de Enero, un Gobierno Provisional con ciudadanos de las tendencias que integraban el fusionismo: Gregorio Pampín, liberal; Tomás Vedoya, nacionalista o federal; y Emilio Díaz, partidario del grupo de Guastavino; y él salió a campaña, engrosando sus filas con las fuerzas que habían congregado los Jefes Departamentales que se pronunciaron por la sublevación: el coronel Raymundo Fernández Reguera, en San Roque; el coronel Marcos Azcona, en Mercedes; y los coroneles Manuel Vallejos (a) “el Pájaro” y Manuel Serapio Sánchez, en Itatí y San Cosme, respectivamente.

No corresponde hablar aquí de la serie de encuentros parciales en el campo militar; sólo decir que el punto culminante de la disputa se registró el 4 de marzo de 1872, en la zona de la laguna y la loma del Tabaco, en el Departamento Empedrado, al norte del río San Lorenzo, escenario de la batalla. Allí, Baibiene se rindió ante Sosa; pero si bien esta cuestión personal, que desencadenó el drama, se zanjó, no fue lo único que se resolvió.

Es que la trascendencia de la Batalla del Tabaco no se limitó en la simple victoria de un hombre sobre otro, sino en la repercusión que tuvo en el orden nacional. Los vencidos eran mitristas y, de haberse mantenido en el poder, hubieran asegurado, a la candidatura presidencial del general Mitre, los Electores correntinos para la elección presidencial de 1874. Con el triunfo de los insurgentes, esos Electores serían para el candidato apadrinado por el presidente Sarmiento. Por eso, “La Nación” pidió enérgicamente la Intervención de la Provincia, y “La Tribuna”, “El Nacional” y “La República” se opusieron a ella.

También el Congreso Nacional fue receptor de los reclamos del mitrismo y el ministro del Interior, Dalmacio Vélez Sarsfield debió sacar las castañas del fuego. Lo hizo con mucha habilidad, presentando como causal concluyente del debate, el hecho de que el gobernador Justo, cuando solicitó la Intervención Federal, había usado papel timbrado de una cañonera italiana en la cual se había refugiado y esto, para quienes no conocían el detalle, podía hacerles creer que lo hacía desde el extranjero e implicaba abandono y cesantía del cargo. Luego, la Batalla del Tabaco cerró toda discusión.

La generosidad del vencedor del Tabaco (Sosa) permitió que los vencidos pudieran salir de la Provincia, si así lo deseaban, embarcándose Baibiene y Plácido Martínez rumbo a Santa Fe. Por el momento, el exilio era su destino, pero ello no implicaba el alejamiento definitivo de la política. El Congreso y el Gobierno Nacional respetaron al Gobierno surgido de la rebelión y no enviaron la Intervención.

Pero estos acontecimientos no lograron traer la tranquilidad a Corrientes. Los vencedores del “Tabaco” se vieron, al día siguiente del triunfo, trabajados por la carcoma de la intriga. El jefe militar, coronel Sosa, que hasta el día antes perteneciera al baibienismo vencido, significaba, para el fusionismo, un interrogante; no era sólo su lealtad, debatida injustamente, porque el coronel tenía firmes virtudes de varón; es que esa impresión popular de desconfianza traducíase en malestar, minando el esfuerzo constructivo.

Sosa, justa o injustamente sospechado, daba al fusionismo una impresión de inestabilidad, que el egoísmo de los dirigentes fomentaba, porque, avecinándose el reparto de posiciones, su prestigio de vencedor en el combate era evidente. A estas circunstancias, de orden moral, sumábase la natural reacción del coronel Sosa, injuriado por estas sospechas, reacción interpretada sin examen, como justificación de esos temores, y que era tanto más suspicaz cuanto más acentuado el viejo distanciamiento de Sosa, como ex Inspector General de Armas del doctor Justo, con tal o cual dirigente fusionista.

El veterano del Paraguay cayó en hondo desequilibrio. Los hombres del partido federal, que integraban el fusionismo, le eran, sobre todo, desafectos, tanto como aquellos amigos del doctor Guastavino, el gobernador desplazado por Baibiene. Y claro, entre los halagos por el triunfo y las amarguras de las sospechas, procedió exigiendo que Vedoya y el doctor Díaz, -representantes de esos grupos en el Gobierno del Triunvirato-, renunciasen más o menos espontáneamente.

Gregorio Pampín centralizó la autoridad Ejecutiva, y, aceptando la renuncia del ministro del Triunvirato, doctor Genaro Figueroa, designó al doctor Fidel S. Cavia. El propio Pampín no se sintió seguro, y abrevió el proceso de la reconstrucción de los Poderes Públicos. Sin perjuicio de satisfacer legítimas ambiciones de la clase militar, con sus decretos de ascensos (21 de marzo) y reorganización del Guardia Provincial (22 de abril), convocó a elecciones para designar Electores de gobernador y vicegobernador (22 de marzo), reorganizó el Registro Cívico (4 de abril), llamó a elecciones de Diputados (17 de abril), etc...(17)

(17) ¿Cuál fue la suerte del coronel Sosa? Los mismos a quienes brindó el poder, hicieron que se tuviera que marchar proscripto a Buenos Aires, donde sobrellevó una pobreza digna, dedicándose al comercio o a los corretajes, para conseguir recursos para sobrevivir con sus hijos. Luego, participará en el bando derrotado de Bartolomé Mitre, en la sedición de 1874 y, como castigo, se le rebajará a la mitad su sueldo de militar. Apoyará, con algunas fuerzas, a su amigo, el doctor Nicasio Oroño, que llevó a cabo un movimiento insurreccional contra el gobernador santafesino Servando Bayo, que finalmente fracasó. El 5 de mayo de 1878, Desiderio Sosa fallecerá en Buenos Aires, a la edad de 48 años. El general Mitre dirá de él que fue “uno de los militares más distinguidos que la Provincia de Corrientes ha dado al Ejército Nacional”; por su parte, Juan Eusebio Torrent, dijo de Sosa que era “el primer militar correntino después de San Martín”. El "caso Sosa" es paradigmático del comportamiento de la casta política en el siglo XIX. Sosa, militar sobresaliente y persona llena de virtudes, se encontró fuera del sistema polìtico, expulsado, tanto por liberales y como de no liberales. No era "confiable" para ninguna de las tribus políticas. Hace unos años, un amigo radical, ya de algunos años, había sido excluido del círculo íntimo del gobernador de turno de su mismo partido. El amigo tenía sus ambiciones y era un sobresaliente profesional. En una de las innumerables charlas mantenidas con él, me confesó que había veces que se le pasaba por la cabeza qué hubiera sido de él si se hacía peronista. Lògicamente, nunca dio ese paso: los radicales lo verían como traidor y los peronistas nunca validarían hacia él completa confianza. Sin embargo, hay diferencias en el comportamiento de la élite al comparar lo sucedido con Sosa, en 1872, y lo que se observa en el siglo XXI. Y para ejemplo vale un botón: el viceporesidente de la Naciòn, Amado Boudou, fue uno de los líderes de la agrupación universitaria de la Ucedé (UPAU), en la Facultad de Economía de la Universidad de Mar del Plata Sus excelentes notas -concluyó su carrera con un promedio de 8,12- le abrieron a Boudou las puertas de la elitista Universidad del CEMA y, luego, en los años 90, a la Administración Nacional de la Seguridad Social (Anses). Allí ya trabajaba quien también sería su compañero en los Gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner: el diputado nacional Sergio Massa, a quien conocía de la militancia en la Ucedé. Tras un breve interregno, Boudou pasó a ser Secretario de Hacienda del Partido de la Costa; luego regresó a la Anses. Cuando Massa pasó a ser Jefe de Gabinete de la presidenta Cristina Elisabet Fernández de Kirchner, Boudou se convirtió en Director de la Anses. La expulsión de Massa del Gobierno de Cristina Kirchner, tras la derrota electoral de 2009, le abrió a Boudou las puertas del Ministerio de Economía. Creyendo seguramente que el destino de Boudou era brillante, la ex presidenta lo eligió para que la acompañara en la fórmula, que le dio la reelección con el 54 por ciento de los votos en 2011. Así, Boudou pasó de ser uno de los cerebros de la UPAU a tocar la guitarra en la ex ESMA ante sus simpatizantes de La Cámpora. Lo del ex vicepresidente no fue una excepción; un derrotero similar fue la de otra dirigente surgida de la Ucedé: la ingeniera María Julia Alsogaray (1942-2017), quien fue la funcionaria favorita del ex presidente peronista Carlos Menem durante la década de los ‘90.

Los primeros comicios se realizaron el 24 de abril. El 8 de mayo, el Colegio Electoral nombraba, para esos cargos, a Miguel Victorio Gelabert y Wenceslao Fausto Cabral, recibiéndose del mando, el primero, al día siguiente. Gelabert, viejo patriota, honrado y enérgico, llegaba al Gobierno sabiendo ascendía a un puesto de lucha.

Cuando en el seno del Comité Electoral del fusionismo se debatió el problema de las candidaturas, tanto su presidente, como el vicepresidente, Juan Vicente Pampín y Tomás Vedoya, respectivamente, declinaron ese honor, por desear unanimidad en las opiniones, la que no fue lograda -humanamente imposible-, en una agrupación política recién formada, integrada por federales y liberales.

Gelabert era el hombre y hacia su personalidad se orientaron las preferencias. Lo era, sobre todo, porque, a la suficiencia que garantizaba indiscutida ilustración, unía un carácter recto y severo, que cien anécdotas ponen de relieve, y una genialidad curiosa, que lo hacía de la escuela de Sarmiento.

El fusionismo se instalará definitivamente en el Poder Ejecutivo en la persona de Miguel Victorio Gelabert (vigesimosegundo gobernador constitucional propietario), que completará el período gubernativo iniciado por Agustín Pedro Justo. Entre sus primeras medidas estuvo la expulsión del coronel Desiderio Sosa -jefe del movimiento insurreccional-, a quien consideraba demasiado ambicioso; también persiguió a los liberales ligados a la derrocada Administración baibienista, “continuando la tradición de ambos partidos de perseguirse mutuamente"(18).

(18) Citado por el profesor Antonio Emilio Castello, “Historia de Corrientes” (1991). Ed. Plus Ultra.

La revuelta fomentada por Torrent fue un éxito y, luego de un corto interregno, volvió al poder el “clan Cabral(19) en las figuras del gobernador y del vicegobernador. Como se puede apreciar, en este momento, los clanes ya se encontraban sólidos y las posibilidades de permitir el ingreso a los espacios de poder de alguien que no perteneciera a ellos, era virtualmente imposible.

(19) El genearca clánico es José Ignacio Cabral (1712-1778), de cuyo origen no se tienen datos fidedignos; criollo, casó con doña María Robledo. Los gobernadores pertenecientes a este “clan” son: Pedro Dionisio Cabral (dos mandatos), Domingo Latorre, Miguel Victorio Gelabert; los vicegobernadores, Wenceslao Fausto Cabral y Eulogio Cruz Cabral; los ministros José Luis Cabral, Antonio Segovia, Lisandro Segovia, Tiburcio Gómez Fonseca, Alvaro I. Márquez.

- Gelabert en el Gobierno y el movimiento mitrista

La Administración de Gelabert se desarrolló en un marco de intranquilidad y de grandes preocupaciones. El "círculo goyano", enemigo del "clan Cabral" -que ostentaba el poder-, se reunió en torno a tres hermanos: Plácido, Benigno y Juan Esteban Martínez, miembros del "clan Casajús", pues eran nietos de aquel Juan Esteban(20) que tantos dolores de cabeza causara a los realistas en los albores del país.

(20) Hacemos referencia a Juan Esteban Martínez, nacido en la Ciudad de Corrientes, el 24 de junio de 1739, y fallecido en la misma ciudad el 5 de diciembre de 1813. Casó el 16 de septiembre de 1769 con doña Francisca Hidaldo. Fue Teniente Tesorero de la Real Hacienda de Corrientes desde el 6 de Septiembre de 1768 al 9 de Septiembre de 1771). // Citado en el Apéndice I del libro “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”, del doctor Ernesto J. A. Maeder. Martínez participó en la denominada “revolución de los comuneros” y fue uno de los primeros en adherir al movimiento de Mayo de 1810.

Una primera revuelta, en 1873, será fácilmente vencida. El Partido Liberal se dividirá: una parte apoyará a Gelabert y al fusionismo; la otra -en la que figuraba Plácido Martínez- será opositora y buscará -sin éxito- derrocar al gobernador(21).

(21) A principios de 1873 morirá asesinado -en su estancia, situada en el Departamento Mercedes- el vicegobernador Wenceslao Fausto Cabral. Tenía 44 años (había nacido en Corrientes el 29 de septiembre de 1829). El 30 de agosto de 1862, contrajo matrimonio con su prima, Juana Ceferina Salas. Era el cuarto hijo del ex gobernador, Pedro Dionisio Cabral (1790-1847). Se le rendirían honores oficiales (decreto del 3 de febrero de 1873). Las causas del crimen fueron políticas. ACLARACION: el dos veces gobernador constitucional propietario, Pedro Dionisio Cabral, estaba casado con doña Leocadia Latorre, con quien tuvo doce hijos: Juana Francisca (n. 1819); Eulogio Cruz (n. 16/09/1821); Florentina (n. 1828); Wenceslao (n. 29/09/1829); Teodoro (n. 26/04/1831); Fausto Wenceslao (n. 30/11/1833); Wenceslada (nació en la Ciudad de Corrientes, s/información en cuanto a la fecha de nacimiento); José Luis (n. 12/05/1838); Emilio (n. 23/09/1839); Pedro León (s/d de fecha de nacimiento); Clara (n. en 1843); y Saturnina (s/d de fecha de nacimiento). Leocadia Latorre era hermana mayor del decimotercer gobernador constitucional propietario, Domingo Latorre (1852), que gobernó la Provincia (como propietario) dos días. // La genealogía se basa en la obra de Juan Cruz Jaime, “Corrientes (Poder y Aristocracia)”. Ed. Letemendia, Buenos Aires, 2002.

El año 1874 había comenzado con la escena política muy agitada por el problema de las candidaturas presidenciales. Tres candidaturas a presidente de la República: las de Alsina, Avellaneda y Mitre, dividían al país, enconando los espíritus. Si bien la Ciudad de Buenos Aires era el foco principal, en las Provincias el interés no era menor y las distintas corrientes de opinión se embanderaban tras las figuras de los candidatos.

En Corrientes, los hombres del oficialismo respondían a la candidatura del doctor Nicolás Avellaneda, mientras que los partidarios de Adolfo Alsina tenían su cuartel general en Goya, La circunstancia no se debía al número de sus partidarios, sino a la influencia preeminente del coronel Manuel Obligado, Jefe de la Frontera del Chaco, funcionario de la Nación con residencia en El Rey, la costa vecina que le enfrenta.

Obligado, partidario de Alsina, buscó, naturalmente, hacer prosélitos en Goya. Un calificado grupo de ciudadanos -Antonio Méndez, Angel Soto, Carlos Zúñiga, Manuel Fernández, entre otros-, fundan “El Nacionalista”, haciendo interesante campaña para sostener el nombre del caudillo porteño. En la Capital, la candidatura del doctor Alsina era sostenida por “El Noticioso”, en su segunda época, dirigido por el doctor Tomás J. Luque, y, como los hombres del oficialismo respondían a la candidatura del doctor Avellaneda, fue su consecuencia un distanciamiento progresivo.

Por su parte, los nacionalistas, partidarios del general Mitre, tenían como tribuna a “La Patria”, el periódico goyano, escrito por Plácido y Juan Esteban Martínez, los doctores Avelino Verón y Lorenzo J. Aquino y señores Zenón A. Silva y Florencio Fredes.

En el orden nacional se llegó a un acuerdo entre los partidarios de Avellaneda y Alsina para sostener la candidatura del primero y surgió el partido que sería dueño de la situación política del país durante mucho tiempo: el Partido Autonomista Nacional.

Este acuerdo no cristalizó de igual modo en Corrientes. Como la propaganda de “El Noticioso” -dirigido por el doctor Luque- había sembrado abismos con los partidarios de Avellaneda en Corrientes, el Acuerdo no pudo ser completo en la Provincia. Los alsinistas que no aceptaron el acuerdo, se pusieron al habla con los amigos del general Mitre, hicieron desaparecer “El Noticioso” (octubre de 1873) fundando “La Campaña” (1 de noviembre de 1873), también con la dirección de Luque, y se inclinaron, en los comicios de 1874, hacia el Partido Nacionalista.

El país entero estaba absorbido por la lucha presidencial. El 24 de septiembre de 1874 estalló en Buenos Aires un movimiento armado en contra de las autoridades nacionales, dirigido por el general Mitre, y, llegada la primera noticia a la Provincia, de nuevo el coronel Aniceto Monzón se pronunció en armas contra el P. E., en el Departamento Caá Catí.

Refugiado en los bosques de la zona, inició la reunión de elementos, ayudado de otros jefes, como él, procesados por la rebelión de 1873 ante el Juzgado Federal. El coronel Raymundo Fernández Reguera, con una fuerte División, marchó a dominarlo, volviendo al orden a esa rica zona tan castigada por la montonera, mientras Monzón huía para Ituzaingó, dañando cruelmente la propiedad privada.

Desde el 25 de septiembre, la Provincia estuvo en estado de sitio. Con mano de hierro, el gobernador Gelabert buscó los procedimientos eficaces para serenar la opinión, y escogió el de silenciar a la prensa, que era toda militante en política. Habiéndose movilizado a la Guardia Nacional, se usó del acuartelamiento de tropas para que, tipógrafos y redactores, no pudiesen dedicarse a sus actividades, y los periódicos cesaron en su propaganda.

Poco después, se decretaba la creación (14 de octubre de 1874) de dos Divisiones de caballería de 1.000 hombres cada una, puestas a las órdenes de los coroneles Marcos Azcona(22) y Raymundo Fernández Reguera, para el sur y norte del río Corriente, respectivamente, y se creaban algunos acantonamientos, en espera de órdenes del Gobierno Nacional.

(22) Marcos Azcona nació en 1819. Participó en la campaña contra Juan Manuel de Rosas junto al general José María Paz. Estuvo en Caá Guazú, Laguna Limpia y Vences. Hizo la campaña del Paraguay y terminó sus días como hacendado en su estancia de Capitá Miní, situado en el Departamento Mercedes, en 1879.

Los hombres que seguían la política del general Mitre en la Provincia, resolvieron secundar este movimiento subversivo que, en caso de triunfo, podía cambiar la situación política de Corrientes. Y no fue sólo Caá Catí lugar de revueltas. Plácido Martínez, guerrero del Paraguay, jefe del celebrado Batallón Goya durante la campaña jordanista que epilogó Ñaembé, fue encargado de la jefatura militar del movimiento, uno de cuyos focos debía ser la Ciudad de Goya, donde el prestigio del designado era evidente.

A las medidas preparatorias de la insurgencia, siguieron las precautorias del Gobierno. El gobernador Gelabert dispuso que el Jefe Político de Goya, Antonio Méndez, licenciase la Guardia Nacional de la localidad, conservando exclusivamente el piquete veterano, cuya fidelidad era indiscutible, desde que conocía los prestigios de Martínez y el peligro de una fuerza popular en que sus amigos debían ser numerosos.

Méndez desoyó al gobernador, y fue así como, Plácido Martínez, trasladado a Goya, con un grupo reducido de amigos -incluso su hermano, el doctor Juan Esteban Martínez-, asaltó, por la noche, el local de la Jefatura Política, y, con su valor indiscutido, autoridad moral y la cooperación de buena parte de la Guardia pronunciada a su favor, pudo adueñarse del Cuartel y luego de la ciudad y su zona inmediata.

Con los fondos reunidos entre sus partidarios y los de la Receptoría Provincial y Aduana Nacional, acumuló algunos recursos, congregando a las milicias de los Departamentos de Goya, Lavalle y Esquina en número de 1.500 hombres, con la cooperación del coronel Cecilio Carreras, ilustrado jefe de la epopeya contra Rosas. El numeroso armamento que la Provincia tenía en depósito en aquel punto, hizo respetable al ejército rebelde.

La insurgencia de los nacionalistas (que no aceptaron el triunfo del doctor Nicolás Avellaneda en las elecciones presidenciales sobre el general Bartolomé Mitre, que aspiraba a un nuevo mandato), tenía así su correspondiente levantamiento en la Provincia de Corrientes. El movimiento liberal mitrista, encabezado por Plácido Martínez(23), no se pronunció sólo contra el Gobierno Nacional, sino que también se pronunció contra el Gobierno de Miguel Victorio Gelabert(24) que representaba al fusionismo -alianza del federalismo y un sector del liberalismo-, y que era avellanedista.

(23) Plácido Martínez nació en Santa Lucía, el 8 de noviembre de 1844. Sus estudios primarios los realizó en Goya, en la escuela de José Eusebio Gómez, gran maestro de la época. Luego se trasladó al Colegio Nacional de Concepción del Uruguay, pero no terminó sus estudios, pues regresó a Goya cuando perfeccionó sus conocimientos para actuar en el comercio y también urgido por los llamados de su padre. Tuvo una larga y destacada actuación en la guerra contra el Paraguay y, al comenzar 1869, solicitó licencia para curarse, dedicándose luego a las tareas rurales. Cuando el levantamiento de Ricardo López Jordán (h), tuvo que organizar un batallón de Guardias Nacionales y con él participó en la campaña contra el caudillo entrerriano. Por su actuación en Ñaembé fue promovido a Teniente Coronel y, más tarde, estuvo en la batalla del Tabaco. Fue cofundador del periódico “La Patria”, de Goya. Fue Diputado a la Legislatura por el Departamento de Concepción y, en 1874, participó de la insurgencia mitrista, apoderándose de Goya, aunque el fracaso del movimiento lo obligó a emigrar al Uruguay, primero, y al Paraguay después. De regreso en Goya, volverá a dedicarse al periodismo. Tendrá una actuación sobresaliente en la toma de la Ciudad de Corrientes de 1878 y en el derrocamiento del gobernador Manuel Derqui. // Citado por Antonio Emilio Castello, “Historia Ilustrada de la provincia de Corrientes” (1996). Ed. Cosmos Editorial, Resistencia (Chaco).
(24) Miguel Victorio Gelabert nació en Corrientes, en 1837. Fue un comerciante y político que ejerció como gobernador de la provincia de Corrientes. Contrajo matrimonio con doña Expectación Barberán. El 8 de mayo de 1872, el Colegio Electoral nombró gobernador a Gelabert y, vicegobernador, a Wenceslao Fausto Cabral, quienes prestaron juramento el 9 de mayo de 1872. Gelabert completará el período 1871-1874, tras el derrocamiento del gobernador Agustín Pedro Justo. Como el período de Gelabert vencía el 25 de diciembre de 1874, y no estaba electo el sucesor, delegó el P. E. en el presidente de la Legislatura, Antonio Cabral Díaz Colodrero. En 1876, Gelabert asumirá -por primera vez- como Senador Nacional por Corrientes, al completar el período de Wenceslao Díaz Colodrero, por fallecimiento de éste. Asumirá su banca el 27 de mayo de 1876 y mantendrá este mandato hasta el 30 de Abril de 1877.

Junto a Plácido, las fuerzas insubordinadas también estaban comandadas por Benigno Martínez(25) y el ya citado coronel Cecilio Carreras, mientras que las tropas gubernamentales quedaron bajo el mando del coronel Manuel Obligado.

(25) Hermano de Plácido y Juan Esteban Martínez. Todos eran hijos de Vicente Ignacio Martínez y doña Claudia Velazco Ruiz Díaz. // Citado por Juan Cruz Jaime, “Corrientes (Poder y Aristocracia). Ed. Letemendia, Buenos Aires, 2002.

Es que mientras el gobernador Gelabert enviaba el batallón Guardia Provincial, que desembarcó en Lavalle y se ponía en condiciones de atacar, el presidente de la República disponía que algunas unidades de Santa Fe, puestas a las órdenes de Obligado, marchasen a la Provincia, bajo cuyo Comando General quedaron estas unidades.

Carreras y Martínez no presentaron batalla; después de remontar sus fuerzas de hasta 2.000 hombres, abandonaron Goya, dirigiéndose hacia el centro de la Provincia; vadeando el río Corriente en Paso Borda, para después establecer el campamento en las puntas del Villanueva, en espera de incorporaciones, que no se producirán.

Una de ellas era la del célebre coronel Azcona, jefe de las fuerzas del sur del río Corriente, trabajado por los liberales nacionalistas, quien no se pronunció, por constarle que, dos escuadrones y parte de la infantería a sus órdenes, no lo secundarían en sus propósitos. El P. E. destituyó, el 24 de noviembre, a este jefe de la División del sur, quien, después de entregar el comando al coronel Fernández Reguera, se presentó -siguiendo instrucciones del P. E.- al coronel Obligado, siendo enviado preso a Buenos Aires.

Avanzando el coronel Obligado sobre el campamento Villanueva, el ejército sedicioso atravesó el Pay Ubre, vadeó el Corriente por Capitá Mini y pareció dirigirse hacia la Capital. El coronel Aniceto Monzón, en Caá Catí; el comandante Sandoval, en Concepción; el mayor Ojeda, en Itatí; y varios jefes subalternos de Saladas, se pusieron en armas para incorporarse a los insurgentes.

Las autoridades locales no fueron depuestas y, por el contrario, sirvieron con eficacia a los intereses del Gobierno Provincial. Cuando Martínez vio que las fuerzas de Obligado seguían sus huellas, se dirigió hacia Concepción, cruzó ese Departamento, los de San Miguel e Ituzaingó, salió en Candelaria y, apareciendo en el Iberá, volvió, costeando el río Uruguay por Santo Tomé, La Cruz, Paso de los Libres y Monte Caseros.

En La Cruz hubo de sufrir un ataque de sorpresa de las milicias locales, y, desde Paso de los Libres, la hostilización de las fuerzas de los coroneles Juan C. Romero y Valerio Insaurralde lo obligaron a cruzar el río.

Esta larga cruzada, de veintiséis días, la efectuó el ejército insurrecto bajo la presión de las fuerzas del Gobierno -Nacional y Provincial-, tanto que, cuando Martínez disolvía el ejército en el Rincón de San Gregorio (Departamento Monte Caseros), para cruzar el río Uruguay, el coronel Obligado ocupaba Paso de los Libres. Por otra parte, la insurrección estaba vencida en la Nación; el presidente había triunfado en La Verde y Santa Rosa, y todo volvía a la tranquilidad bajo la presión poderosa de los intereses económicos vulnerados.

- Obligado, referente alsinista en Corrientes

Queda claro entonces que el hombre que, en un principio, representó al alsinismo en la Provincia será alguien ajeno a la misma: Manuel Obligado. ¿Quién era este soldado?

El 13 de enero de 1870, Obligado había sido nombrado Comandante en Jefe de las Fronteras Norte de Santa Fe, Córdoba y Santiago del Estero. El 12 de mayo, del mismo año, se dispuso su incorporación al Ejército del Paraná, lo que no efectuó, por haberle hecho saber, el general Emilio Conesa, que no era necesario la realizase, regresando Obligado a la sede de su Comando de Fronteras.

Por decreto del 9 de diciembre de 1870, se le ordenó la creación o formación de un regimiento, con los distintos piquetes que existían en la Frontera Norte de la República, el que tomó el nombre de Regimiento 10 de Caballería, cuyo efectivo fue de 400 plazas, cuerpo que fue destacado a Fuerte Unión, Córdoba, Fuerte Guayenín y otros puntos.

El movimiento insurgente que estalló en Goya, en 1874, que tendrá relativo éxito, tuvo a Obligado como protagonista. Tras dominar la situación, el representante alsinista en Corrientes, será nombrado, el 18 de diciembre de 1874, Vocal del Consejo de Guerra, presidido por el general Tomás de Iriarte, encargado de juzgar al general Mitre y demás jefes comprometidos en la insurrección de ese año. Los rebeldes habían sido vencidos -en los órdenes nacional y provincial- y, en Corrientes, con el regreso de la paz, el gobernador Gelabert,

dando un ejemplo poco común en aquellos tiempos(26), mantuvo “una elogiable prescindencia en materia electoral y no se pronunció a favor de ninguna candidatura(27).

(26) Citado por Antonio Emilio Castello, “Corrientes, Tejedor y la Revolución de 1880” (2002). Moglia Ediciones, Corrientes.
(27) No todos piensan como el profesor Castello, que repite conceptos de Hernán Félix Gómez. Por ejemplo, Manuel Florencio Mantilla señalará: “Si Gelabert hubiera continuado al frente del Gobierno, como lo deseaba, no obstante, la conclusión de su mandato, la lucha electoral habría degenerado en batalla sangrienta, por la usurpación del poder y cuanto por la resolución de aquél de imponer un candidato reaccionario (es decir, federal). Felizmente, la genial terquedad del hombre se detuvo ante la actitud imponente del pueblo”. // Citado en Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891), capítulo 1. San Martín, Escuela de Artes y Oficios de la provincia de Buenos Aires. Editor. -- “El pueblo”, para Mantilla, eran sus correligionarios.

El odio entre Gelabert y Mantilla

El 25 de diciembre de 1874, el gobernador Gelabert entregó el mando al presidente de la Legislatura, Antonio Cabral Díaz Colodrero, porque la insurrección de los nacionalistas había impedido la elección de Electores de gobernador y vicegobernador en los plazos designados por la Constitución y que, por decreto del 3 de noviembre, estaba prevista para el 16 de noviembre de 1874. Al no poder realizarse los comicios de Electores en término y el período constitucional gubernativo finalizaba, Gelabert entregó el Poder Ejecutivo

“en medio del mayor regocijo público, por la cesación del mal funcionario.
“Gelabert hubo de estallar de rabia ese día; vuelto a las filas del pueblo, bajo una rechifla general; parecía un enajenado furioso(28)”, dirá el doctor Manuel F. Mantilla, un opositor de fuste, que dejará en evidencia la antipatía manifiesta que sentía hacia el ex gobernador y que, sin duda, era un sentimiento recíproco entre estos hombres, que se aprestaban a una próxima lucha electoral(29).

(28) Ibidem. Esta frase del doctor Mantilla deja al descubierto una faceta de su carácter, al definir a alguien como “probo” o “enajenado furioso”. Sustancial, parecería ser -para él- el origen familiar, el supuesto linaje del sujeto, más allá de sus simpatías o animadversiones políticas.
(29) El “clan Fernández Blanco” se encontraba representado -en esos años- por Manuel Florencio Mantilla. Este fue un incondicional del fallecido gobernador Juan Vicente Pampín y estaba en desacuerdo con las políticas llevadas a cabo por sus sucesores. Desde la pluma, que manejaba con maestría, era el portavoz de una oposición cada vez más violenta. Los Fernández Blanco ya habían tenido su representante en un cargo importante de gobierno en la figura de Manuel Mantilla y los Ríos, quien había sido designado Teniente Tesorero de la Real Hacienda de Corrientes en 1806 (Título del 23 de Diciembre de 1805; tomó posesión el l de octubre de 1806). El genearca del clan es José Fernández Blanco (nacido en Hornillos, Logroño, España, el 6 de septiembre de 1744, y que falleció en Corrientes, el 19 de junio de 1816). Este fue Teniente Tesorero de la Real Hacienda en Corrientes entre los años 1772-1806 (comisionado para visitar las Cajas Reales de Corrientes, el 23 de mayo de 1771; prestó juramento, ante el Cabildo, el 2 de Diciembre de 1771). El 19 de febrero de 1772 fue designado Teniente Tesorero, y juró el cargo el 1 de abril de 1772. El 19 de enero de 1803 se aceptó su renuncia al puesto, que pudo entregar recién en 1806. Casó en Buenos Aires, el 16 de agosto de 1766, con la porteña doña Martina Catalina de Aguirre. Tuvieron seis hijos: Dolores, Angel Manuel, María del Rosario, José Vicente, Juan José (primer gobernador constitucional de Corrientes) y Catalina. La mayor se casó con Manuel Mantilla y los Ríos, el 23 de enero de 1791. Se puede agregar que ambos funcionarios fueron Administradores de la Real Renta de Tabaco y Naipes de Corrientes: José Fernández Blanco. 1779-1811 (sirvió el cargo desde el 16 de junio de 1779 hasta su retiro, el 2 de septiembre de 1811 / aunque la letra de sus cartas llega hasta el 2 de Diciembre de 1811); y Manuel Mantilla y los Ríos, en 1811. // Material extraído del Apéndice I del libro “Historia Económica de Corrientes en el Período Virreinal. 1776-1810”, del doctor Ernesto J. A. Maeder.

Mantilla, permanentemente, fue muy crítico en sus conceptos hacia la persona de Gelabert, acidez que no mostró cuando se refería a otros personajes del Partido Federal. El doctor Hernán F. Gómez intenta hallar una respuesta a esta actitud de Mantilla, que bordea lo rudo. El citado historiador señaló que:

“lo que no acató el señor Gelabert fueron las imposiciones de ministros, y, a ello se debe gran parte de los ataques de que fuera objeto.
“Encuéntrase documentada, por ejemplo, la propuesta que se le hiciera del doctor Manuel F. Mantilla, para ministro de Hacienda, a raíz de la renuncia del doctor Derqui, candidatura que no fue aceptada, quedando vacante largo tiempo la cartera, hasta el nombramiento del doctor José María Cabral.
“En cuanto a prescindencia electoral, la caracteriza el no haberse declarado (Gelabert) por ninguna de las candidaturas de los llamados a sucederle hasta su cese en el mando”(30).

(30) Citado por Hernán Félix Gómez, “Los Ultimos Sesenta Años de Democracia y Gobierno en la Provincia de Corrientes. 1870-1930”, segunda edición. Ed. Sembrando Producciones, Corrientes, 1995.

La postura del ex gobernador, de no dejarse intimidar para el nombramiento de ministros de su Gabinete, por un lado; y el amor propio herido en su orgullo, de Mantilla, por el otro, habría hecho que esta relación se fracturara, cerrando las puertas a una posibilidad de retorno. Además, es útil subrayar el último párrafo de Gómez: el gobernador Gelabert no sólo se había impuesto en 1872, al ser electo gobernador, sino que, al término de su mandato, se mantuvo prescindente en la elecciòn de su sucesor, siendo que Juan Vicente Pampín -el candidato del liberalismo en 1872- pretendía serlo nuevamente en 1874. Es muy probable que este sector esperaba el "dedo" del gobernador para tal objetivo.

Al alejarse Gelabert del P. E., lo sucederá el presidente de la Cámara de Representantes, Antonio Cabral Díaz Colodrero. Mantilla será indulgente con este Diputado -ahora a cargo del P. E.- ya que, para él, era

un hombre probo, de antecedentes honorables, que inspiraba confianza, a pesar de que los federales se permitían contarle por suyo, fiados en la influencia de familia de sus cuñados, Augusto Díaz Colodrero y Sebastián Alegre. Su elección, como presidente de la Legislatura había sido unánime(31).

(31) El nombre completo del presidente de la Legislatura era Antonio Cabral Díaz Colodrero, quien se había casado, en 1864, con su prima hermana, Concepción Díaz Colodrero, que era hermana de aquel que menciona Mantilla, es decir, Augusto Díaz Colodrero quien -cuando estos sucesos- tenía 40 años (había nacido en Corrientes, en 1835). Augusto era el quinto hijo de Pedro Alcántara Díaz Colodrero (que fuera Convencional de la Provincia al Congreso Constituyente de Santa Fe, en 1853) y de doña Josefa Anzoátegui. En tanto, Sebastián Alegre -el otro citado por el historiador- se había casado -en 1853- con otra hermana de Augusto, Eleonor Díaz Colodrero. // Citado por Juan Cruz Jaime, “Corrientes (Poder y Aristocracia). Ed. Letemendia, Buenos Aires, 2002.

Como Ministro General de Gobierno, Cabral Díaz Colodrero designó al doctor Mariano Castellanos(32) -un ex ministro del gobernador Gelabert-; luego suspendió los efectos del decreto de elecciones que Gelabert había dado el 7 de Diciembre, que tenía por objeto acentuar la paz general; y, después, el 19 de Enero de 1875, suspenderá los del estado de sitio.

(32) Ibidem. Nació en Montevideo. Su nombre completo era Mariano Castellanos Sosa. Algunas fuentes fijan su nacimiento el 4 de marzo de 1845 (consta que María Andrea Castellanos Sosa, su hermana, nació hacia febrero de 1845, por lo tanto, Mariano no pudo haber nacido en marzo del mismo año). Era el segundo hijo del matrimonio integrado por el salteño Mariano Castellanos Sosa y la bonaerense Basilia Sosa San Martín. Fallecerá el 10 de marzo de 1930, en la localidad de Remedios de Escalada, en el actual Partido de Lanús, provincia de Buenos Aires. Contrajo matrimonio con María del Pilar Guido Spano Hines. Tuvieron un hijo: Manuel Castellanos Guido.

A Cabral "le cupo en suerte presidir comicios libres", convocando al pueblo para votar, en febrero de 1875. Es evidente que, además de cambiar el contexto, el diputado Cabral Díaz Colodrero allanó el camino para el arribo a la Gobernación del lider liberal, Juan Vivente Pampín.

Esa oportuna medida contribuyó a que la elección de los Primeros Magistrados de la Provincia se hiciera con la libertad y el reposo necesarios”, dirá el doctor Manuel F. Mantilla(33), como sintiendo alivio.

(33) Citado por Manuel Florencio Mantilla, “Crónica Histórica de la provincia de Corrientes” (1928), tomo II, capítulo XXVI: “Período Constitucional”, parágrafo 259. Notas biográficas por Angel Acuña, Buenos Aires. Ed. Juan Ramón y Rafael Mantilla.

Sin embargo, los tiempos eran de tensa calma. Todo parecía indicar que Cabral Díaz Colodrero era un hombre cercano, familiar y políticamente, al ex gobernador Gelabert(34) y que los liberales no confiaban plenamente en la gestión de este legislador a cargo del P. E., estrechamente ligado al sector federal.

(34) El padre del gobernador saliente era José Victoriano Gelabert, de origen santafesino, quien casó con doña Ana Jirón, el 28 de junio de 1817. Jirón era nieta de doña Gregoria Cabral, hija de José Ignacio Cabral y doña María Robledo (existen varias familias Cabral de relevancia en la Provincia, que son difíciles de entroncar y de relacionar).

Parece ser que, cuando Cabral se hizo cargo del Gobierno, había sido acosado por los grupos en pugna. Unos, como Gervasio Gómez (federal), le presentaban listas de candidatos para autoridades de campaña; otros, como Derqui, “lo azuzaban contra los mitristas y los liberales de la oposición a Gelabert”; y, sus cuñados, por su parte, le pedían el nombramiento de Derqui como Ministro General.

Cabral Díaz Colodrero procedió “con tino y mesura”, según Mantilla, rechazando suavemente las influencias excesivas; “inspiróse en el cumplimiento austero del deber, consultó los intereses legítimos de la hora” y, fiel a su juramento, habría sustraído al Gobierno de la acción de los círculos, colocándose en el punto medio de todos.

"Suprimió persecuciones políticas, hizo respetar la Constitución, dio acción amplia al pueblo para organizar libremente su Gobierno", será la visión del doctor Mantilla. Conozco bien a los federales y no estoy loco para perderme en diez días de Gobierno y perder la Provincia, haciendo causa con ellos”, habría dicho al doctor Mariano Castellanos, uno de los hombres ajenos a Corrientes y que trabajaron por ella

Unas líneas con respecto al doctor Castellanos y algunos otros hombres de origen no correntino.. Castellanos, al igual que otros funcionarios del Gobierno de la Provincia, -y algunos inclusive representándola en el Congreso Nacional- serán oriundos de otros lugares del país, e, incluso, del extranjero. Castellanos había nacido en Montevideo; otro personaje de importancia fue Genaro Figueroa, Ministro General del Triunvirato formado en 1872 -tras el derrocamiento del gobernador Agustín P. Justo-, y después ministro de Pampín y Diputado Nacional. Al igual que Castellanos, no era correntino ya que había nacido en Córdoba; también cabe citar aquí a José Benjamín de la Vega, quien era oriundo de La Rioja y fue ministro del gobernador Gelabert y Camarista del STJ, además de ejercer otros cargos de importancia.

Estos hombres, intelectualmente cultivados, hicieron su aporte a Corrientes y, como contrapartida, la Provincia les otorgaba cobijo, en esos tiempos tan cambiantes e inestables políticamente. Algunos eran solteros; otros encontraron novia en Corrientes y se casaron con ellas. Pero es interesante remarcar que, la historiografía tradicional, no se ha detenido en situaciones como éstas.

- Cabral Díaz Colodrero, los liberales y su casona señorial

Aunque después -en 1877- hay que decirlo, Cabral Díaz Colodrero figurará pasivamente entre los partidarios del doctor Derqui y, desde entonces, para los liberales, como no podía ser de otra manera, “ha quedado oscurecido”; pese a ello, la condescendencia mantillista se sostendrá, ya que éste dirá que

debemos reconocer y proclamar que, durante estuvo al frente de la Administración, respetó los derechos del pueblo, supo mantener el equilibrio del poder y no se mezcló en lo que la Constitución le prohibía mezclarse(35). Se olvidó decir que Cabral fue el hombre que desbrozó el camino que llevó a Pampín y sus correligionarios al poder.

(35) Citado en Manuel Florencio Mantilla. “Resistencia Popular de Corrientes. 1878” (1891), ... op. cit.

Años después -ya en 1890- tras haber dejado atrás sus obligaciones políticas, Antonio Cabral Díaz Colodrero hará construir su residencia en la esquina de Fray José de la Quintana y Salta, constituyéndose en una de las obras arquitectónicas más prestigiosas de la ciudad de fines del siglo XIX. Hacemos referencia a esta casa, porque ella pone de relieve la importancia que, social y polìticamente, tenía su propietarioi.

Ubicada la casa frente a la Plaza principal y frente a la austera Casa Colonial -hoy Museo- marcó un fuerte contraste, dados los materiales utilizados y la escala urbana. La residencia aludida fue construida para Antonio Cabral. A nivel urbano, esta obra -con la Casa de Gobierno en el extremo opuesto-, compone la cuadra de mayor calidad sobre el perímetro de la Plaza 25 de Mayo.

Luego será reutilizada como sede del Ministerio de Gobierno y Justicia, en un correcto mantenimiento, que ha permitido preservar sus calidades arquitectónicas.

El proyecto fue realizado por fray F. Bocchio(36) y el ingeniero Juan Col(37), y el constructor será J. B. Buzzi(38). Ya en el siglo XX, se llegaron a hacer modificaciones a la casona, en su parte posterior.

(36) Fray Filiberto Bocchio fue un misionero franciscano. Arquitecto italiano que llegó a Corrientes como parte del grupo Propaganda Fide, en 1861, establecidos en el Convento de La Merced. Realizó -hasta su fallecimiento, en 1899-, proyectos de diferentes áreas del Convento (Altar Mayor y dos laterales y otras obras como aljibes y fundición de campanas), proyectos para la Catedral de Resistencia y el proyecto para la residencia de Antonio Cabral, en 1880, hoy Ministerio de Gobierno. Para estas obras de magnitud, parece que estuvo asociado a trabajos del ingeniero Juan Col. // Citado por Angela Sánchez Negrette, “Arquitectura Republicana en la Ciudad de Corrientes. Siglos XIX y XX”, en: Colección “Ciudad de Corrientes: huellas en 420 años de historia”, proyecto editorial de un Convenio marco entre la Universidad Nacional del Nordeste y la Municipalidad de la Ciudad de Corrientes. 2008.
(37) Ibidem. Ingeniero y arquitecto italiano. Llegó a Corrientes en 1879 para el trazado de la Colonia Resistencia y formó parte de la Expedición Fontana. Entre 1880 y 1893 integrará el Departamento Topográfico de Corrientes. Fallecerá en Buenos Aires, en 1902. Además de sus obras en la ciudad, realizará trabajos en Goya, San Luis del Palmar, Curuzú Cuatiá, Resistencia y Posadas. Se destaca por la cantidad y calidad de las obras desarrolladas, tanto de edificios públicos (Casa de Gobierno, Escuelas, Hospitales, Iglesias y de Seguridad) como de residencias particulares, que lo constituyen en el profesional que le confiere carácter a la ciudad finisecular.
(38) Ibidem. Juan B. Buzzi fue un constructor italiano, responsable de erigir innumerables edificios en la Ciudad de Corrientes entre los años 1880 y 1900, entre los que se destacan la Escuela Normal de Maestras (1880), el actual edificio de la Municipalidad; Casa de Gobierno; la residencia de Antonio Cabral; y el Cuartel de la Batería, que fuera demolido.

“Al interior de la residencia, se produce un cambio de proporciones, ya que la sobreelevación sólo es perceptible desde el exterior, dando un ambiente armónico entre patio-galería-habitaciones.
“Las fachadas, en ambas calles, son de gran valor expresivo, por el manejo de simetrías y proporciones, simetría que se corresponde con la operada entre el primer patio y segundo patio, por la secuencia de zaguanes y la transparencia dada por la reja candel.
“Es destacable la calidad de la herrería artística, en diseño y proporciones, que se constituyen en una fuerte caracterización de la arquitectura correntina de fines del siglo XIX”(39).

(39) Citado por Angela Sánchez Negrette, “Arquitectura Republicana en la Ciudad de Corrientes. Siglos XIX y XX”, en: Colección “Ciudad de Corrientes: huellas en 420 años de historia”, 2008 … op. cit.

- Las relaciones familiares como núcleo de la política local. La influencia de los Clanes

La relación familiar en Corrientes conformó redes sociales que permitieron convertir la familia y la actuación pública en un solo marco teórico, donde una serie de individuos -emparentados entre sí, en mayor o menor grado, por línea de varón o de mujer-, se interrelacionaron e intercambiaron posiciones de poder en forma constante.

Corrientes no fue una excepción. Diferentes trabajos de investigación dedicaron publicaciones a este tema como Natalio Botana, el historiador chileno Pablo Lacoste sobre Mendoza; el tucumano José María Posse, sobre su provincia de origen; Marta Boanudo y Elida Sonzongni sobre los clanes santafesinos; o T. Felleti, F. Sislián, que estudiaron las provincias del Noroeste y de la Ciudad de Buenos Aires, respectivamente(40).

(40) Las obras clásicas que caben citarse son: Natalio Botana, “El orden conservador (la política argentina entre 1880 y 1916)”. Ed. Sudamericana, Buenos Aires, cuarta edición, 1994, pp. 158 y ss.; Pablo Lacoste, “Los gansos en Mendoza (aportes para el estudio de los partidos provincianos y del modelo conservador. 1880-1943)”. Centro Editor de América Latina, 1991; del mismo autor: “La generación del ‘80 en Mendoza (aportes para el estudio de la circulación de las élites de la pervivencia de los resabios del antiguo régimen colonial en América Latina -racismo, nepotismo, patrimonialismo, corporativismo-)”. EDIUNC, Serie Estudios, Núm. 9, 1995; José María Posse, “Los Posse, el espíritu de un clan”. Universidad Nacional de Tucumán, Tucumán, 1993; Marta Boanudo y Elida Sonzongni, “Redes parentales y facciones en la política santafesina. 1850-1900”, en: Revista de Historia, segunda época Núm. 11. Inst. Mora, Univ. Autónoma de Nuevo León, México; Eduardo R. Saguier, “Esplendor y crisis de las élites patricias (la endogamia en el Cabildo de Córdoba: los Allende. 1760-1790)”, en: Genealogía, Núm. 25, Buenos Aires, 1992; T. Felleti, “Redes familiares y clientelismo político en el Noroeste argentino. 1880-1930”, en: “Dominación política. Redes familiares y clientelismo”. GEU, Buenos Aires, 1997; F. Sislián, “Dominación política y redes de familias (el caso porteño en la segunda mitad del siglo XIX)”, en: “Dominación política. Redes familiares y clientelismo. GEU, Buenos Aires, 1997. Este apartado del trabajo está basado en el libro de Juan Cruz Jaime, “Corrientes (Poder y Aristocracia). Ed. Letemendia, Buenos Aires, 2002.

Corrientes, por lo tradicional de sus estructuras, no escapa a este análisis que bien podría diseñarse también para casi todas las Provincias argentinas, donde la relación familia-política podría servir para dilucidar muchos comportamientos políticos atávicos. Lo cierto es que es un dato empírico la rotación de pocos clanes (o camarillas si se quiere, aunque este último término hace al concepto un tanto peyorativo) en la función pública correntina. Esos clanes dominantes, por orden de aparición (hasta los años 1870), fueron: Casajús, Dizido de Zamudio, Díaz Colodrero, Rolón, Cabral, Fernández Blanco, Atienza, Virasoro, Torrent).

Considero aquí necesario explicitar algunas definiciones. El Clan es tomado como un actor único dentro de la dinámica del trabajo. Se define al Clan como la suma de personas, con parentesco -sanguíneo o político- fehacientemente comprobado, con un antepasado lineal, no importando el grado generacional que tenga determinada persona con dicho antepasado.

Del Clan se forma parte por línea de padre o de madre, por lo cual -en ningún momento- es condicionante -para ser parte del mismo-, portar el apellido del fundador. De hecho, en muchos casos, las líneas de varonía suelen extinguirse, mientras que las femeninas se encargan de reproducir al Clan en forma geométrica.

Un error muy frecuente, de quienes siguen esta línea investigativa, es tomar como dato la repetición de un apellido en diversos cargos públicos de importancia, cuando la “familia grande” -el Clan- adquiere y aumenta su poder más por los vínculos matrimoniales de sus miembros que por la circunstancia de seguir una línea de varonía.

Al respecto, Botana, en su prólogo a la cuarta edición de su obra, ya citada (pp. 158 y ss.), señala la afirmación de Eduardo R. Saguier:

“La portación de un mismo apellido por dos gobernadores, senadores o diputados, no garantizaba la existencia de nepotismo u oligarquía, el cual, para que causara efectos políticos, y poder ser así caracterizados como tales, debía estar al menos dentro del segundo grado de afinidad.
“En ese sentido, era más próximo el parentesco entre cuñados, concuñados, consuegros y entre suegros y yernos que, como es obvio, portaban el mismo apellido, que entre aquellos que sí lo portaban”.

Debe recordarse que las familias no suelen ser coincidentes con el apellido; al contrario. Esto resulta clarísimo, por tomar un caso, en las dinastías gobernantes en Corrientes, Catamarca y Santa Fe. Los clanes familiares que traen el poder político y el poder económico desde la Conquista, se han mantenido por mujer y con la mayor variedad de apellidos imaginable.

La estrategia predominante, para copar el aparato de un Estado oligárquico, consiste en producir alianzas políticas con cuñados o futuros cuñados. Si las hermanas que se intercambiaban para desposar eran también sus primas, la alianza se consolidaba aún más.

Es así que, cuando los clanes familiares se superponen entre facciones políticas antagónicas, el matrimonio consanguíneo y el parentesco sirven como elementos disuasorios del conflicto. Y, por el contrario, cuando los clanes familiares se polarizan entre facciones políticas opuestas, el conflicto se acentúa.

Estos trabajos adolecen de un error significativo en Argentina: la mayoría de los autores se circunscriben a un período corto de tiempo, casi siempre encuadrado en lo que se ha dado en llamar la “Generación del Ochenta” -etapa, sin duda, de consolidación de dichos clanes- desconociendo que los clanes no se crean de la nada ni mueren abruptamente en una fecha determinada.

La interacción de diversos miembros del Clan en la res pública delinea la estructura informal de poder. Dicha estructura está conformada por los lazos de parentesco existentes entre los actores principales del sistema, donde lo público y lo privado no tienen un límite de acción definido rígidamente. Es, por tanto, el instrumento para llevar a cabo la dominación política, definida como aquella en la cual es baja la rotación de los que detentan el manejo de la res pública.

La antedicha estructura se articula a partir de determinados patrones de comportamiento del Clan. Los más comunes son las alianzas matrimoniales o las alianzas de compadrazgo. Mientras, en las primeras, el vínculo es estrecho y directo, las segundas permiten ampliar el círculo íntimo a aquellas personas con las que no se tiene un lazo directo de sangre, pero, o se aspira a tenerlo o se lo considera como parte de la misma “clase”.

Cabe agregar que, en muchos de estos trabajos, se utilizan sólo las alianzas matrimoniales, las cuales deben ser divididas en exogámicas y endogámicas. Las exogámicas son aquellas que se realizan entre un miembro del Clan y un “extranjero” (esto tomado en el sentido territorial de la palabra, como todo aquel que no forme parte del mismo Clan); son las más frecuentes en la primera generación y actúan como formadores primigenios del entretejido del Clan. En las siguientes generaciones, la selección de los extranjeros se hace más estricta, debiéndose cumplir con ciertos parámetros de poder político y/o económico para ser aceptado.

Las endogámicas, en tanto, son las que se llevan a cabo dentro del mismo Clan. Las alianzas matrimoniales endogámicas también pueden ser, a su vez, subdivididas en cruzadas, paralelas y múltiples. Las cruzadas son las uniones que se realizan para unir diferentes generaciones -tío con sobrina-; las paralelas son las que unen miembros de la misma generación -primos hermanos, segundos, etc.-; y, finalmente, las múltiples son aquellas donde se celebran dos o más casamientos interclánicos en la misma fecha, o con escasa diferencia temporal. De todas ellas, las paralelas son las más frecuentes.

Si, como hemos visto, la Historia y la Sociología se han encargado de dar pruebas empíricas sobre la existencia del fenómeno, fueron la Sociología y las Ciencias Políticas las encargadas de posibilitar el cuerpo teórico necesario para este tipo de hipótesis.

- Aportes de las Ciencias Políticas y la Sociología

Max Weber planteó tres tipos de dominación: la burocrática, la patriarcal y la carismática. Si en un primer momento nos sentimos tentados a incluir a las relaciones informales de poder dentro del segundo tipo -debido a que su legitimidad descansa en la tradición y en la heredada de tiempos lejanos- no debemos olvidar que las asociaciones de

“pertenecientes a uno u otro de los tipos puros [...] son raras en extremo [...]
“Pero en general es válido lo siguiente: el fundamento de toda dominación, por consiguiente, de toda obediencia, es una creencia: creencia en el prestigio del que manda o de los que mandan”(41).

(41) Max Weber, “Economía y Sociedad”. FCE, México, 1944, tomo I, p. 276.

Pero si la figura de ejercer el poder puede estar sustentada de acuerdo a la creencia en su legitimidad, no debemos olvidar el papel preponderante que cumple el cuadro administrativo para llevar adelante la obra de gobierno.

“En todas las formas de dominación es vital, para el mantenimiento de la obediencia, el hecho de la existencia del cuadro administrativo y de su acción continua, dirigida a la realización e imposición de las ordenaciones.
“La existencia de esa acción es lo que se designa con la palabra organización”(42).

(42) Ibidem, p. 277.

En este sentido, los clanes familiares forman la organización que sustenta al líder salido de sus propias filas. Su legitimidad está dada por el prestigio que acumulan a través de las generaciones en el manejo de la res pública.

La organización señalada por Weber se encuentra claramente descrita en la teoría de las élites estudiada en la obra de Gaetano Mosca, quien explica que

“entre las tendencias y hechos constantes, que se encuentran en todos los organismos políticos, hay uno cuya evidencia puede ser fácilmente manifiesta a todos: en todas las sociedades, empezando por las más mediocremente desarrolladas y que han llegado apenas a los comienzos de la civilización, hasta las más cultas y fuertes, existen dos clases de personas: la de los gobernantes y la de los gobernados.
“La primera, que siempre es la menos numerosa, cumple todas las funciones políticas, monopoliza el poder y goza de las ventajas que lo acompañan, en tanto que la segunda, más numerosa, está dirigida y regida, de un modo más o menos legal o más o menos arbitrario y violento, por la primera, que le proporciona, por lo menos en apariencia, los medios materiales de subsistencia y los que se requieren para la vitalidad del organismo político”(43).

(43) Gaetano Mosca, “La clase política (extracto de ‘Elementos de Ciencia Política’)”, Selección y Notas de Norberto Bobbio. FCE, México, 1992, p. 106.

Sin embargo, será Vilfredo Pareto el encargado de denominar a la “clase política”, descrita por Mosca, como élite.

Estas clases representan una élite, una aristocracia (en su sentido etimológico: mejor)(44).

(44) Vilfredo Pareto, “Les systemes socialistes” - (“Sistemas socialistas”), París, 1902, p. 8.

En este punto es interesante tomar en cuenta que el autor denomina a la élite como “aristocracia”, a pesar que, unos años más tarde, otro autor difundirá el término “oligarquía” para referirse al mismo fenómeno, con una connotación evaluativa negativa.

En efecto, en su obra más famosa, Robert Michels acuña el término al enunciar la “ley de hierro de las oligarquías” según la cual

“la organización es la madre del predominio de los elegidos sobre los electores, de los mandatarios sobre los mandantes, de los delegados sobre los delegantes.
“Decir organización es lo mismo que decir oligarquía”(45).

(45) Robert Michels, “Los Partidos Políticos”. Amorrortu, Buenos Aires, 1996, tomo II, p. 189.

Por más opuesta que sea la relación entre organización y grupo de poder de Michels a la propuesta por Mosca -para Mosca, la organización es un instrumento para la formación de la minoría gobernante, en tanto que para Michels la misma organización es la que tiene como consecuencia la formación de un grupo oligárquico-, la obra de Michels constituye una confirmación histórica y empírica de la teoría elitista, y su comprobación en un campo específico como el de los partidos de masa, el demostrar la posibilidad de una aplicación más amplia de la misma, contribuyó a consolidar su éxito(46).

(46) Norberto Bobbio y otros, “Diccionario de Política”. Siglo XXI, Buenos Aires, 1991, tomo I, p. 521.

En Argentina se definió como oligarquía a la multifacética clase gobernante de la Generación del Ochenta, sobre todo a partir del aumento de su riqueza en corto tiempo y su ostentación desmedida.

“Tres puntos de vista se entrecruzan cuando se emprende un análisis del fenómeno oligárquico en la Argentina.
“La oligarquía es una clase social determinada por su capacidad de control económico; la oligarquía es un grupo político, en su origen representativo, que se corrompe por motivos diversos; la oligarquía es una clase gobernante, con espíritu de cuerpo y con conciencia de pertenecer a un estrato político superior, integrada por un tipo especifico de hombre político: el notable.
“Los significados contrapuestos asignados a la oligarquía están de acuerdo, en general, acerca del origen histórico del término que respondía a una actitud crítica, merced a la cual el rechazo del régimen del 80 valoraba los Gobiernos anteriores a Roca.
“La consolidación del régimen político, en efecto, no sólo coincidió con un desarrollo espectacular de los medios productivos; también trajo aparejada una secularización acentuada del clima moral, sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires, y una expresión, hasta entonces inédita, del lucimiento y del boato que (Thorstein) Veblen hubiera denominado consumo ostensible”(47).

(47) Natalio Botana, “El orden conservador (la política argentina entre 1880 y 1916”. Sudamericana, Buenos Aires, cuarta edición, 1994, p. 73.

Cuando Pareto dice que toma el término aristocracia “en su sentido etimológico”, hace referencia a la definición clásica aristotélica, según la cual se define de esa manera a una de las tres formas de gobierno recto “sea porque gobiernan los mejores (áristoi), o porque se propone lo mejor (ariston)”(48).

(48) Aristóteles, Política, 1279b. Centro de Estudios Constitucionales, Madrid, 1989, p. 80.

Justo es decir que, unos años más tarde, Pareto preferirá el término élite -como sinónimo de clase selecta-, al de aristocracia(49). Asimismo, diferencia la élite de gobierno de la de no gobierno.

(49) Vilfredo Pareto, “Forma y equilibrios sociales (extracto del Tratado de Sociología General”, en: Revista de Occidente, Madrid, 1966. p. 70.

En el presente escrito se adopta el término “élite o aristocracia” -en el sentido paretiano- como sinónimo de “clase selecta de gobierno”, en lugar de “oligarquía”, con la intención de despojarlo de todo tono peyorativo, que ha logrado esta última voz en manos de los “progresistas”.

Otro término del que se hace uso en el presente trabajo es el de casta, señalando con él a un "grupo social de poder", dejando de lado cualquier sentido despectivo que, desafortunadamente, pueda dársele. Casta es sinónimo de linaje, estirpe, abolengo, alcurnia. También se emplea el término tribu polìtica. Este es más discutible. 

¿Qué se pretende significar con el término tribu polìtica? 1.- Que, si no querían que pertenezcas a una tribu, no se tenía cabida. De esto se infiere que el manejo de un partido tiene raíces totalitarias. El ejemplo, visto más arriba, del denomiando "caso Sosa", es un ejemplo; y 2.- Los cargos superiores partidarios dependen de la cúpula de la tribu, de ahí la impunidad y la protección de la inmoralidad otorgada desde el núcleo partidario. Es un comportamiento, básicamente, indecente.

Finalmente, cabe agregar que una de las críticas que puede hacérsele a Pareto es que concluye, sin mayor explicación, que

“las aristocracias no duran. Por las razones que sea, es incontrastable que, al cabo de un cierto tiempo desaparecen. La historia es un cementerio de aristocracias [...].
“La población de los Estados europeos ha crecido enormemente desde hace varios siglos; es un hecho cierto, muy cierto, que las aristocracias no han crecido en proporción”(50).

(50) Ibidem, p. 71.

Si bien es cierto que no han crecido en número proporcional al resto de la población, puede comprobarse, documentalmente, que la mayoría de los actuales miembros de la nobleza titulada europea, descienden de aquellos que iniciaron el linaje hace varios siglos. De hecho, su no crecimiento proporcional, refuerza su carácter de élite, que se nutre de los elementos destacados de los estratos inferiores y, a la vez, desecha a sus miembros que caen en desgracia (ya sea por pérdida de la riqueza o por matrimonio desigual). Es aquí donde la circulación de dichas élites se convierte en fundamental para la supervivencia de ellas mismas.

Gracias a la circulación de las clases selectas, la clase selecta de gobierno está en un estado de continua y lenta transformación, fluye como un río, y la de hoy es distinta de la de ayer. De vez en cuando se observan repentinas y violentas perturbaciones, como podrían serlo las inundaciones de un río, y, después, la nueva clase selecta de gobierno vuelve a modificarse lentamente: el río, vuelto a su cauce, fluye de nuevo regularmente(51).

(51) Ibidem, p. 75.

En este trabajo se comprobará empíricamente esta circulación en el caso correntino en los cuales -para los años 1870- casi una decena de clanes familiares, miembros de la élite provincial, se disputarán el poder.

Las formas de ascenso del primero del clan serán variadas. De acuerdo a la época, utilizará el mérito, la fuerza, la astucia o la riqueza -en la mayoría de los casos, los cuatro métodos combinados- para ser aceptado como miembro del selecto grupo.

Si en algo son iguales todos los iniciadores de los clanes, es que han resaltado sobremanera en la sociedad en que actuaban, logrando adquirir un prestigio tal, dentro de la comunidad, que pudieron pasarlo inalterado a algunos de sus descendientes.

Siguiendo a Mosca, se puede afirmar -sin duda- que esto no se produce por un factor sobrenatural -aunque muchos autores tales como Joseph Arthur, conde de Gobineau, y Ludwig Gumplowicz, estudiaron esa posibilidad racial y cuasidivina de superioridad- sino porque

“todas las clases políticas tienen la tendencia a volverse hereditarias, si no de derecho, al menos de hecho. Así, todas las fuerzas políticas poseen esa cualidad que, en Física, se llama fuerza de inercia; esto es, la tendencia a permanecer en el punto y en el estado en el que se encuentran.
“El valor militar y la riqueza se conservan fácilmente en ciertas familias por tradición moral y por efecto de la herencia. Y la práctica de los grandes cargos, el hábito y casi todas las aptitudes para los negocios de importancia, se adquieren mucho más fácilmente cuando se ha tenido con ellos cierta familiaridad desde pequeños”.

Como se puede observar, la piedra angular del tema es la gubernamentabilidad. Esta -explica Michel Foucault(52)- debe ser entendida como el conjunto práctico de estrategias discursivas, que pone en juego el gobierno, para ejercer su poder a través de un conjunto de saberes especializados. Foucault ve el Gobierno como una forma técnica general que incluye desde el propio autocontrol hasta el control de las poblaciones.

(52) Paul-Michel Foucault (1926-1984), fue un filósofo, historiador, sociólogo y psicólogo francés. Fue profesor en varias universidades francesas y estadounidenses y catedrático de Historia de los sistemas de pensamiento en el Collège de France (1970-1984), en reemplazo de la cátedra de Historia del pensamiento filosófico, que ocupó hasta su muerte Jean Hyppolite. El 12 de abril de 1970, la asamblea general de profesores del Collège de France eligió a Michel Foucault, que por entonces tenía 43 años, como titular de la nueva cátedra. Su trabajo ha influido en importantes personalidades de las ciencias sociales y las humanidades. Foucault es conocido principalmente por sus estudios críticos de las instituciones sociales, en especial la psiquiatría, la medicina, las ciencias humanas, el sistema de prisiones, así como por su trabajo sobre la historia de la sexualidad humana. Sus análisis sobre el poder y las relaciones entre poder, conocimiento y discurso han sido ampliamente debatidos.

Gubernamentalidad hace referencia a una economía específica de poder. Hace referencia a una sociedad donde el poder es descentralizado y donde sus miembros juegan un rol activo en su propio autogobierno. Debido a este rol activo, los individuos necesitan ser regulados desde adentro.

La sociedad está basada en distintas esferas institucionales (familia, escuela, prisión...), y cada esfera sigue una lógica propia de gobierno que genera un cierto conocimiento sobre los sujetos. El conocimiento producido, permite gobernar cómo los individuos se comportarán en ciertos contextos desde el interior del sujeto, desde el sujeto mismo.

Bajo este aspecto, la realidad correntina de los años 1870 no será una excepción ya que, desde el siglo XVIII, clanes familiares -miembros de la élite provincial- se disputarán el poder y sostendrán un predominio sostenido sobre la gran mayoría de la población. Si bien considero que es un mito decir que en Corrientes no existieron caudillos como en otras provincias, la realidad parece mostrar lo contrario: la historia de la Provincia se caracteriza por una sucesión de hombres de poder cuya influencia será de tal magnitud que les permitirá llegar al interior del alma del pueblo, marcando su sello en cada uno de los individuos.

Las Ciencias Políticas, la Sociología y la Historiografía aportarán material valioso e imprescindible, pero ninguna de estas ciencias explicará el fenómeno de cómo se construye hegemonía en Corrientes. Si bien cada una de las vertientes de conocimiento abordadas intentan dar interpretaciones, ninguna de ellas llega al meollo del problema, al centro de una realidad que no encuentra explicación satisfactoria. Considero que la Filosofía podría ser la vía de una explicación que nos acerque al centro de la cuestión.

Seamos contrafácticos y pensemos en una Corrientes igualitaria, con bienestar social y económico para cada uno de sus habitantes. ¿Por qué esto no sucedió de esta manera?, más teniendo en cuenta que la naturaleza ha sido pródiga en riquezas proporcionadas por el suelo, las fuentes de agua, por el clima. Nada “externo”, al proceso político-social, afectó la evolución social y económica de Corrientes.

Por eso, el presente trabajo pretende ser una investigación no sólo historiográfica sobre las diferentes estrategias de gobierno que -por momentos- cristalizaron en líneas de gubernamentalidad, las cuales permitieron la construcción de una hegemonía inestable en el territorio de Corrientes durante toda su historia.

Corrientes se nos presenta como un objeto a conocer, a indagar en términos de la trama de conflictividad y las disputas de poder que efectivizarán ciertas formas de dominio social. Desde esta perspectiva, las relaciones de poder que operan y operaron en el territorio de Corrientes se convertirán entonces en una incógnita desde nuestro marco de investigación, anclado (en varios de sus tramos) en los trabajos de Karl Marx y Friedrich Engels -por una parte-, y por pensadores como el citado Michel Foucault, que se ubican en el campo de la crítica social.

Cabe aclarar que no se trata tan sólo de pensar cuál es la estructura social de clases y sus enfrentamientos; se trata de pensar la particularidad de los ejercicios de poder que realizaron agentes concretos de la historia correntina, para que dicha formación social haya asumido ciertos rasgos y no otros.

Por lo tanto, no partimos de la creencia de Corrientes como algo ya “dado”, sino como un territorio social que emerge en las luchas y en los ejercicios de poder. La pregunta que inspira esta investigación es pensar cómo se construyeron los niveles de hegemonía política y este camino nos lleva a observar las estrategias de poder que permitieron gobernar el territorio a partir de la innovación de las prácticas de poder.

La Provincia de Corrientes está atravesada por una lógica social donde ciertas fracciones de la burguesía ganadera rural y de la burguesía comercial urbana se fundieron en partidos “tradicionales”, que se han apropiado -de manera sostenida- de la Administración de las instituciones estatales como una instancia más de “gobierno” del territorio.

En dicha tradición política, la emergencia de ciertas figuras fetichizadas se presentó como una ruptura con antiguas estrategias de gobierno del territorio, al tiempo que se obturaban y desplegaban nuevos modos de construcción de hegemonía. Este proceso de desplazamiento y rearticulación de las relaciones sociales, que tuvo lugar en el territorio de Corrientes a través de su historia, será analizado en el presente trabajo en términos de las estrategias de poder que se ejercieron a partir de intereses y objetivos particulares en un momento histórico dado.

Tomando ciertas lecturas de Foucault sobre gubernamentabilidad, nos proponemos, entonces, intentar captar la racionalidad específica que permitió la construcción de hegemonía en la Provincia de Corrientes y, en particular, en estos tiempos de confusión y guerra civil de los años 1877-80. Entendemos que este trabajo avanza en una línea que busca dar cuenta de la complejidad de las relaciones sociales, donde ciertos regímenes de acumulación asumen rasgos propios a partir de las múltiples lógicas de poder que lo tensionan.

Lejos de una mirada que considera que existe algo así como una esencia del correntino, esta investigación se sustenta en un análisis material de las múltiples relaciones sociales de poder que conforman su estructura social y los procesos de subjetivación que se imbrican a la misma. Esta investigación se orienta, específicamente, a explicar cómo se construyó hegemonía a partir de formas específicas de poder, en una particular formación social como la correntina.

Las preguntas que motivan el trabajo son muchas, pero todas parten del concepto que no hay poder sin una narrativa que justifique o naturalice ese poder. De la misma forma no hay élites y no hay desigualdad sin una historia, sin un relato, sin un cuento, una narrativa que justifique la existencia de esas élites.

En general, las élites se construyen a través de perspectivas, ocupando las posiciones más altas de la sociedad y apoyadas en un discurso de naturalización de su situación natural, que imponen que las élites manden y que las élites tengan acceso a la riqueza, al prestigio.

Es muy importante hacernos preguntas sobre, ¿por qué las élites son élites? y, ¿por qué la desigualdad es desigualdad? Es decir, ¿cuáles son las causas que hacen que las élites estén en esa posición y que el resto de la sociedad tenga que padecer un conjunto de desigualdades que, en muchos casos, amenaza hasta la propia existencia de determinados sectores de la sociedad?

Hay un relato que justifica la existencia de estas élites, y es un relato que tiene que cumplir con unos requisitos muy importantes:

- Tiene que ser un relato verosímil, es decir, un relato creíble que, al mismo tiempo, convenza que las élites tienen que seguir siendo élites; y

- que la desigualdad es así, porque es natural que sea así.

Y tiene que incorporar de cierta forma a este relato naturalizador, en una posición -por supuesto- siempre subordinada. Y, lo que importa realmente, es que este relato permita que incluso las víctimas de este orden que propone el sistema, puedan apoyarlo. En pocas palabras: los individuos están siendo regulados desde adentro.

El pensamiento de gubernamentabilidad correntino no es propio del lugar. Es la copia de un pensamiento global que, actualmente, es no sólo una doctrina económica sino también una idea de cómo tiene que ser nuestro mundo. Basado en dos ideas fundamentales:

- la primera, es el odio a la igualdad; por eso el sistema se basa en la desigualdad;

- y, la segunda, es el desprecio por la política.

En definitiva, lo importante es que hay que hacer preguntas correctas partiendo de las situaciones de desigualdad que la mayoría -de quienes componen la sociedad correntina- la padece.

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